Las mentes más oscuras del chavismo creyeron haber encontrado en ese invento del «proceso de validación» de los partidos, la forma más expedita de acabar con los partidos de oposición.

La jugada, partía de suponer que las organizaciones partidistas opositoras iban  a negarse a convalidar esa medida; evidentemente, distraccionista de la crisis y oportunidad de inhabilitarlos ante posibles escenarios electorales.

Por otro lado, se imaginaron que, dado el bajón anímico del universo identificado con la opción opositora y su evidente recelo por las últimas decisiones de la MUD, no habría efectividad en la convocatoria.

Se equivocaron. Las jornadas de validación provocaron el despertar de dichos partidos, hasta ahora, en letargo; así como la activación de su militancia. El CNE les presentó un motivo organizacional y de comunicación con sus afiliados.

La modorra de los partidos, recibió un corrientazo, un toque de ánimo, con la pequeña ayuda del CNE. De repente, la militancia política opositora estaba relanzada en la lucha política.

Disiento de aquella postura que ve en la validación una actitud de sumisión ante el régimen. Bien aprovechadas, dichas jornadas pueden ser espacios para ejercitar el músculo de la lucha política democrática.

He visto pasar por mi casa varias veces a los adecos, con el » Adelante a luchar milicianos» a todo volumen.

También a los de Voluntad Popular, Primero Justicia…

En términos coloquiales, les salió el tiro por la culata. En sentido político, le dieron una finalidad y un compromiso a los partidos y sus seguidores, para retomar la participación. Aunque el poder, por naturaleza, intenta fortalecer la idea de que son invencibles e infalibles, siempre habrá fisuras y errores. En nuestro caso, el régimen comete errores ¡Y muchos! Sacar provecho de ello, forma parte del planeamiento político.

 

Periodista

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