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Escribo este artículo, pensando en la tristeza que causa a la Venezuela emergente de jóvenes, adolescentes, trabajadores, intelectuales, artistas, a la dirigencia política y en general a la sociedad civil la situación actual y el futuro próximo.

Décadas atrás, se pensó en ambiciones, en ideales de justicia, libertad y de transformación social para liberarse del yugo imperial de cualquiera de los bloques de países de izquierda o de derecha.

En ese contexto, los proyectos  que audazmente se trazaron los más grandes revolucionarios del pensamiento socialcristiano y socialdemócrata del siglo XX, ejecutores de proyectos más esperanzados, no pudieron realizarlos, menos aún este pérfido régimen mentiroso, dictatorial.

Después de la democracia instituida tras el 23 de enero de 1958, las visiones y aspiraciones de quienes posibilitaron esos hechos oculta, hasta nuestros días, muchos anhelos de un pueblo que pensó en los mejores ideales democráticos para relanzar al país hacia una verdadera transformación socio-económica.

Lo intentaron con Hugo Chávez pero la gente no se dio cuenta que el hombre se montó en una gran mentira. Hoy, el camino trazado por quienes detentan el poder es otro distingo: convertir a Venezuela y a los venezolanos en un país miserable y de miserables.

No podrán. El pueblo lo evitará a cualquier costo.

El derrocamiento de Pérez Jiménez en 1958 abrió la posibilidad de convertirnos en una nación desarrollada y después de 40 años, ese modelo socio-político y económico fue truncado por un grupo de militares ambiciosos y por la debilidad de los partidos políticos en dar respuesta a los problemas del país.

Pareciera paradójico, pero desde los últimos 18 años el país tiene la misma visión de libertad, de igualdad, de justicia social acompañado de acciones de cambio, de transformación, de desarrollo, con un valor agregado: el descenso de la renta petrolera y el avance de las nuevas tecnologías de comunicación e información al servicio de la toma de decisiones en la gestión pública.

Pero el poder en Venezuela se ha convertido en un medio para satisfacer intereses personales y de partidos políticos, dejando atrás los nobles ideales del ejercicio político, tal como lo dijera en su época Martín Luther King.

El régimen se aferra al poder a cualquier costo, así sea el derramamiento de sangre. No podrá y próximamente cederá ante la presión popular.

En este marco, es inaceptable la convocatoria de una constituyente comunal militar que viola flagrantemente la Constitución Bolivariana de Venezuela pero que, más allá, conspira con los ideales y anhelos de los venezolanos.

Asumir esta Constituyente sería decretar el fin de las esperanzas trazadas desde décadas atrás que se mantienen vigentes y las cuales se frustraron con este régimen que nos gobierna a fuego y plomo desde hace 18 años.

 

@joaquinchaparro

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