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YAJAIRA HERNÁNDEZ|Holocausto de hambre

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Cuando a duras penas los habitantes de un país comen una quinta parte de lo que deberían, a nadie tendría que sorprender los altos índices de desnutrición o la presurosa huida por las fronteras en busca de comida… ni siquiera las muertes por hambre.

Y eso, precisamente, es lo que a diario ocurre en Venezuela. Lo que se ha convertido en rutina. Lo que ya es parte de la cotidianidad.

No son cuentos de camino. Es la dolorosa y repulsiva tragedia que vive el venezolano, cuya ingesta de comida, en el mejor de los casos, se ha reducido de veinte a cuatro alimentos por día, de acuerdo con la Encuesta Sobre Condiciones de Vida, capítulo Alimentación, cuyos resultados revelan que: “De 20 tipos de alimentos que debe consumir una persona para considerar que tiene una dieta adecuada, el venezolano come solo 4 de ellos”.

Claro que eso tampoco es frecuente, si se considera la reciente declaratoria de Emergencia Alimentaria formulada por la Asamblea Nacional, debido a la hambruna que agobia a un respetable porcentaje de quienes viven en territorio patrio.

Y es que en Venezuela ya hay gente muriendo de hambre. Para muestra están los registros presentados por el diputado Carlos Paparoni durante su intervención en el Parlamento, según los cuales 27 menores han perdido la vida por inanición en lo que va de año.

Ese es uno de los resultados de la precariedad en la cual se ha convertido la vida en el país del petróleo y que ha llevado a tres millones de venezolanos a escarbar entre la basura en busca de sustento. Mientras otros ocho de cada diez pasan hambre por falta de alimentos y dinero para comprarlo.

El Observatorio Venezolano de la Salud, a propósito, alerta sobre los riesgos que suponen esas carencias y asegura que: “Hay una doble carga de malnutrición debido a la escasez y altos costos”.

La explicación técnica sugiere que aunque una persona muestre señales de obesidad puede estar anémica por falta de nutrientes: “El fenómeno de la doble carga de malnutrición existe en el país y se ha agravado con la crisis porque los alimentos económicos para las familias son los carbohidratos y grasas… hay pocos nutrientes complementarios como vitaminas, vegetales, proteínas y aceites en la dieta del venezolano”.

Lo peor es que no hay soluciones visibles, porque mientras los expertos sostienen que demoraría por lo menos 10 meses volver a abastecer los automercados para comenzar a resarcir los daños, el desGobierno no sólo ignora a la población vulnerable con  desnutrición o en riesgo, sino que se empeña en negar la gravedad de los daños que el hambre está causando a los venezolanos.

El hambre es la responsable, entre otras cosas, de que decenas de indígenas warao, allá en el sur del país, emigren en torrente hacia el norte de Brasil en busca de alimentos, de acuerdo con una publicación de El País de España.

Esa misma hambre es la causa de que, según medios digitales: “Algunas madres en el centro de Guarenas se sienten junto con sus hijos a esperar el camión de la basura para sacar las bolsas que sean ‘salvables’”. Pero lo peor no es escarbar entre desechos, sino que: “Para esta búsqueda también se hace cola”… mientras haya aliento.

Otros no corren la misma ‘suerte’ y sucumben a los estragos de la depauperación, razón por la cual lo que desde hace meses llaman ‘crisis humanitaria’ se transforma rápidamente en ‘holocausto de hambre’, según el diputado a la Asamblea Nacional, Antonio Barreto Sira, quien sostiene que: “La situación de desabastecimiento, escasez y alto costo de la vida se incrementa ante la prolija ‘política de ruina’ que se lleva adelante desde el Palacio de Miraflores”.

Para infortunio del venezolano, el parlamentario parece estar en lo cierto, a juzgar por las declaraciones que el miembro del Consejo Consultivo de la Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea), Freddy Cova, ofreció a El Impulso: “Los inventarios en la industria nacional de alimentos están en cero, porque al no haber materias primas, no hay producción en proceso y lo poco que se produce se distribuye inmediatamente”.

Lo peor es que aun no se ha tocado fondo, pero esa es la dirección, de acuerdo con las estimaciones de Cavidea: “No hay producción y tampoco importaciones, lo que nos puede conducir a situaciones de escasez mucho más graves”.

Mientras tanto, el desGobierno y sus adláteres, insaciables en el yerro como han sido, insisten en negarse a reconocer que solos no pueden, porque no tienen neuronas ni interés para enfrentar con éxito la magnitud de la emergencia.

No sólo eso. El desGobierno persiste, altanero como el que más, en presumir de dignidad en un informe dirigido al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a través del cual se compromete a cumplir solo tres de las 274 recomendaciones que recibió durante el II Examen Periódico Universal de Derechos Humanos, documento a través del cual no deja lugar a dudas: “Venezuela no pedirá a ningún país del mundo ni a ningún organismo internacional ayuda…”.

Tan insidioso ha resultado este Ejecutivo que no solo se niega a aceptar ayuda internacional para resolver los entuertos que su incompetencia le impide arreglar, sino que ni siquiera tiene prevista esa opción para superar el desabastecimiento de alimentos.

Y es cuando viene al presente, a este rincón del planeta, la reina Cristina de Suecia de los años 1600s: “Los hombres siempre desaprueban lo que no son capaces de hacer”.

Mientras que el premio Nobel de Literatura en 1921, Anatole France, quizás dotado de una insospechada visión futurista e inspirado en lo que más adelante sería el Gobierno bolivariano, fue tajante cuando, consultado acerca de la posibilidad de dedicarse a los menesteres de la política, respondió: “No estoy tan desprovisto de aptitudes como para tenerme que dedicar a la política”.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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