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Me ha dado por estos días hacerme un análisis introspectivo para averiguar de dónde viene mi miedo cerval a la Guardia Nacional y en general miedo a cualquier uniformado con cachucha y armado. Incluso, solo de ver la terrible, desmesurada y cruel represión de estos días, la manera como embisten los uniformados sobre la gente que manifiesta su rechazo al gobierno de Maduro y al modelo que tanto este como Chávez implementan desde 1998, me produce espeluzno y hasta he vomitado de manera increíble hasta el punto que me han hospitalizado totalmente inerte por la pérdida de electrolitos.

Carajo de donde viene este miedo paralizante que me produce esta especie de monstruos vestidos de verde que arremeten contra la  muchedumbre como si los individuos que marchan no tuvieran rostros. Entones recordé a “Cara Cuadrá”, así llamaban al Guardia Nacional que vivía en el barrio.

Así que todo nació con este hombre vestido de verde, me digo para mis adentro. En verdad no fue con él, sino con su mujer. Y es a mi mamá a quien le atribuyo la responsabilidad de crearme este miedo enfermizo. Quien sabe porque, “Cara cuadrá” llegó a mi barrio casado con un mujeron, de nacionalidad alemana, si alemana ¿Dónde la conoció?, ¿quién sabe? Como la sedujo y enamoró a semejante mujeron? , siempre fue un enigma.

El caso es que esta mujer me hizo perder el sueño a mis doce años: todo en ella era abrumador, su pelo de oro, sus enormes senos que jamás eran sostenidos por nada, sus redondeces, sus piernas parecidas a fuertes columnas de mármol rosado. Padre Dios, por ella y por la lascivia que sentía, creí que  EL me castigaría y yo iría con todo mis huesos al infierno y yo que me preparaba para mi primera comunión renuncié a ella (hacer la comunión) hasta el día de hoy y ya no la hago.

¡Qué mujer! Era el patrón belleza de entonces, nadie había oído hablar de Osmel Sousa quien muchos años después se apropió del Miss Venezuela y nos impuso un patrón de belleza, caracterizada por la flacura absoluta y por las repuestas increíbles a preguntas igualmente increíbles. ¡Ah, mi madre! Que me conocía y era justo, pues ella me parió, se dio cuenta enseguida, por mis ojeras y por el tiempo desmesurado con el que tomaba mi baño, mejor dicho mis baños, pues entonces desarrollé una manía por la pulcritud corporal y lo hacía hasta tres y hasta cuatro veces al día,  me advirtió, con la siguiente sentencia: “Ender mijo, deja de estar fisgoneando a Esther. Mira que ese guardia es maluco y te puede hacer daño, vos creéis que no se ha dado cuenta… ya el me lo dijo que si sigues metiéndole ojo a su mujer te va j…”

Santo remedio de aquel fiero amor, solo queda un lejano recuerdo. El recuerdo de sus senos como peras enormes que nada sostenían, sus redondeces, sus piernas, c… que mujer… pero ahora en cada guardia que persigue a cuanto joven que grita ¡Abajo la dictadura, fuera Maduro! Yo veo a “Cara Cuadrá” que mira y me dice: “Te voy a j…”

 

@RojasyArenas

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