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Era bien entrada la tarde, Nicolás Maduro se dirige a sus seguidores en una concentración chavista cada día menos concurrida. Antes, como suele ocurrir desde que Chávez murió, se encierra en una suerte de capillita que tiene allí mismo en el vestier de Cilia, a orarle a Chávez, con la esperanza que se le vuelva aparecer travestido de Mimus gilvis, lo que no podía ser de otra manera, pues ese es el nombre científico de la Paraulata llanera, que canta hasta de madrugada, pero cuando lo hace por la tarde ganas de llorar da.

Ernesto Villegas le hace señas con timidez, pues es harto conocido que Maduro pierde con facilidad la concentración y comienza a decir disparates de todos los colores. Aun así, a pesar de los cuidadosos mimos que le envía Ernesto, Maduro lo mal interpreta, cree que Ernesto le dice “Maduro dale duro” y es cuando dice aquella vaina que deja paralizado al país: “y si por alguna vaina no ganamos por los votos nos impondremos por las armas”, les confieso que yo casi me orino, pues en estos días en las que se han producido 80 muertes, de los cuales, 12 han sido niños asesinados de la manera más cruel (un verdadero infanticidio) revelan a Maduro como el más torvo y ruin de los dictadores que han dirigido a esta tierra de gracia desde los lejanos días de los Monagas.

Cuando al fin entendió lo que Ernesto le dijo, su cara atiborrada de ojeras que le cogían media cara llegándole hasta el bigote, puso cara de circunstancia, pues Ernesto Villegas vino a participarle que un helicóptero está dando un golpe de estado  (ninguna sorpresa pues el disparate se lo participaba el ministro que mientras Chávez agonizaba en una cama cubana, el lo ponía a jugar bolas criollas). Maduro esbozó una sonrisa, el plan estaba funcionando, pero todo salió mal, nadie lo creyó y hoy solo hay un tuiter del protagonista de la chapuza que dice: “hasta la vista baby… Volveré”. El sobresalto de la amenaza de Maduro nos quedó en la piel y el vuelo del helicóptero ya se nos olvidó.

Casi al mismo tiempo, un militar de apellido Lugo se erigió en una de las voces más oscuras del régimen. Para nada es sorpresa, pues, este régimen en dieciocho o veinte años, hace tanto tiempo ya, ha mostrado lo peor de las más oscuras supersticiones hasta la reinvención cómica, ridícula, pero eso sí, asesina del peor de los fascismo marca “Tropical”, pues bien, Lugo, el coronel “tira coñazos” había preparado la escena para enredar a Julio Borges en la madeja de “allí están los escuálidos, los violentos, los fascistas”, solo que Borges, no cayó en la trampa que estaba siendo grabada y prefirió que los más radicales opositores que siempre han entendido la política como una actividad que se hace con los cojones y que prefieren las vereditas de los golpes y los coñazos militares le endilgaran el mote de cobarde. Ese fue el otro sobresalto del día más raro de lo que iba de semana, habíamos conocido a Lugo y con él, seguramente, la naturaleza autoritaria y genéticamente dictatorial de la cúpula militar venezolana. Probablemente el sea la personificación de lo que Giordani anunció como el “Pinochet bolivariano”, este último calificativo para terminar de joder la figura de Bolívar.

 

@RojasyArenas

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