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Camino al éxito no es. Mucho menos está encaminada a resolver la crisis. Y todo eso obstaculiza cualquier aspiración de sus líderes por sobrevivir al actual conflicto y tener la estabilidad que ellos anhelan. Están en problemas. Quizás es mejor decir que están en serios problemas.

Y cuando hablamos de un camino lleno de obstáculos no sólo nos referimos a los problemas que genera una oposición en la calle, sino a una crisis que es más integral y profunda de lo que muchos piensan.

¿Qué empinadas rutas le quedan al oficialismo?

Básicamente son tres: política, económica y la negociación.

En Área Privada de Verdades y Rumores analizamos el rumbo que lleva el proceso que engendró Chávez y que pudiera terminar muy mal.

El camino político

Está claro que el único estilo que conocen las tendencias con mayor poder en el gobierno es la sumatoria de las tres R: radicalización, represión y la búsqueda de la resignación colectiva. Todo eso tiene como objetivo final generar miedo y sostenerse en el poder bajo la intimidación y no se basa en la solución de los problemas que afectan a la sociedad.

La represión está en marcha y en tres sentidos. El primero y más asfixiante es la labor de los cuerpos de seguridad que tratan de evitar que la oposición se concentre de forma masiva y representativa, pero además buscando que la disidencia no ingrese a sitios emblemáticos de la capital, como son las sedes de las instituciones de gobierno y sobre todo que no pisen el municipio Libertador.

Quieren que las protestas se queden en el Este y así tener ellos los argumentos que no son del pueblo, sino la oligarquía apátrida la que está molesta con la revolución bonita.

Por eso los discursos amenazantes que advierten de guerra, muertes, armas, heridos, encarcelados y prohibiciones. Eso en el fondo es miedo a que el pueblo salga a las calles y se genere una ola de desestabilización que erosione la posibilidad de mantenerse en el poder. En el caso del municipio Libertador quieren evitar que el descontento de la clase media del Este de Caracas, se fusione con la enorme molestia de las clases populares. Ellos saben que esa combinación puede ser mortífera.

El otro sentido de la represión es la judicialización de la protesta a través de acusaciones golpistas, de conspiración y desestabilización de la paz ciudadana. Por eso arremeten contra líderes opositores y montan casos de variados tipos. Por eso detienen al azar en las manifestaciones. Todo busca que el ciudadano se abstenga de salir a las calles.

Pero la represión también va orientada hacia la inhabilitación de líderes opositores, como es el caso de Henrique Capriles a quien la Contraloría acaba de sancionar con 15 años de prohibición para ocupar cargos públicos.

Y el tercer componente de la fórmula es la búsqueda de la resignación de las mayorías. Quieren que el ciudadano se conforme en vivir en un sistema con libertades conculcadas, con miedo a ser detenido y enviado a una cárcel llena de delincuentes y que se acostumbre a vivir sin calidad de vida. Y quien no quiera someterse pues que asuma las consecuencias o se vaya a otro país.

El camino económico

Esto es un obstáculo muy serio para los intereses del Gobierno. Quizás sea el factor que termine de expulsarlos del poder. Ellos saben que no podrán resolver la crisis, porque eso requiere de medidas que se alejan totalmente del Plan de la Patria que dejó Chávez.

No pueden solucionar la crisis, pero tampoco pueden ceder el poder con facilidad por aquel “costo de salida” del cual tanto hemos hablado. Ellos fuera del poder pierden no sólo negocios, sino que arriesgan su libertad y la de sus familiares. Por eso insisten en un modelo fracasado, pero que se sustenta en las ideas absurdas de su único capital político: Chávez.

La economía terminaría de acabar con la revolución. No tienen el dinero para pagar todos los compromisos externos y además mantener importaciones masivas de alimentos y medicamentos. Para no caer en default prefieren sacrificar la comida y la salud.

¿Cuánto tiempo más aguantará el país?

Parece que poco porque el conflicto político empieza a cruzarse con la crisis económica, para configurar una profundización de la conflictividad social y cuando ese componente se masifique, pudiera ser el fin del Gobierno a través de una inestabilidad que no puedan paliar.

Ni siquiera tienen la credibilidad para buscar dinero en el extranjero, porque son sus acciones ellos mismos acabaron con esa confianza. Tienen fama de malos pagadores. Pero además eso se une al cerco que existe sobre la Asamblea Nacional y eso es vital para legalizar los acuerdos que deberían firmarse. Pero lo peor es que sus aliados dudan de cuánto tiempo les queda en el poder.

Ante el tamaño de la catástrofe económica nacional no tienen el dinero necesario ($70-80 mil millones) para tapar el déficit, cancelar las deudas con proveedores extranjeros, agilizar la producción nacional y sobre todo no tienen ideas de cómo recuperar la confianza perdida.

El camino de la negociación

La aceleración de la crisis económica, el aumento de la conflictividad social y la presión política nacional e internacional los terminarán llevando a una mesa de negociación que incluya a mediadores creíbles para los venezolanos. Esa negociación puede tener dos escalas.

La primera escala y más básica incluye la construcción de acuerdos que permitan la presentación de un cronograma electoral para que los venezolanos elijan a Gobernadores y Alcaldes. También debe incluir la libertad de los presos políticos y el ingreso de ayuda humanitaria en materia de alimentos y medicinas, pero además el respeto a las competencias de la Asamblea Nacional.

Y la segunda escala es la cesión del poder en el marco de una serie de condiciones favorables para las dos partes. Seguramente los líderes oficialistas colocarán como condiciones que no los investiguen, persigan o detengan a un grupo selecto de ellos.

Mientras que la oposición seguramente exigirá el adelanto de las elecciones generales con el fin de legitimar a todos los poderes de forma directa e indirecta, pero sobre todo investir de legitimidad al nuevo gobierno que tendrá un ardua tarea ante una crisis que parece que puede estallar en cualquier momento.

Nada fácil es la posición del oficialismo.

Muchos pensarían que por estar en el poder tienen como sobrevivir, pero resulta que si usted analiza con detenimiento su situación, se darán cuenta que quien está verdaderamente cercado es el Gobierno.

El camino que más les conviene es la negociación, pero ellos poco saben jugar las piezas en ese tablero.

 

Darwin Chávez|@VerdadesRumores

 

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