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En momentos cuando hasta cuatro de cada diez escolares abandonan las aulas por hambre, el Gobierno destina mil millones de bolívares más a las armas que al alimento para las escuelas.

Allí estaría una de las tantas razones del porqué los muchachos desertan de sus planteles, justo cuando más urgido de educación se encuentra el país.

Y es que desde todos los rincones de Venezuela se levantan voces denunciando la tragedia que significa la deserción escolar por hambre, un fenómeno hasta ahora inédito, pero que hoy forma parte de la cotidianidad en el sistema educativo nacional.

Delta Amacuro, Zulia, Aragua, Nueva Esparta, Miranda, Lara, Carabobo… puede ser cualquiera, porque todos, con algunas variantes, sufren la misma tragedia: “Los muchachos se están desmayando en las escuelas por hambre, los maestros están preocupados porque los niños no van a clases por falta de comida, porque no comen en sus casas y mucho menos en las escuelas”.

Esa es la realidad en Nueva Esparta, según el presidente de la Federación de Maestros en ese Estado, pero también podría ser la de cualquier otra entidad, donde los directores de escuelas y liceos tienen semanas, y hasta meses en algunos casos, manifestando su preocupación por el tema de la alimentación y el hambre de los alumnos.

Las alertas han sido recogidas por medios de todo el país. En el Zulia, por ejemplo, La Verdad revela que la deserción escolar aumentó un 20 por ciento. La magnitud del problema es tal que la  falta de matrícula estudiantil ha provocado el cierre de turnos en liceos, según el Presidente del Sindicato de Maestros.

Aragua no tiene mejor suerte. Todo lo contrario: sus cifras de deserción duplican las del Zulia, de acuerdo con las denuncias del presidente del Sindicato de Maestros, Profesionales y Técnicos de la Educación, quien aseguró al Diario Las Américas que el índice de inasistencia a las aulas de clases es del 40 %.

El Correo del Orinoco también contribuyó con las denuncias de una de las más graves problemáticas que enfrenta el país: “El hambre en Venezuela  no exonera al estudiantado de Táchira”, donde el Colegio de Profesores pidió a la Asamblea Nacional que se declare la emergencia en el sistema escolar, ante la precariedad de la alimentación que están recibiendo los menores: “Esto ha disparado las cifras de deserción escolar y traído consigo el acelerado deterioro del sistema educativo…”.

Mas grave aun parece ser la situación en Carabobo, donde la presidenta de la Federación Venezolana de Maestros calcula que el déficit alimentario propicia casi el 50 % del ausentismo escolar.

Desde Delta Amacuro, la diputada Larissa González denuncia que: “Son muy pocos los niños que van a la escuela porque no hay comida ni transporte. El año pasado 70 estudiantes perdieron el curso académico en Winamorena”.

En Lara no es más halagüeño el panorama, a juzgar por la versión del Alcalde del municipio capital, Alfredo Ramos, quien asegura que: ““Hay niños que se desmayan de hambre en las escuelas porque sus padres no tienen como alimentarlos… los educadores están regresando a los niños a sus casas porque… no llevan nada en el estómago”.

Pero más allá de las cifras, preocupantes en sí mismas, están los testimonios de los docentes: “Los representantes me envían mensajes diciendo que no pueden enviar al niño a clases  porque no tienen para darles de comer”, dicen en Villa de Cura.

“En la escuela tenemos la bendición de tener una gran mata de mango en el medio del patio, cuando cae un mango no tenemos niños, tenemos pirañas que se pelean por agarrar el mango”, cuentan desde Maracay.

Entonces se preguntan: “Cómo se le puede pedir a un niño que rinda en sus estudios, que preste atención o no se duerma a mitad de la clase cuando tiene hambre y prácticamente come lo poco que pueden conseguir en el colegio: un mango”.

En Miranda: “Una alumna lloraba por el ardor estomacal provocado por no haber comido en dos días, otra se había desmayado cuando entonaba el Himno Nacional de Venezuela y un niño pedía acudir en el asueto de Carnaval a la escuela para comer en el colegio”.

Es que hay hambre. Por eso dejan la escuela. Y cuando asisten: “Observamos que muchos niños están distraídos. Esto se debe a que un cerebro anémico no piensa ni aprende”.

No puede ser de otra manera en un país donde comer tres veces al día se ha vuelto cuesta arriba, por obra de una insaciable inflación y la pertinaz escasez de alimentos, donde aumenta indetenible el número de ciudadanos que no consigue como alimentarse, donde un tercio de la población acaso come dos o menos veces al día y donde se cuentan por millones las deficiencias nutricionales.

De ello da fe un estudio realizado por la Secretaría para el Progreso Educativo del estado Miranda, el cual revela que uno de cada tres alumnos está comiendo menos de tres veces al día. De hecho, el 6% come una vez al día y el 24% lo hace dos veces al día. Mientras que los maestros no corren mejor suerte: el 41% hace dos comidas diarias y el 7% acaso come sólo una vez.

Mientras tanto, según denuncia del diputado a la Asamblea Nacional, Miguel Pizarro, en Venezuela se invierten mil millones de bolívares más en armamento que en alimento para las escuelas…, a pesar de que: “En nuestro país hay hambre… cerca de la mitad de la población ha reducido su carga calórica… Y la deserción escolar por falta de comida es una realidad”.

Y es que además del drama que supone la falta de alimentos en hogares y anaqueles, el Sistema de Alimentación Escolar (SAE) va de mal a peor, de acuerdo con los testimonios de maestros y dirigentes sindicales: “Le dan a los alumnos arroz con plátano sancochado, o pasta sin salsas, o arepas de zanahorias  o remolacha y en el mejor de los casos pollo hervido porque no tienen ingredientes para sazonarlo”… cuando les dan.

Porque hay casos en los cuales se trasladan al plantel las diferencias ideológicas, pero en el mejor de los casos los niños: “Están comiendo una comida que nada tiene que ver con el balance nutricional en cuanto a lo que debe percibir un muchacho a esa edad“, por cuanto el SAE: “Tampoco satisface las necesidades de la población estudiantil”.

Una razón más para vislumbrar lo que se avecina: “Nos esforzamos porque los niños tengan buena educación, pero sin comida ¿qué educación podemos darle si carecemos de alimentos?”, además de que: “La deficiencia en el Programa de Alimentación Escolar incide directamente en el proceso de adquisición de los contenidos programáticos”, según los distintos profesionales de la educación y la salud.

Entonces crecen los temores al solo pensar que tengan razón quienes afirman que el futuro de un país se parece al presente de sus escuelas.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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