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Un país mal gobernado, una crisis que carcome hasta los huesos de los ciudadanos, hambre, miseria, escasez, inflación, frustración y desencanto, describen el entorno en el que se encuentra Venezuela; que denota el 78,2% (según las encuestas de la Fundación Zulia Productivo del 15 de Marzo de 2017) de ciudadanos en contra del Gobierno, que espera y pide cambio. Sin embargo, paradójicamente se encuentra una oposición que no capitaliza ni con la suma de todos los partidos políticos de la MUD el 36% de ese descontento. ¿Por qué?, será que no conocen al adversario, será que desconocen la manera de hacer propaganda política, o será que no saben qué hacer.

Los escenarios políticos y las líneas de tiempo en Venezuela siempre han pedido “Cambio”, lo que pareciera decir, que siempre hemos estado mal. Entonces, es muy simple, los actores políticos que gobiernan el país y quienes hacen las veces de opositores son títeres de unas piezas de ajedrez político que tumban caballos y peones, pero jamás las torres y ni siquiera ponen en jaque al rey.

Muy simple, no hay conexión con las necesidades del ciudadano, no ofertan nada que represente cambio o salidas, ni propuestas factibles y viables a la crisis; solo se encargan de mercadear la palabra “esperanza” o “fe”, pero sin materializarla. Aunque parezca confuso, es sencillo, no es que le digas al ciudadano que no pierda la fe o que tenga esperanzas; es que la propuesta que ofertes sea en sí misma la respuesta a la promesa que pueda hacer tangible esa esperanza y esa fe. Los actores políticos están en una carcasa de engaños, en las que consideran que el mal gobierno los llevará al poder, y aquí me permito romperles esa cobertura para que hagan frente a la realidad, dejar pasar el tiempo y no cultivar una emoción con el ciudadano deja el terrero libre para que otro lo haga, es posible que esta dejadez lleve a que surjan liderazgos alternativos que emerjan de los propios ciudadanos que se sienten atados y utilizados como electores.

Es momento de trabajar en la conciencia del ciudadano, en despertar el interés por la política sin adjetivos, dejando de lado la vieja forma de hacer política en la que se fomenta el populismo por encima de la probidad. Sin desperdiciar recursos, ni seguir crédulos de las patrañas de los actores desgastados de la politiquería que pretende volver al poder con la ilusión de que antes o que jamás con ellos se vivió tan mal. Comprender y reconocer que el bipartidismo y la polarización le hicieron mucho daño al país, sumergiéndolo en una especie de estancamiento cíclico el cual a su vez genera el deterioro social.

¿Qué hacer?, si se quiere ser líder, trabajar con el coach político, potenciar sus habilidades, orquestar estrategias de marketing político (procurando no cometer los errores de la mal autodefinida “Mesa de la Unidad Democrática”, o de los actores políticos reciclados de la historia), establecer la comunicación política considerando las nuevas formas de hacer propaganda y de vender ofertas electorales (el neuromarketing, por ejemplo), y sobre todo, considerar la investigación política, en la que se tome en cuenta lo que dice querer el ciudadano y sus necesidades reales, a fin de orientar los esfuerzos y acciones para alcanzar posicionamiento positivo (es decir, ser la primera opción elegible).

Si se quiere destacar en la política no se debe hacer lo mismo que hacen otros, el éxito estará dado a partir de la diferenciación, saque ventajas de sus atributos y propuestas electorales. Trabaje en descifrar y descomponer lo que quiere el ciudadano. Pues hoy, con 18 años de mandato la bancada roja, a pesar de no contar con el respaldo popular sigue en el poder; y la azul, sigue peleando como niños por un barquito de papel. Absurdo, pero cierto. Ojalá y dejen de perder el tiempo, el país requiere una transformación que lo eleve y convierta en la cuna de la prosperidad y progreso que durante años fue gestando.

 

@osorioanamaria|[email protected]|@marketingpolitico.amo

Periodista|Análisis del discurso|Marketing político|Locutora

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