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Desde hace casi dos meses  los venezolanos hemos experimentado lo interminable de una noche; el amanecer de cada uno de estos últimos 50 y tantos días, nos ha traído noticias que son en realidad un parte de guerra, una que aún no ha sido declarada. El país se debate entre la opresión y la libertad. La misma cantidad de muertos, quizás uno más después de la noche de ayer,  es prueba contundente que  este proceso es irreversible y su objetivo es uno solo:   salir de Maduro, su combo y los locos y cerrar un ciclo “oscuro” de nuestra historia, el de la mal llamada revolución y absurdamente etiquetada de bonita.

Por espacio de varios años, sobre todo después de 2014, guarimberos y partidos opositores  formaban una especie de aceite y agua. Dos caminos para salir de la crisis surgieron de los hechos que vivimos hace tres años. Por un lado, el institucional, sustentado por los partidos opositores, reunidos en la MUD y por el otro, La Resistencia, clandestina o no, sustentada en un ideal : este gobierno no sale por las buenas. Según la realidad mediática, Voluntad Popular servía como vaso comunicante entre una y otra brecha operativa de todas aquellas fuerzas opositoras y opuestas a Maduro, su combo y los locos.

Aunado a todo el clima político que surgió desde entonces, la realidad económica comenzó a mostrarle sus garras al régimen y los desaciertos en esta materia, antes, durante y  después de Maduro, enrumbaron a grupos identificados originalmente con el gobierno, especialmente con el anterior liderazgo de Hugo Chávez, algunos ex ministro entre ellos, a pedir al actual inquilino de Miraflores su dimisión o convocar a elecciones generales para hallar una solución democrática al problema. El gobierno era, ante los ojos de propios y extraños, incompetente e incapaz.

Luego de previos acuerdos y de la experiencia de 2014, las dos tendencias opositoras coincidieron en darle una oportunidad al voto, fue así como en diciembre de 2015, el régimen sufrió una derrota de la que jamás se recuperaría, ni lo hará. La oposición asume el poder legislativo en 2016 y todo parecía preparar el camino hacia la solución pacífica y democrática del problema. Lamentablemente el régimen prefirió mantenerse en el poder a la fuerza y se valió de cada artimaña para evitar o truncar todas y cada una de las salidas electorales que se planificaron. En este mismo periodo de tres años, uno de los sectores más involucrados en la realidad venezolana, el militar, vivió y aún lo hace, situaciones muy difíciles, entre ellas deserciones y solicitudes de baja como nunca antes. Ante tal situación, y siendo tan evidente, Maduro recurre, según los expertos, a sostenerse sobre tres fuerzas operativas específicas: la GNB, la PNB y los colectivos, estos últimos, de acuerdo al testimonio de analistas políticos,  pequeñas bandas armadas que el propio régimen dotó y preparó para “defender a la revolución”. Sin embargo, persisten las dudas de lo que ocurre dentro de las FFAA.

Ante lo sucedido desde enero de 2016, cuando se instala la nueva Asamblea Nacional, y la insistencia del régimen de no ceder un ápice de espacio a cualquier solución electoral, la resistencia decidió actuar. El gobierno estaba preparado, el secuestro y posterior retención ilegal del general Vivas, a quien se reconoció mediáticamente como el líder de la Resistencia, certifica que todo estuvo debidamente planificado. Hemos asegurado, en más de una ocasión, que el caos y la promoción de una situación de anarquía, es para este régimen casi una política de estado para sostener el proceso. Otra de las cosas importantes develadas durante estos amargos días, es el temor de un Golpe de Estado. Algunos, otrora héroes de la revolución, como Baduel, Alcalá Cordones y Rodríguez Torres, han sido víctimas, en mayor o menor grado,  de las presiones del régimen para intentar minimizar su posible ascendencia entre la tropa activa.

Recuerden estimados lectores que a Maduro, su combo y los locos no les conviene para nada una elección, la última contienda electoral les propinó una derrota que mantiene al régimen sumido en un golpe tan devastador que lo menos que ha hecho es develar que hoy en 2017, casi 9 de cada 10 venezolanos quiere que el régimen, y con éste, lo que comenzó en 1999, salga definitivamente de Miraflores y de todos y cada uno de los poderes adjuntos al palacio presidencial. Otra derrota electoral hundiría para siempre cualquier vestigio de revolución bolivariana y enterraría además, cualquier posibilidad de “regreso” en el futuro. Estos 18 años sucumbirían ante el deseo de casi el 90 por ciento de los venezolanos de no dejar huella alguna de este periodo y poco a poco, no me cabe duda alguna, la herencia de este proceso desaparecerá hasta de los propios libros de historias que se escriban.

Son muchos los muertos, muchos los presos y muchos más los heridos. Pareciera, en ocasiones, que la protesta en las calles no ha rendido el fruto que se esperaba, sin embargo, el cerco internacional alrededor del régimen; el aumento en número de gente en la calle cada vez que se hace una nueva convocatoria; las posiciones institucionalistas de funcionarios públicos, como las de la fiscal general de la república, las de presidentes o expresidentes  de países amigos de la revolución, quienes se han opuesto al comportamiento desmedido de Maduro, su combo y los locos o han solicitado elecciones; el incremento de solicitudes de asilo por parte de funcionarios o ex funcionarios del régimen en países como EEUU, prueban lo contrario .

Los últimos acontecimientos, especialmente aquellos relacionados con las supuestas amenazas de la resistencia a empresas del sector comercio, para obligarlos a cerrar, o los llamados plantones o trancas a todo lo largo y ancho del país, que, a juicio de algunos analistas, han ocasionado pérdidas a pequeñas y medianas empresas, son vistos con cierta duda por parte de aquellos que de una u otra forma se identifican con el sector opuesto y opositor al régimen. Esas acciones están promoviendo una actitud contraria entre quienes, hasta ahora, se han manifestado a favor de la salida de Maduro, su combo y los locos.

Sin embargo, esta situación, de ser cierta, es decir que es la resistencia la que ha realizado todas y cada una de esas acciones para presionar a los comerciantes, pequeña y medianas empresas, la razón para llevar a cabo esa planificación no es otra que alcanzar el apoyo del sector a través de la presión. Para la resistencia, repito de ser verdad que son responsables a consciencia de todas esas acciones, “todo se vale en la guerra y en la paz”.

Entre los años 2001 y 2004, es decir, entre el primer paro nacional del 10 de diciembre del segundo año del nuevo siglo y el 15 de agosto del año en que el peor periodo histórico de Chávez condujo a su segundo aire al obtener la victoria en el revocatorio, el empresariado venezolano fue, sin lugar a dudas, pieza fundamental en todos y cada uno de los momento históricos de esos tres años en los que la revolución, con su líder máximo al frente del poder, estuvo a punto de “salir de juego”.

Hoy, 13 años después y en cuatro años, desde el arribo de Maduro al poder ejecutivo hasta este 23 mayo de 2017, pero sin su líder máximo, por el contrario un liderazgo diezmado por escándalos con el narcotráfico, la violación de derechos humanos y actos de corrupción, la revolución se encuentra así misma en un callejón sin salida. Irónicamente, un lugar al que llegó por sus propios pasos. Un momento que dista mucho de aquellos vividos entre 2001 y 2004, pero que evidencia la ausencia del sector empresarial al lado del sector político opositor. Eso es una verdad ineludible. Pero algo más importante, sin el apoyo de este sector, pareciera que el objetivo, sea cuál sea el cómo, es inalcanzable.

En este sentido, me llama mucho la atención que, hasta el día de hoy, 23 de mayo de 2017, y desde hace 50 y tantos días, el sector opositor, no ha hecho un llamado institucional al empresariado a unirse a la manifestación, por qué?  Cuál podría ser la razón en este momento para no haber hecho ese llamado o para no haberse manifestado abiertamente el empresariado con las manifestaciones de protesta  en contra de un régimen que está en tela de juicio en gran parte de América y Europa? Cuando el empresariado no dudó en participar en los eventos ocurridos entre 2001 y 2004, el gobierno de Chávez estaba en su mejor momento internacionalmente, de hecho no estaba en tela de juicio en la OEA  o en la UE, ni mucho menos en la ONU. La realidad es distinta con el régimen actual. Esta incógnita abre espacio para muchos otros análisis, pero no cabe duda que esa decisión deberá tomarla más temprano que tarde el sector empresarial. Esperamos que no sea cuando el número de muertos, presos y heridos sea mayor.

Sin duda alguna, el régimen se tambalea, cual animal herido, se enfrenta a su destino final. El fracaso de Maduro es inevitable, pues ha sido planificado desde el mismo seno del propio gobierno. La incompetencia e incapacidad para gobernar han quedado evidenciadas desde 2013, cuando le tocó asumir el destino del país y tarde es para evitar la caída. Lo que es Maduro, su combo y los locos  y pueden llegar a ser, ya quedó revelado en hechos a los largo de estos cuatro años. Lo que le depara al país con este régimen y sus periféricos no puede ser absolutamente nada distinto a lo que hemos vivido en este periodo, eso lo sabe el pueblo que hoy lo rechaza y es eso mismo lo que motiva a tantas protestas dentro y fuera de Venezuela. El cambio es inevitable, no por capricho ni antojo de algunos, sino porque la propia condición física y el propio  espíritu del país, así lo está exigiendo.

Hasta la próxima…     

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista|Profesor universitario

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