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La agricultura venezolana este año está inexorablemente condenada a perder los logros alcanzados por décadas con tanto esfuerzo por nuestros productores. Particularmente el caso del cultivo de las hortalizas, raíces y tubérculos, caracterizada por ser una agricultura familiar de pequeña escala, 60 a 70 % son pequeños a medianos productores,  se estima que ha visto descender su producción en un 60 %. Este sector, soporte económico casi exclusivo de pueblos enteros de nuestra geografía, está atravesando una profunda crisis que ha llevado a productores de algunas de estas regiones a realizar manifestaciones de calle.

En el presente año todo indica que la superficie de hortalizas continuará descendiendo pese a las advertencias de Fedeagro. Debido a la falta de agroinsumos e inseguridad, en la región de Los Andes, la superficie de siembra disminuyo en el 2016 un 75%. En el eje Guárico – Sur de Aragua, zona productora de cebolla y tomate, el área sembrada descendió un 90 por ciento. Lastimosamente, Wilmar Castro Soteldo, MPPAT, y Agropatria, tienda estatal que monopoliza la venta de agroinsumos, han hecho caso omiso a los reclamos, y continúan sin dar soluciones a este sector. Hay regiones enteras dedicadas a estos rubros que no han recibido un saco de fertilizantes en seis meses, incluso, el uso de sus tractores y maquinarias, así como el transporte de sus cosechas a los mercados está paralizado por no contar con el suministro de combustibles.

Para establecer las 230 mil hectáreas necesarias para cubrir la demanda interna de hortalizas se requieren  aproximadamente 600 mil kilogramos de semillas, de las cuales al principio de año, el inventario existente se calculaba que permite cubrir solo alrededor de 10 mil hectáreas. Los productores aún dedicados a la siembra de estos rubros, están apelando al mercado informal de semillas, vendida a precios especulativos que disparan los costos de producción.

En el caso de la zanahoria, existen zonas productoras en las cuales Agropatria no les surte la semilla desde hace ya dos años, esto ha generado que en el último semestre no se sembró esta raíz en algunas regiones. Sólo para la adquisición de la semilla, un agricultor necesitaría invertir 1.2 millones de bolívares para una hectárea, en el mercado informal.

La papa, en el 2016 vio caer su producción en un 70 %. Sus productores, llevan dos años sin tener acceso a la semilla importada que por convenio gobierno – asociaciones era traída de Canadá. Aun cuando el agricultor tiene la opción de obtener la semilla de sus cosechas para los siguientes ciclos, esta permite menores rendimientos y baja rentabilidad. Otra opción es la compra en el mercado informal de semilla ingresada de Colombia, pero un saco de 40 kilogramos, se vende sobre los 130 mil bolívares, haciendo poco rentable su siembra.

Quienes se hacen llamar el “gobierno de los pobres”, supuestos “defensores del conuco”, irónicamente, hoy condenan a muerte al sistema hortícola venezolano, la actividad agrícola que por siglos ha sido el soporte económico exclusivo, de miles de pequeños productores y sus familias en diversos rincones de nuestras zonas rurales, que llego a aportar un 9% del valor del sector agrícola vegetal nacional.

 

@wernergutierrez|Ingeniero agrónomo|Ex decano de la Facultad de Agronomía de LUZ

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