Verdades y Rumores| Diario Digital de Interpretación y Opinion

DE INTERÉS

VERDADES Y RUMORES|Las lecturas y dudas que deja la huida de Leopoldo López

EFRAÍN RINCÓN|Los desafíos de la democracia en América Latina

ANTONIO DE LA CRUZ|Escenario electoral presidencial en Estados Unidos

MARLON JIMÉNEZ|La maldición del “Charro Negro”

JOHEL SALAS ¡Por Dios no más muertos!

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on telegram
Telegram

Me niego a aceptar que este país del relajo, de la joda, de los chistes, amiguero, parrandero, amable, alegre y enamorado de la vida, hoy le abra las puertas a la muerte como forma de resolver nuestras diferencias políticas. Ya la parca desde hace tiempo es parte cotidiana de nuestro paisaje debido al incremento de la violencia de corte delictivo que nos llena de miles de muñequitos de tiza pintado en mitad de la acera, como diría Horacio Blanco, al referirse a los miles de venezolanos que caen sin vida en las calles ensangrentadas de los rincones de la patria. Allá cayó, se hace peligrosamente normal en esta tierra de la alegría que se entristece y se acostumbra al llanto mortuorio.

La puerta que hoy estamos a punto de abrir nos muestra la peor cara de la pálida, la de su mayor regocijo: la guerra fratricida. No hay mayor placer para el príncipe de las tinieblas que la reedición masiva de Caín y Abel, en la que ambos polos enfrentados jugaríamos el doble rol de asesino y de víctima.

El país se nos desmorona en esta suerte de desmadre social, económico e institucional que sufrimos en cada movimiento de sístole y diástole del palpitar de la Nación, pero nada justifica que dejemos de ser esos amantes de la alegría y de la concordia, que ha sido nuestro principal carnet de identidad.  Qué sentido tendría en una guerra fratricida que ganen los que se quieren quedar como sea o que ganen los que quieren llegar al coroto en un desesperado ya, si el resultado es que la población que permanezca con vida ya no será ni la sombra de lo que hermosamente hemos sido: ¡venezolanos!, que es igual a panita, solidarios, alegría, jodedera para pasarla bien sin distingos ideológicos, de raza, preferencia sexual o religión, o sea, lo mejor de la bolita del mundo. No somos perfectos, pero en esto de vivir sabroso y en comunión con los otros, hemos sido expertos.  Los venezolanos sin alma que quedarían después de un triunfo pírrico del bando ganador, estarían carcomidos por el odio, la sed de venganza, la intolerancia y en lugar del vino, fans de la sangre.

Todo este rosario de temores que describo es producto de mi asombro por el creciente número de pacifistas, de gente muy tranquila que hoy se niega a las elecciones como salida a la crisis política que enfrentamos. Es mejor que nos matemos a que nos contemos, crece en las narices de una dizque clase política en la que algunos dirigentes no asumen responsablemente el liderazgo de conducir con la sensatez debida a una población que vive uno de los momentos más aciagos de nuestra historia. Al parecer, es cierto que en momentos de grandes dificultades emerge lo peor de nosotros. Me resisto a despertar a la bestia que duerme en mí. Quiero seguir siendo yo: venezolano; o sea, panita, solidario, alegre, jodedor y   pasarla bien sin distingos ideológicos, de raza, preferencia sexual o religión, siempre en comunión con los otros.

Las posibilidades de desenlace de este momento tétrico que vivimos hoy se reducen a dos: con muertos o sin muertos. En otras palabras, con café para velorios o con café para tertulias fraternas. Las elecciones son una vía para ir restándole poder al poder e ir presionando una salida de consenso, gradual, pacifica, eficiente, ordenada, que nos conduzca a un acuerdo de traspaso negociado del poder, que nos dé la estabilidad necesaria para implementar las políticas públicas de reconstrucción institucional, moral, económica y social del país.

El régimen necesita un salvavidas para sobrevivir en oposición después del naufragio, de lo contrario preferirá que nos matemos a entregar el poder, la opción pacifica del régimen es la negociación que le reduzca, lo que mi respetado Darwin Chávez desde hace mucho viene hablando: el costo de salida.  Y esto no es traición es razón. Es sensatez, es alta política que pone la paz de los venezolanos por encima de las ansias de justicia que en algunos se confunde con venganza. El cambio político está en marcha y es inevitable. Hagamos como poder constituyente que somos, o sea los jefes, que el traspaso del gobierno sea pacífico. Obliguemos a los sectores radicales del régimen y de la oposición a meterse en la política y a salirse de los códigos de la guerra! ¡Por Dios no más muertos!

 

@johelsalas|Trabajador Social

Presidente en el Zulia del Partido Unión y Entendimiento (PUENTE)

¡SUSCRÍBETE! La información de alto valor estratégico es una inversión para lectores inteligentes…

ACEPTAR TODAS LAS COOKIES    Más información
Privacidad