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Si hay algo de positivo en el ilegal, despótico y arbitrario    zarpazo que dio el Tribunal Supremo al quitarle los poderes legislativos  a la Asamblea Nacional es que definitivamente  se quitaron la máscara  democrática con la cual el régimen  ha  pretendido engañar al pueblo de Venezuela y al  mundo  entero, por lo que desde ahora en adelante y sin aspavientos podemos denominar tiranía. Al mutilar   a la Asamblea Nacional, el TSJ, controlado por el  partido de gobierno, corto  de un solo  tajo las escasas garantías democráticas existentes  en el país y termino  con la separación de poderes, atributo propio  por excelencia de un  Estado de derecho. Esto representa un despojo de funciones y quebranta los más elementales principios democráticos de separación de poderes.

Lo novedoso de lo que sucedió, por decirlo de alguna manera, fue  que no fueron ni las bayonetas ni los fusiles los que cambiaron  y rompieron “el hilo constitucional” tal como lo expreso la Fiscal General, si no que fueron  los jueces del máximo tribunal electos por el propio partido de gobierno. El TSJ, actuando como si fuera un  apéndice del Ejecutivo, decidió despojar a la Asamblea Nacional de sus poderes y asumir las funciones legislativas de esta. Además resolvieron que los legisladores que apoyaron la aplicación de la Carta Democrática, habrían cometido traición a la patria y por tanto perderían su prerrogativa expresamente consagrada en el artículo 200 de la Constitución, allanando de hecho la inmunidad parlamentaria de los diputados que fueron electos por voluntad democrática, y en elecciones donde participaron más de 14 millones de venezolanos, o sea, el 74,17% de la población electoral.

La Asamblea Nacional, el órgano unicameral que ejerce el poder legislativo y el más recientemente legitimado, se ha visto boicoteada desde su inicio en el ejercicio de sus funciones  constitucionales de legislar y controlar,  por un TSJ conformado por magistrados cuestionados en su legitimidad de origen y que están, manifiestamente, a las órdenes del partido de gobierno  Esta es una muestra de cómo las instituciones venezolanas han sucumbido ante la arbitrariedad, la brutalidad y la descomposición del régimen bolivariano.

Lo trágico es que esta decisión de fracturar de manera tajante la ya horadada institucionalidad venezolana no es lo único repudiable de este régimen, que ya ni siquiera se interesa por guardar las formas a la hora de imponer sus arbitrariedades, sino que ha convertido a Venezuela es un país arruinado miserable, e inseguro.

Todo indica que se profundizara la radicalización de un régimen cada vez más despótico, abandonado por el pueblo venezolano y  la comunidad internacional. El escenario se torna  paradójico, ante un  gobierno débil y sin apoyo que, se aferra al poder con mano de hierro. Una mano cada vez más dura para prolongar los estertores y agonías de un enfermo  que se encuentra  en  fase terminal, con una amenaza real de la estabilidad del propio chavismo, por el resquebrajamiento  hoy presente  en su  la unidad.

Todos los venezolanos,  sin excepción,   debemos reprobar lo que ha sucedido en el país, puesto que no existe circunstancia alguna  que justifique  el golpe asestado al parlamento y la anulación de la oposición.

 

@OcandoM|Médico

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