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Ahora se habla a nivel de determinados círculos internacionales sobre cómo alcanzar una negociación seria y responsable que le ponga fin a la grave crisis venezolana que cada día nos acerca más y más a la más temible de todas las confrontaciones, como lo es una guerra civil. En ese orden de ideas, corren paralelas dos tesis: 1) Negociar con Raúl Castro el cuanto nos irá a costar en dinero que saque sus manos de Venezuela; y 2) Garantizarle a Nicolás Maduro y a una cincuentena de sus más íntimos cómplices y su familia, la impunidad.

En el primer caso se trata de ver cuáles serían las exigencias del dictador cubano: ¿Condonarle la inmensa deuda contraída con Venezuela o querrá además de eso una “compensación por los daños y perjuicios”, habida cuenta de que dejará de percibir petróleo y dólares para mantener a su isla? Como se puede apreciar, esto es algo altamente inmoral y vergonzante. En cuanto a la segunda cuestión, vale decir, sacrificar la justicia por impunidad, es aún más inmoral e injusto: Perdonarle a Maduro y sus cómplices el que se hayan enriquecido de manera obscena de la noche a la mañana con el dinero del Tesoro Nacional, robando a mansalva y cometiendo graves crímenes de lesa humanidad e incontables abusos de poder, humilla a todo venezolano decente.

Ambas situaciones son difíciles de aceptar y de digerir, pero lamentablemente es la única manera pacífica de salir de la crisis. Sería un mal menor comparado con la confrontación entre hermanos venezolanos con saldo de hasta cien, doscientos o más de miles de muertos y las ciudades del país destruidas. El odio que deja la guerra civil requiere de decenios para que se diluya. Basta recordar la actual guerra civil en Siria que lleva más de 500 mil muertos y varios millones de refugiados que viven a la intemperie en inviernos severos con frio bajo cero. También el genocidio entre tutis y hutues en Uganda, la terrible carnicería de Bosnia y Kosovo, entre otras decenas más. Una guerra civil es peor que cinco guerras internacionales a la vez.

En lo que se refiere a la Cuba castro-comunista, la terrible verdad es que nos han invadido. Hugo Chávez se dejó engatusar por Fidel y el cubano lo invadió con centenares de miles de “asesores”, que no son más que milicianos venidos a controlar a la presa que le manda petróleo y dólares en efectivo todos los meses desde hace 18 años. Según Alfredo Michelena, un diplomático venezolano bastante reconocido: “Lo de cubazuela no es un mito. Existe. No vía integración tipo la extinta Yugoslavia, o una federación de estado, ni siquiera una unión tipo europea. Es una colonización ideológico-política con una invasión limitada que en hombres puede rondar los 80 o 100.000 individuos.

Es la triste realidad: Estamos en manos de Raúl Castro y el comunismo. Con ellos es que tenemos que negociar.

 

Abogado

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