Nicolás, permíteme tutearte y acortar las distancias que imponen la jerga ceremonial del poder, te llamaré por tu nombre a secas, Nicolás. Pana, tienes en tus manos, y no por mucho tiempo, las posibilidades de un traspaso acordado del poder que le abra a nuestra patria caminos de dignidad, en otras palaras­; la concreción progresiva de los derechos sociales, políticos y económicos, consagrados en nuestra constitución. Esa que aquel que murió llamó la bicha y yo prefiero llamar la jefa.

Cada día, como decía una vieja canción, el cariño del pueblo se te va como agua entre los dedos. El rechazo bien merecido a tu gestión se acerca al noventa por ciento de los venezolanos, los mismos que hoy adversan categóricamente tu propuesta para quedarte en el poder que has llamado constituyente y que a todas luces es un fraude. Al no consultar al poder soberano, o sea el poder constituyente, se viola claramente el principio zapatista de una verdadera democracia “el pueblo manda y el gobierno obedece”.  

Con tus pésimas decisiones políticas y gubernamentales te llevas además por los cachos lo que hasta ahora fue tu mayor fortaleza: la imagen de Hugo Chávez. Ya vienen cayendo sus estatuas y con ellas los símbolos y valores que sostuvieron al Régimen, y digo sostuvieron porque hoy y bien lo sabes, se soporta sobre las bayonetas.  Ya no es el reivindicado discurso emancipador y la narrativa de una nueva sociedad que aceitada con el derroche petrolero erigieron la hegemonía roja en estas casi dos décadas. Hoy te sostiene una brutal represión y el uso abusivo del poder para conculcar los derechos políticos, entre estos, el de elegir.

Nicolás, en el peor de tus momentos, cuando la sensatez y el código de sobrevivencia política indicaban que el camino era la búsqueda de una negociación, preferiste huir hacia adelante, tumbándolo todo. Como kamikaze arriesgas tu vida política, pero sin honor, porque en esa apuesta has echado a correr en nuestras calles la sangre de muchos venezolanos, especialmente, nuestros consentidos, los chamos, que ofrendan sus vidas y en medio del dolor de su muerte, hacen sentirnos orgullosos de la estirpe libertaria a la que pertenecemos.

Nicolás, es momento de salir del callejón fratricida en el que te metiste. En verdad, no me gustaría verte cometiendo genocidio sobre miles de compatriotas, porque hacia allá te encaminan las decisiones que te esperan si persistes en desconocer las vías pacíficas y constitucionales.

O es que de verdad ¿crees poder imponer la canalla constituyente y que este pueblo te la va a aceptar así nada más?  Tu propuesta incendia al país! Por lo tanto, no es para la paz como tú dices, a menos que te refieras a la paz de los sepulcros, porque este pueblo prefiere morir antes de aceptar la ignominiosa constituyente que con tus milicos pretendes imponer a la patria.

De pana, déjame decirte una vaina, esa repulsiva constituyente no va, solo nos traerá mayor violencia y muerte. Ella en si es violenta y convoca a la violencia. Déjame usar una frase del cantor del pueblo para decirte que esa constituyente “No pasará, se atollará en el barro hermoso de la dignidad, no pasará”.

Es que aquí, aunque nos encanta el guaguancó y leemos a Martí, jamás aceptaremos un Régimen a la cubana, ni que lo presida Juana, aquella merenguera de canto sensual y caderas voluptuosas.

Si me permites una “ayudaita” te recuerdo que lideres autoritarios en situaciones como la tuya, que han persistido por la vía violenta en la permanencia del poder desconociendo el clamor popular, han salido unos con las manos en la nuca, otros con los pies para adelante y los más racionales han negociado la entrega del coroto reduciendo su costo de salida. Yo te recomiendo esta tercera opción. Renuncia a tu burda propuesta constituyente y hablamos, seguramente sales con un boleto sin retorno para Cuba, que malo no es, pues te irías al mar de la felicidad.

 

@johelsalas|Trabajador Social

Presidente en el Zulia del Partido Unión y Entendimiento (PUENTE)

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