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Esperando por noticias sobre la marcha de la oposición por los medios convencionales de comunicación, aterricé en el discurso del presidente Maduro que dirigía  a sus simpatizantes. No dijo nada que no le hubiésemos escuchado, la misma vaina de siempre. En verdad, no era un hombre lleno de pánico, sabiéndose apoyado por las FANB, por los gatilleros de los colectivos armados, por el TSJ y por una cúpula cívico- militar corrupta, el Maduro que escuchábamos, a pesar de disimularlo, era un hombre, ya esto también lo sabíamos, había sustituido el pánico por la angustia que le producía el no saber qué hacer, el no saber qué decir, salvo la pendejadas de siempre.

Y es que después de dieciocho en el poder, el chavismo, ahora en su versión madurista, ha perdido la iniciativa en la construcción de una agenda política que sea la agenda de todos, esto incluye la iniciativa política de las cuales hacía gala en los años idos de Chávez y esto se ha traducido en que hoy el régimen  aparezca  en una verdadera encrucijada, pues la crisis se ha hecho tan profunda que ha quedado en evidencia su incapacidad para administrarla.

El chavismo destruyó casi todos los espacios políticos institucionalizados y formalizados. El mayor empeño en la destrucción la puso en la liquidación de los partidos políticos y los sujetos políticos que se habían constituido en el periodo democrático, esto es, la representación de los trabajadores y la representación de los empresarios (CTV y FEDECAMARAS), a la par, o como consecuencia de este deslave institucional deliberadamente producido, produjo una resignificación de la política y de la lucha política por el orden, está la asumió como guerra.

De esta manera el chavismo redujo las relaciones políticas a un “solo límite clasificatorio” (en los términos de Carl Schmitt): amigo o enemigo, donde el enemigo es muerto o desaparecido, encarcelado, torturado, e inhabilitado.

En todo caso, la política se expresa en términos de la lógica de la guerra. Por supuesto esto es una cuestión seria para la oposición no solo porque la política deviene en una actividad donde el límite entre la vida y la muerte es demasiado tenue (demasiados muertos tenemos ya) sino porque al “aceptar la lógica de la guerra termina por fundar su identidad por referencia al enemigo” (Obviamente, la Sra. Pérez Osuna, Marianela Salazar, y otros no logran entender esta cuestión)

Por eso, creo yo, que frente al fracaso del proyecto chavista y del llamado socialismo del siglo XXI como proyecto de disciplinamiento de la sociedad, la propuesta de la oposición es revertir la concepción de la lucha política como guerra  y asumirla como una lucha por la democracia y por el derecho a la vida. Pero de eso escribiré la semana próxima, pues se me agotó el espacio.

 

@RojasyArenas

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