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La palabra paz proviene del latín pax (pacis), que significa “acuerdo”, “pacto”. La paz está asociada con un estado de quietud o de tranquilidad. A nivel internacional está referido a la ausencia de guerras. En el entorno personal y social, la paz es considerada como un estado ideal en el que la armonía y el equilibrio se anteponen a los conflictos y diferencias naturales entre seres humanos.

En estos últimos tiempos, la paz es una palabra que se escucha insistentemente en todos los confines de Venezuela. Queremos vivir en paz, anhelamos la llegada de la sana convivencia y la armonía que nos permita salir airosos de esta pesadilla. El régimen pretende mantener la paz a través de la fuerza y la imposición de un proyecto de constituyente rechazado por la inmensa mayoría de los ciudadanos. La búsqueda de la paz sin libertad, es sumisión; es el silencio de los camposantos, donde la vida no tiene sentido, pues, la muerte es su rasgo más dantesco. Esa paz atenta contra la dignidad humana y la libertad; nos convierte en siervos y esclavos de una minoría que usa y abusa del poder para defender sus intereses particulares, olvidando que “la política es la virtud más excelsa de la caridad” o del servicio a los ciudadanos.

La otra parte del país, conformada por todos los que nos oponemos a la tiranía, representada por más del 80% de la población, está luchando para alcanzar la paz a través de mecanismos pacíficos y constitucionales. Después de más de 90 días de protestas ininterrumpidas, la gente se pregunta con razón, ¿cuándo será el fin de esta pesadilla? Colocar una fecha o un escenario definitivo, sería irresponsable de mi parte. De momento, el país sigue destruyéndose, la pobreza crece a pasos  agigantados y peligrosos, y la libertad está secuestrada por una élite que perdió la capacidad de gobernar. Frente a la incertidumbre de visualizar un futuro mejor y la impotencia de revertir el dramático presente, debemos pensar qué otra cosa necesitamos hacer para salir de esta pavorosa crisis.

Considero que la negociación es un elemento en el que debemos pensar con seriedad y serenidad, a pesar de las contrariedades que pueda generar tanto en sectores de la oposición como del régimen. Frente a este escenario, muchos se preguntarán,  ¿quiénes van a negociar?, ¿qué van a negociar?, ¿qué vamos a ganar y qué vamos a perder con la negociación? Preguntas muy difíciles de responder, pero no por eso debemos obviarlas. Creo que es momento que los dirigentes asuman una posición estratégica, responsable y de largo alcance que nos permita iniciar el tránsito hacia la institucionalización democrática y nos garantice un proceso de gobernabilidad en el futuro inmediato, a fin de contar con condiciones mínimas que coadyuven con la reconstrucción política, económica, social y ética de la República.

No pretendo erigirme como un consultor político capaz de armar el rompecabezas de la crisis nacional, presentando las soluciones del conflicto. Mi humilde intención es llamar la atención sobre un tema que, como la negociación, debe estar en la mente de nuestros dirigentes, afinando los detalles para hacerla viable e impedir así más derramamiento de sangre inocente y la posibilidad de convertirnos realmente en la nueva Haití de América Latina.

¿Quiénes van a negociar? Desde luego que la oposición representada en la MUD y el régimen de Nicolás Maduro, acompañados de unos facilitadores internacionales con experiencia política, credibilidad ética y capacidad para una mediación que coloque en primer lugar los intereses de los venezolanos, antes que los de una parcialidad. Dentro de la oposición, es vital asumir una posición unitaria e incluyente al respecto. La MUD debe representar la opinión y el espíritu mayoritario de la nación, enseñando pedagógicamente los alcances de la misma. Marchar en perfecta unidad en el proceso de negociación, es un elemento invalorable y prioritario para la oposición. En el caso del régimen, actualmente dividido en diversas facciones, es fundamental identificar quién detenta el verdadero poder dentro del gobierno, teniendo muy claro que los militares son un estamento que juega un papel preponderante en el presente y en el devenir de la República. Ellos deben estar presentes en cualquier proceso de negociación.

De igual manera, la inclusión del chavismo disidente es una tarea inaplazable, algunos de sus representantes están levantando su voz para la defensa de la democracia y la constitución. Los que conocen y practican la política en mayúscula, deben tener más información sobre quiénes forman parte del grupo oficialista con el que debe negociarse; con aquellos que, a pesar de las presiones y amenazas del régimen, les quede un poco de dignidad y racionalidad para dar un paso adelante que beneficie a todo un país, inclusive parte de los intereses que defienden.

¿Qué se va a negociar? Un gobierno de transición que, a mediano y largo plazo, garantice la normalidad institucional y el rescate de la democracia. La transitoriedad supondría un gobierno de coalición que convoque elecciones generales, con normas claras y equitativas que permita la participación tanto de los factores democráticos como aquellos que forman parte del ideario chavista. Nadie querrá negociar a costa de su liquidación absoluta en el escenario político nacional. Estoy convencido que parte del chavismo quiere seguir siendo oposición democrática y este aspecto debe evaluarse con profunda racionalidad. Aquí no se trata de establecer un sistema de impunidad para quienes han cometido delitos atroces contra el país. Pero si es importante dejar una ventana abierta, porque la negociación es un proceso con el que podemos ganar mucho a cambio de perder –o ceder- algo. Pensar en ganar todo, sin perder absolutamente nada, es un escenario que difícilmente pueda materializarse en las circunstancias que actualmente estamos viviendo, sobre todo si consideramos los “pecados” inéditos que carcomieron el alma de los principales dirigentes de la revolución.

La pregunta que deberíamos hacernos es la siguiente: ¿qué queremos los venezolanos: que nos devuelvan el país para que unidos podamos reconstruirlo; o, permitir que sigan destruyendo a Venezuela, el futuro y las esperanzas de vivir en una nación libre, democrática y próspera? Estoy convencido que la respuesta mayoritaria está en la primera parte de la pregunta. Y, si para alcanzar ese propósito debemos ceder algo, vamos hacerlo antes de que sea tarde. Porque, en aras de lograr la estabilidad política que garantice la gobernabilidad en el futuro inmediato, es necesario practicar la reconciliación para frenar el odio y la sed de venganza que se ha apoderado en venezolanos de ambos bandos.

Entiendo que la justicia nos ayuda a cerrar las heridas y alivia tanto dolor, pero también debemos pensar que tenemos derecho a vivir a plenitud aprovechando las extraordinarias oportunidades que aún Venezuela puede ofrecernos. El otro escenario es el de la violencia magnificada que tendría como desenlace una guerra civil, porque no fuimos capaces de ponernos de acuerdo y lograr un acuerdo que efectivamente nos devuelva una paz sinónimo de vida, libertad y progreso.

 

@EfrainRincon17|Profesor titular de LUZ

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