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¡RECULE! Un “falso positivo” para enmendar el autogolpe (ACTUALIZADO)

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Lo habíamos advertido: los radicales juegan a la guerra. Pero se les pasó la mano. No midieron las consecuencias nacionales e internacionales de las polémicas sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional del TSJ.

Pero ¿De quién es el error?

¿Fue un error de todo el Gobierno?

¿Fue un error de los “ultras” solamente?

¿O es el “Deep State” tropicalizado operando y promoviendo errores “inducidos”?

Lo cierto del caso es que el régimen montó un “falso positivo” para tratar de enmendar la costosa pifia que terminó de desnudar que en Venezuela hay una dictadura y que los poderes públicos están secuestrados.

¿Cómo un “falso positivo”?

Eso se los explicamos en Área Privada de Verdades y Rumores

Acto I: la torta y no de cumpleaños

La aparición gradual de las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional fue un exabrupto jurídico y político, que terminó no sólo de aniquilar a la Asamblea Nacional al abrogarse el TSJ la facultad legislativa del Parlamento, sino que anula la inmunidad parlamentaria.

El primer error ¿inducido? fue que la sentencia 155 fue dada a conocer la mañana del martes 28 de marzo, a muy pocas horas que comenzara la sesión del Consejo Permanente de la OEA que debatiría la activación de la Carta Democrática ante la crisis venezolana.

Más o menos 24 horas después (29/03/2017) la misma sala del máximo tribunal de la nación dicta la sentencia 156, la cual viene a empeorar la imagen del Gobierno nacional. Ya no quedaban dudas: en Venezuela se había ejecutado un autogolpe similar al que cometió Alberto Fujimori en Perú.

Acto II: se soltaron los demonios

Eso desató los demonios. Eso generó fuertes reacciones nacionales e internacionales. La Asamblea Nacional declaró que había un autogolpe en marcha y seguidamente muchos fueron los países que no sólo criticaron los fallos, sino que calificaron como grave la afrenta a la democracia y hasta algunos llamaron a sus embajadores para consultas sobre el agravamiento del conflicto venezolano.

Pusieron la torta. El error ya estaba pasando factura a la radicalidad de los radicales. El mundo democrático estaba en shock con semejante acto del Gobierno venezolano y de sus secuestrados poderes públicos. Dieron más argumentos para quienes sostenían que en Venezuela hay una dictadura.

Ante los sucesos, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, convoca de urgencia a una nueva sesión del Consejo Permanente del organismo para activar la Carta Democrática. El mismo Gobierno entregó las pruebas de su conducta dictatorial.

Acto III: silencio en el cuartel

Misteriosamente ante la andanada de críticas y acusaciones, el Gobierno guarda silencio, algo que no es casual en un régimen con superávit de insultos. Sólo un comunicado de la Cancillería rompió tímidamente aquel estruendoso silencio, pero el mismo sólo rechazaba los señalamientos que venían del extranjero.

Lo más llamativo dentro del profundo silencio fue la conducta de los militares. No decían nada. Se había rumoreado que la noche del jueves 30 de marzo habría una alocución del Alto Mando militar con el fin de respaldar las sentencias y avalar la ruptura del hilo constitucional.

No hubo tal alocución. Ni siquiera salió un comunicado. Había silencio absoluto. No se escuchaba ni una mosca en el Gobierno. Algo muy extraño en una gestión donde se habla en exceso.

El viernes 31 de marzo se celebró una nueva reunión del Consejo de Economía Productiva que fue encabezada por el Vicepresidente, Tareck El Aissami. En sus palabras habló de muchos temas, pero ninguno en relación con el huracán que sacudía al Gobierno. Lo que si destacó fue el rostro de preocupación de los miembros del gabinete. Todos estaban con angustia en sus gestos.

Acto IV: la bomba explotó

Pero una bomba rompió el silencio. El gazapo salió de dónde menos se esperaba y no dijo lo que todos los venezolanos presagiaban. La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, alertó con palabras muy técnicas que había un autogolpe en marcha. Eso conmovió a la disidencia. Surgieron aplausos y hasta reconocimientos: la fiscal fue valiente, los militares deben hacer lo mismo.

Pero también aparecieron las tradicionales preguntas ¿Hay división en el Gobierno? ¿Es algo planificado? ¿Se alzó la Fiscal?

Mientras la jefa del Ministerio Público lanzaba su bomba de racimo, los militares continuaron en silencio. No decían nada. No dijeron finalmente nada. Pero si hicieron y mucho.

Durante todas las horas de la tormenta el mundo militar se movió, habló, amenazó y se reservó las acciones adecuadas. Nada los convencía. Ni el Ministro pudo ante aquella reacción de rechazo.

La incertidumbre era total. Mientras la Fiscal dijo lo que dijo. Mientras el Gobierno no abría la boca. Los militares seguían en silencio. No hubo pronunciamientos. No hubo aval. Sólo había la fuerte presunción que las cosas estaban muy mal a lo interior del régimen.

Acto V: avanza el montaje

Viernes 31/03/2017. Estaba prevista una alocución del presidente Maduro en el marco de uno de esos show de la Venezuela potencia. Al principio habló de todo, menos de lo que el país estaba esperando. Habló de redes sociales, del Big Data, del engaño imperialista, del espionaje, de los hacker y de tantas cosas que para nada domina.

Pero llegó el momento. Maduro habló de las sentencias y del discurso de la Fiscal. Quiso demostrar que en Venezuela hay independencia de poderes y que por eso él no sabía nada de las sentencias y mucho menos de la posición de Luisa Ortega Díaz.

Habló de las normales “controversias” entre los poderes públicos y que ante lo ocurrido había convocado el Consejo de Seguridad Nacional para intervenir y arreglar la “controversia”. Habló de diálogo y más diálogo. Habló de paz y más paz. Habló de democracia y más democracia.

El falso positivo entraba en una fase importante. Debían terminar la trama y buscar arreglar el golpeado rostro del régimen.

Acto VI: actos conclusivos

Con el teatro montado por Maduro y su Gobierno se cayó la imagen de la heroína, Luisa Ortega Díaz. Todo se derrumbó y se le vieron las costuras al “falso positivo”. Todo era un montaje para suavizar el recule.  No estaba alzada. Tampoco tuvo una epifanía democrática y de honestidad. Era parte del show.

Todo era un montaje para cambiar o anular las sentencias 155 y 156. Todo era un montaje para revertir la matriz internacional. Pero ya era demasiado tarde, porque quedaron en evidencia ante la comunidad de naciones.

El Gobierno estaba y sigue enredado en su propia trampa. No sabían cómo modificar o eliminar las sentencias. El costoso error era y sigue siendo difícil de enmendar, pero estaban haciendo el esfuerzo.

Ante las dudas sobre la competencia que el Consejo de Seguridad Nacional tiene para modificar una sentencia de la Sala Constitucional, hicimos una consulta a un experto en la materia quien fue categórico en afirmar que esa instancia no tenía la potestad de cambiar o anular las decisiones del TSJ.

Indicó el abogado que las decisiones de la Sala Constitucional sólo pueden ser revisadas por ella misma, ya que a través de su propia doctrina se convirtió en una especie de Tribunal Constitucional y no hay una instancia por encima de ella. Ni siquiera la Sala Plena puede hacerlo.

Por eso el enredo del Gobierno. No sabían cómo enderezar el entuerto causado por las sentencias 155 y 156. No sabían cómo adornar la torta que habían puesto. Pasadas las 9:30 de la noche del viernes 31/03/2017 comenzó la reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Por cierto, sin la presencia de la Fiscal General de la Nación.

Acto VII: ser o no ser

El autogolpe no fue del agrado de varios sectores del oficialismo. Lo vieron como un exceso innecesario. Entre los que más rechazo expresaron fueron los militares. Se comentó que el general Vladimir Padrino López trató de calmar los ánimos y de convencer al generalato y al resto de la alta oficialidad. No lo logró.

La exigencia era revertir las sentencias que validaban el autogolpe. La comunidad internacional pedían respeto a los valores de la democracia y de la separación de poderes ¿Y cómo lo hacemos? Fue la pregunta de moda en esas aciagas horas.

De ahí surgió el “falso positivo” y se determinaron los pasos a seguir. Este montaje concluyó con la decisión del Consejo de Defensa de la Nación que “exhortó” a la Sala Constitucional a “revisar” las sentencias 155 y 156. Pero además como se preveía de inmediato y por oficio, el máximo tribunal suprimió el contenido polémico de las dos sentencias y genera las decisiones 157 y 158.

Con estas decisiones y acciones el Gobierno pretende anular la percepción sobre que ellos habían ejecutado un autogolpe. Sin embargo, tal como lo dijimos, el mal está hecho. No hay un juego nuevo. El mismo juego está en marcha.

Acto VIII: error ¿inducido?

En varias ocasiones hemos hablado en Verdades y Rumores sobre la supuesta existencia de un “Deep State” tropicalizado en el Gobierno venezolano, que motiva al régimen a cometer errores “inducidos” con el fin de acabar con su imagen nacional e internacional.

¿Las sentencias 155 y 156 serán parte de las acciones del “Deep State” tropicalizado?

¿Es posible que un Gobierno cometa tantos errores?

¿Qué más hará el “Deep State” tropicalizado?

La respuesta pronto la conseguirá en Verdades y Rumores

 

Darwin Chávez|@VerdadesRumores

 

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