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¡CLAVE! ¿Por cuáles caminos nos conduce la crisis?

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Observe que en el titular principal no hacemos directa referencia al conflicto político, sino a la crisis integral que vive el país. Y lo hacemos porque no sólo hay que prestar atención a la lucha en las calles entre la sociedad civil que quiere cambio contra la represión oficial y no oficial.

Los fallecidos, bombas, detenidos, heridos y enjuiciados son los más resaltantes; pero fuera de eso hay una profundización de la crisis. Como ya hemos alertado en VyR, nadie le está prestando atención en medio de los gases y los plantones a la economía.

Pero además el deterioro social es enorme. Estamos en el filo de una anomia colectiva.

Por eso en Área Privada de Verdades y Rumores tratamos de encontrar las respuestas a la pregunta del titular…

Radicalización y caos

Si cualquiera toma en cuenta los únicos indicadores que arroja el conflicto político que se vive en las calles, es lógico que llegue a pensar que el camino al que nos lleva la crisis es la radicalización y el caos. Es lo que resalta, pero no sólo desde el lado oficialista.

La radicalización no sólo es un rasgo distintivo de la acción política del régimen, sino que también está ocupando algunos espacios de la disidencia. Más allá de la organización, vocería y convocatorias de la Mesa de la Unidad Democrática, hay un pueblo que está cansado y que está dispuesto a todo.

En el marco del deterioro social que se evidencia en Venezuela, es hasta normal que sectores que están cansados y otros que viven del delito usen la agenda de calle pacífica para cometer actos que van contra la ley y la racionalidad: saqueos y extorsión, entre otros.

Pero nadie duda que el gran promotor de la radicalización es el propio gobierno a través de la feroz represión, pero además por el uso abierto e indiscriminado de paramilitares que salen a las calles a atacar a la disidencia con armas de fuego. Ante esa acción oficial ¿Cómo reacciona el ciudadano?

Algunos prefieren tomar la conducta más lógica que es dispersarse y protegerse, pero otros toman acciones mucho más ilógicas que se mezclan con la autodefensa y comienzan las acciones que generan esos enfrentamientos violentos que han desencadenado en muertos

Lo peligroso es que hay un sector dominante del régimen que quiere este camino, porque al tener a su disposición las armas y los poderes públicos, consideran que tienen todo para ganar la guerra contra la disidencia que sólo tiene voluntad, arrojo y deseos de cambio.

Y dentro de las posibilidades que tienen para darle legalidad a la radicalización está el polémico decreto 2.849 que establece el estado de excepción y emergencia económica, pero al cual ahora le agregan la posibilidad que el Presidente tome decisiones ante la inestabilidad social y política. Podría estar muy cerca una suspensión de garantías constitucionales.

Este es el peor camino porque nos puede llevar a un caos general a menos que se produzca un punto de inflexión, que por cierto no se ve en el horizonte, y se produzca una negociación que lleve a un acuerdo nacional.

Negociación y acuerdo

En el marco de la radicalización del conflicto político, la ventana de una negociación puede abrir los caminos para bajar las tensiones y pacificar el país. El gran problema es que eso no parece, por ahora, estar en la agenda de ninguno de los dos bandos en pugna.

En ese marco la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente aporta muy poco, por no decir nada, partiendo del diseño controlado y excluyente que plantea el gobierno. Distinto sería si el régimen recula y cambia las reglas para que sea todo el pueblo quien decida si se convoca al Poder Constituyente o quienes serán parte de esa instancia.

La dificultad es que partiendo de los matices que toma el conflicto político, si no hay ese punto de inflexión que ya mencionamos, no sólo la Constituyente será inviable, sino que también sería inviables los caminos electorales para elegir a Gobernadores y Alcaldes este año.

¿Y cómo llegamos a la negociación?

Aunque parezca ilógico y redundante, el camino para la negociación es la negociación. Y para eso se requiere que los actores que pueden promover la misma tengan la intención y además la credibilidad para mediar en un proceso que parece una hoguera en el cual se quema todo el que hable de diálogo y acuerdos.

¿Con quién sería la negociación?

La visión lógica es que la misma sea con el Gobierno, pero eso es cuesta arriba por la falta de consenso que existe en el cogollo revolucionario en el cual nadie quiere dar el primer paso, para no ser calificado como traidor del legado del comandante Chávez.

Pero no se debe descartar que la negociación sea con algunos actores de gran peso en la sostenibilidad del régimen. En este caso son prioritarios los militares y aquellos grupos racionales del oficialismo que ven con preocupación el impacto final que tomaría este conflicto.

No es descabellado pensar que una negociación que permita una “transición con perdón” puede ser eficiente.

¿Transición con perdón?

Sí, con perdón porque con odio y venganza no será posible construir un acuerdo nacional que permita parar la locura y reconstruir desde sus cimientos a una nación que está en las ruinas institucionales y sociales. Sin un acuerdo mínimo que reduzca el “costo de salida” para algunos de los que ocupan el poder será imposible encontrar la salida ideal a esta crisis.

¿Es factible ese acuerdo nacional?

En política todo es posible.

Hasta en países con situaciones mucho más graves se ha  alcanzado acuerdos.

Economía y deterioro social

Lo grave es que mientras las calles siguen encendidas con protestas, represión, ataques paramilitares y acciones vandálicas; la economía se deteriora y cada vez hay menos alimentos y medicamentos disponibles sobre todo para las clases más vulnerables.

La economía parece ser el detonante de la bomba de tiempo que es Venezuela. Y seguirá siendo el detonante porque no se visualizan mejoras en la situación que tanto golpea a los venezolanos y acabó con su calidad de vida. No se ven acciones que busquen corregir las distorsiones.

Cuando cerrábamos este análisis las reservas internacionales del país en las cuentas del Banco Central de Venezuela apenas se ubicaban en $10.085 millones, de los cuales una mínima porción son las llamadas reservas operativas que son las que permiten que el gobierno tenga capacidad de maniobra, compra y pago.

Y sin dinero no se compran los alimentos que no se producen en Venezuela porque el modelo socialista acabó con la producción nacional. Y sin esas compras no se arman los Clap, ni se consiguen los productos en los comercios formales e informales.

Pero además tampoco se pueden comprar los medicamentos para que los venezolanos atiendan sus problemas de salud, lo que agravará la crisis humanitaria que vive el país.

Frente a esta realidad el Gobierno tiene pocas opciones como consecuencia de sus propios errores que han destruido la confianza en Venezuela. Pocos, quizás nadie, están dispuestos a prestar dinero en la actual crisis porque muchos de esos préstamos requieren la aprobación final de la Asamblea Nacional y el ejecutivo se encargó de secuestrar sus competencias.

Al mismo ritmo, de pronto con mayor velocidad, que el conflicto político recrudece en las calles se deteriora la economía y repetimos: ese puede ser el detonante para el caos final.

Todos los caminos sensatos y lógicos para encontrar una salida normal a una situación tan anormal, llevan a una negociación que construya un acuerdo nacional que facilite la “transición con perdón”.

¿Será ese el camino final?

Ojala que sí.

 

Darwin Chávez|@VerdadesRumores

 

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