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EL PAÍS SILENTE|TSJONAZO: cuando un gobierno recula

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La intentona de golpe de la semana pasada demostró dos cosas: el régimen ya no está libre de hacer lo que le da la gana y además, que fueron, son y serán pésimos golpistas, pues sólo llegan a intentonas y deben terminar “reculando”, después de tanta “gallardía barata” que más de uno monta en su respectivo show televisivo. Si la oposición venezolana no ha sido competente para asumir y resolver la crisis, debemos darle gracias a Dios que en materia de reculamiento, Maduro, su combo y  los locos, son los mejores reculadores. Y como diría un buen maracucho, qué reculación es esta!

Ahora bien, ¿qué hizo recular a Maduro?, ¿el mensaje de la fiscal?; ¿la presión internacional?;¿el Alto Mando?, es difícil saberlo, aunque hacernos una idea aproximada al respecto, no es difícil, sobre todo si tomamos en cuenta todos y cada uno de los mensajes que posteriormente, entre el viernes y el domingo, se difundieron a través de los medios nacionales e internacionales, al menos por aquellos que aún se ven y  se escuchan. Por cierto, lo vivido demostró también que ya no sabemos qué ocurre ni en la esquina.

La actitud de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz fue, por supuesto, aplaudida, pero contó también con muchos comentarios “dudosos” sobre su intencionalidad, claro está, no hay que culpar a nadie de tener sus dudas sobre la participación de la funcionaria en este despelote jurídico que ha sido catalogado mínimo, por ella misma, de “ruptura del hilo constitucional”. En mi opinión, si fue una estrategia, a las que estamos mal acostumbrándonos en revolución, realmente no importó, pues lo trascendente del discurso jurídico de la fiscal, fue que ante el mundo dejó MUY CLARO que el TSJ ROMPIÓ EL HILO CONSTITUCIONAL, por lo tanto, esa denuncia certificó las otras que desde hace más de un año han dejado muy mal parado al poder judicial supremo y no por meras acusaciones opositoras, sino por  una de las funcionarias más importantes de la revolución bolivariana.

Con su protagónica participación en lo sucedido este fin de semana pasado, Ortega Díaz continuó manifestándose de manera ecuánime ante este tipo de situaciones. Recordemos que en 2016, su criterio oficial fue totalmente contradictorio al ordenamiento emitido desde Miraflores en más de una ocasión, sembrando la duda de su apego irrenunciable al régimen madurista. Desde entonces, la funcionaria, en situaciones parecidas, ha mantenido por encima de su militancia política, su investidura de Fiscal General, lo que aplaudimos y en no creemos, al menos no en esta tribuna, que todo sea una “maniobra” revolucionaria. Siempre se ha dicho que la Fiscal General es fiel al ala chavista de la revolución, y ante la deserción, o como quieran llamar a la pérdida de apoyo popular e incluso institucional por parte de miembros del chavismo en la calle o en el propio PSUV,  no es descartable considerar que la funcionaria responde a esa consideración política. Sin embargo, creo que en ambas situaciones se demostró una cosa: los miembros del TSJ y específicamente los de la sala constitucional, respondieron únicamente a interés políticos/partidistas, y me atrevería a decir, por lo inverosímil de la sentencia golpista, que respondió más a intereses emocionales, y las emociones han conducido a muchos países a una guerra, si no pregunten a los europeos en 1939-45. Al imponerse por encima de la propia ley máxima, es decir a la constitución, cualquier sentencia es violatoria, por lo tanto rompe el hilo constitucional, pues es contraria a lo estipulado en el articulado. Ese tipo de reacciones emocionales, que pudo originar la caída abrupta del régimen que supuestamente defienden, CERTIFICAN cualquier “idea prejuiciosa” que se tenga del TSJ. Por eso hoy se pide la Destitución de los magistrados. El mundo está vigilante, sí, pero en realidad todo dependerá de la posición de la fiscal, quien, a nuestro juicio se convierte en el mango de este sartén, cada día más caliente.

Lo sucedido el fin de semana es producto de esta profunda crisis política venezolana. Un gobierno tildado de dictadura, por su comportamiento intolerante, antidemocrático, totalitarista, que se aferra al poder pese a haber perdido la popularidad y el temor de concurrir a elecciones ante la posibilidad de perder por completo el poder asumido desde 1999, con su líder fundador, Hugo Chávez, cuyo movimiento, el chavismo, poco a poco desde 2013, ha dejado las filas en apoyo al régimen que hoy representa Maduro, su combo y los locos, uniéndose en votos a los sectores opuestos y contribuyendo al regreso de los opositores a la AN en 2016. Estas pérdidas de apoyo; el incremento de la crisis socioeconómica y la gestión política “anormal” desde los distintos reductos del gobierno, son suficientes elementos para poder desplegar una “intentona” de análisis, que esperemos tenga mejor suerte que la del régimen el fin de semana pasado y tratar de explicar por qué Maduro, su combo y los locos, recularon.

La conspiración incompetente. Cuatro días después de la “alocución golpista”, emanada desde la sala constitucional del TSJ, tal y como se le conoce en todo el mundo hoy, sabemos que en realidad hubo una improvisación producto de las emociones de algunos magistrados hacia la oposición y específicamente, de aquellos que aún permanecen embriagados de rabia y rencor por la derrota aplastante que la oposición le propinó a la revolución el siete de diciembre de 2016, cuando el CNE anunció al país el contundente triunfo POPULAR de los sectores opositores y otros que dimitieron de seguir respaldando al régimen de Maduro, su combo y los locos, en las elecciones para la Asamblea Nacional. Tal y como lo dijimos entonces, aquel triunfo representaba para el régimen “revolucionario” perder la hegemonía impuesta a lo largo de 17 años, lo que era impensable, pues jamás fue previsto en el manual de la revolución bolivariana co-gobernar con el opositor, a quien por cierto siempre se ha tildado de enemigo. La revolución corría el riesgo de ser auditada. La AN en manos de los sectores opositores se erigía como una espada de Damocles lista para cortar el proyecto. Sectores pro gobierno tendrían razones suficiente para ejercer cualquier maniobra que debilitara el triunfo obtenido y mantendría a la AN, atada de manos. Al respecto, Maduro, su combo y los locos, lo habían logrado, pero de vez en cuando, en menos de un año, alguien o alguna institución periférica de Miraflores, dice o hace algo que trastoca el plan, que estamos seguro que existe, para conducir lo que queda de la revolución bolivariana a las próximas elecciones presidenciales, que es, a nuestro juicio, el objetivo de civiles y militares que respaldan al gobierno. Recuerden estimados lectores que he sostenido en muchas de mis columnas anteriores que este régimen no puede darse el lujo de ir a ninguna elección, pues lo sucedido en diciembre de 2016, de acuerdo a propios y extraños al movimiento revolucionario, es sólo un anticipo de lo que propiciaría al proyecto una derrota que lo borraría del mapa. Si la revolución sale por votos, jamás podría recuperarse, no así el chavismo como movimiento político, de allí su trazo de distancia con el inquilino en Miraflores, su combo y los locos. Irónicamente, al régimen lo que acaba de ocurrirle es su propio CARMONAZO, pero en la figura de la sala constitucional del TSJ. Al igual que en 2002, la incompetencia interna llevó al fracaso del objetivo planteado. Hace 15 años fue instaurar un régimen provisional luego de la salida de Hugo Chávez, la semana pasada, cerrar la Asamblea Nacional. Ambos fueron y son rupturas del hilo constitucional.

La conspiración internacional. Ante el asedio de Almagro desde la OEA, insistiendo en activar la Carta Democrática, y Trump, cuyos rumores de invasión por Paraguaná, no dejan dormir tranquilo a Padrino, Maduro, su combo y los locos,  surge como otra carta explicativa para poder analizar la echada  para atrás del régimen. Si tomamos en cuenta que la sentencia golpista fue producto de las vísceras y no del raciocinio judicial y que la Fiscal General de la República no espero 12 horas para denunciarla como “ruptura del hilo constitucional”, cualquier “opinión” internacional sobre el régimen quedó aclarada, irónicamente por ellos mismos, si consideramos que Ortega Díaz fue colocada allí por Cabello y vista con beneplácito por el hoy difunto Comandante Supremo. De hecho, las carreras de locos o pataleos de ahogados que Maduro, su combo y los locos han venido expresando desde la “metida de pata judicial”, son evidencia de lo incontrolable que es, hasta para los propios “lideres” del régimen, el mismísimo gobierno y cada una de sus dependencias. A Maduro ya no le debe quitar el sueño el sólo hecho de pensar que Padrino o cualquiera de los verdes pudieran dar un golpe de Estado, sino también que los civiles, cultos o no, que apoyan el régimen, metan o no la pata a diario. En esas condiciones, debe ser difícil para cualquiera de los rojitos rojos, liderar lo que queda de un proyecto que a juicio de muchos, yo entre ellos, murió en día que enterraron a Chávez.

La reacción internacional en el seno de la OEA, con menos votos a favor de Venezuela cada vez que se convoca una votación similar; lo propio en la Asamblea y Consejo de seguridad de las Naciones Unidas, ONU, y la manifestación abierta de otras instancias internacionales, como MERCOSUR, entre otros,  sobre lo sucedido la semana pasada, develan el poco apoyo político con el que cuenta el régimen de Maduro, el cual, por sí solo, ha ido perdiendo representatividad y apoyo, debido entre otras cosas, a la caída de los precios del petróleo, lo que impide “renovar” la VACUNA que se paga a los gobiernos mal vivientes o chulos sobre los cuales se ha sostenido la política internacional de la revolución y a la caída abrupta de los gobiernos de izquierda en américa latina, que ante el fracaso de gestión han sido superados por candidatos de la derecha o del centro en países como Argentina, Brasil, e incluso, el triunfo de Lenin sólo por casi un 2% por encima de Lasso, denota que los gobiernos, mal llamados “revolucionarios”, están siendo desestimados por una población votante cada día se siente más defraudada. Lo mismo se ha materializado en nuestro país, negarlo es sólo una estrategia política sostenida en la mentira, pero los hechos sucedidos la semana pasada y la reacción internacional, pasan factura a este tipo de incompetencias en momentos de coyuntura como el vivido.

La conspiración militar. Este análisis es largo y tendido, y el espacio se acaba, prometo profundizarlo en el próximo País Silente, pero no puedo retirarme sin dejar en el aire un anticipo de lo que sucede en las Fuerzas Armadas. Es falso que aquí, mejor dicho, allí, en el seno de la institución armada, no se esté moviendo un dedo. Que nadie sienta lo que está pasando; que Padrino sea infinito y omnipotente. Pues bien, deben saber que nada de eso es totalmente cierto. La Fuerzas Armadas no están calladas, se manifiestan a través de un liderazgo no mediático que es capaz de jalarle las orejas a Padrino, su combo y los locos, lo hicieron el siete de diciembre de 2015, cuando era inminente el triunfo de la oposición,  la diferencia es que a  ese liderazgo le conviene más estar en el anonimato que frente al público. Su zona de confort y facilidad de operatividad es el anonimato. Todos los sectores involucrados lo saben, incluso la oposición. LO sucedido la semana pasada, removió las estrategias en el seno de esta estructura militar que ya se siente acorralada desde hace más de tres años, pero que ha mantenido, a regaña dientes, su institucionalidad, temiendo que el mundo le dé la espalda a cualquier movimiento no constitucional que acabe de una vez por todas con el régimen de Maduro, su combo y los locos. La razón, aunque parezca inaudita la existencia de alguna razón o justificación para soportar, es simple, la destrucción de la revolución está en la derrota electoral y no en un Golpe de Estado. Pese a que Ud. pueda estar opuesto, por cualquier razón, a prolongar esta agonía, es importante establecer que a juicio de expertos o conocedores del tema, a los cuales apoyo en gran parte, una derrota aplastante en la urnas electorales, enterrará para siempre cualquier vestigio de revolución bolivariana, sobre todo porque si a todo 11 de abril le apareció su 13, tengan la seguridad que a todo 4F de 1992, le llegará su…, y lo que vaya surgir tendrá como objetivo borrar cualquier recuerdo de ese periodo, catalogado como oscuro, que la semana pasada vivió otro momento erosivo que poco a poco se sigue comiendo las bases que lo sostienen. Las Fuerzas Armadas están al tanto de todos esto; el gobierno sabe que es así y la oposición también, así que mientras ocurran estos “desmanes” revolucionarios, alégrense porque cada uno ira debilitando el poco piso que le resta a la revolución del siglo XXI. Hasta la próxima semana.  

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista|Profesor universitario

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