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La talla del venezolano se está reduciendo por obra del hambre.

En pocas palabras: el país tendrá generaciones de ciudadanos más pequeños, gracias a las deficiencias de alimentación que están enfrentando los niños de hoy.

La directora del Observatorio Venezolano de la Salud, Marianella Herrera, alertó acerca de las consecuencias que acarreará la crisis económica y social que sufren los venezolanos, especialmente los niños, en quienes ya se observan trastornos de crecimiento por falta de nutrientes claves para el desarrollo físico y mental de los infantes.

Los resultados ya empiezan a asomarse en investigaciones realizadas en distintas instituciones del país, una de las cuales revela que hay una clara y marcada desaceleración en el crecimiento de los niños venezolanos que, hasta ahora, se expresa en dos centímetros, contradiciendo la tendencia secular que ha mostrado este indicador.

El número no parece relevante a los ojos legos de la población general, pero a los científicos les muestra claramente cómo la escasez y el elevado costo de los alimentos en Venezuela empiezan a tener repercusiones que no son fáciles de revertir en el corto plazo.

Las investigaciones de las cuales dio cuenta Herrera, también revelan que al exponerse un niño a una programación de enfermedades crónicas, se afectará el crecimiento del pequeño, pero también el crecimiento de su cerebro y su desarrollo intelectual.

La directora del Observatorio Venezolano de la Salud, a propósito, denunció que: “Muchas de las enfermedades que se habían erradicado en el país están reapareciendo nuevamente por la mala alimentación que tienen los niños… esto puede afectar incluso el desarrollo cerebral de los menores de edad”.

Pero ahí no queda todo.

Marianella Herrera, quien participa de la Encuesta sobre Condiciones de Vida, capítulo Alimentación, que adelantan la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad (Simón Bolívar (USB) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), sostiene que al no cubrirse los requerimientos nutricionales se abren las puertas para el repunte de enfermedades como la diabetes y los trastornos cardiovasculares.

Para evidenciar las deficiencias nutricionales están los mismísimos reportes oficiales según los cuales se redujo en un  veinte por ciento la ingesta de calorías entre 2011 y 2014, mientras se incrementaron la mortalidad infantil y la mortalidad materna, ambas asociadas al componente nutricional.

Pero nada de eso le preocupa a Gulliver en Liliput. Ni pendiente, como dice por ahí. El tema le resbala a un maduro presidente, cuya elevada talla se muestra inversamente proporcional al número de sus neuronas, lo cual podría explicar tanta torpeza e indolencia para con el bienestar de la población que desgobierna, mientras se ocupa desesperadamente por mantenerse en el poder a cualquier costo.

Prueba de ello es que, según el Observatorio Venezolano de la Salud, Venezuela ha adoptado medidas regresivas que limitan el derecho a la salud y a la alimentación.

De hecho: “Las medidas adoptadas por el Estado venezolano en materia de alimentación han promovido el agravamiento del ya deteriorado acceso a los alimentos, pues la inflación, las continuas amenazas al sector privado y la implementación de políticas de distribución de alimentos basadas en la orientación política de las personas, no permiten el acceso de todos los venezolanos a los alimentos, ni siquiera los básicos, para cubrir sus necesidades”.

Eso es lo que hay. Lo que no hay son esperanzas en los propósitos de enmienda, a juzgar por las proyecciones que hizo para este año la experta en seguridad alimentaria en situaciones de emergencia y desastre, Susana Rafalli, cuyas investigaciones prevén en sus resultados un incremento del 3 por ciento de la desnutrición aguda en niños menores de cinco años, lo cual podría afectar al 12 por ciento de los aproximadamente 3.200.000 niños que hay en Venezuela.

Eso significa, en términos puros y simples, que entre 350.000 y 380.000 niños venezolanos sufrirán desnutrición aguda grave y se incorporarán a las poblaciones de riesgo para un sinnúmero de trastornos: “La desnutrición no tiene un tope. El tope es que empieza a aumentar la mortalidad. La velocidad de crecimiento de la desnutrición se va a acelerar, y la peor es la que ocurre antes de los 5 años porque produce un rezago intelectual en los individuos”.

En pocas palabras, la situación apremia, por los peligros que entraña para el futuro del país, porque además de chiquitos, los niños venezolanos podrían ir tras los pasos del desarrollo intelectual que alcanzó su maduro presidente.

¿Qué otra cosa peor les podría ocurrir?

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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