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Las primeras páginas, de las versiones impresa o digital, de las mayorías de los periódicos venezolanos, diariamente reseñan eventos relacionado con el comportamiento “dictatorial” del gobierno de Maduro, su combo y los locos y sino, difunden los “enfrentamientos” internos o el “comportamiento complaciente” de los partidos opositores, aglutinados en la MUD. Ambos tipos de noticias son, a lo menos, disparadores de desesperanza, pues, cada línea que se lee, inyecta el desagradable remedio de entender que éste, aparentemente, es peor que la enfermedad. No lo digo yo, lo dicen las encuestas, las mismas que aseguran que casi 9 de cada diez venezolanos quieren a Maduro fuera, así que deben ser ciertos los otros numeritos.

En esas recientes encuestas, también se midieron “otras realidades” políticas, entre ellas el bajón popular del sector opositor que arribó al poder el pasado 5 de enero de 2016. Si el venezolano, en casi 7 de cada 10, considera que los partidos opositores deben actualizarse  u 8 de la misma muestra, no creen que puedan sustituir a Maduro antes del 2018, la cosa está fea. Y no está fea para el PSUV, esa “raya” no les pertenece, está fea para quienes consideran que el futuro de este país no puede estar en manos de la mal llamada “revolución” bolivariana. El temor se ha extendido hasta nuestros días, debido principalmente a que ya arribamos al tercer mes del año y mediáticamente hablando, de seguir la misma senda que se viene recorriendo desde hace 18 años o “cambiar de rumbo” con “esta” oposición, el horizonte anuncia tempestades y la realidad de los últimos 13 meses, sustentan cualquier predicción trágica para Venezuela, ninguna que apunte a lo contrario.

Estas “inconsistencias” opositoras en el manejo de la actual crisis venezolana, la que es 99,9% política, trazan un perfil muy desalentador ante un posible gobierno de la oposición en Miraflores. Son muchas las razones, pero la mayoría han sido “gestadas y paridas” en el mismo seno de la MUD. Los cambios en la AN y en la secretaria nacional de la organización que reúne a todos los partidos opositores al régimen de Maduro, su combo y los locos, certifican, que “las diferencias…hacen la diferencia”.

Para muchos, entre ellos yo, el 2016 les pasará factura, por lo menos durante todo este año. Y cuando me refiero a “les pasará factura”, no hablo del oficialismo. Es inaudito, y quienes han leído EPS desde finales del año pasado y la anterior entrega, saben que existen hechos que demuestran como el sector opositor “malgastó o desperdició”, como quiera Ud.  mi estimado lector evaluar el comportamiento de los opositores,  la oportunidad más cercana, la “oportunidad de oro”, diría yo, para lograr el objetivo final, aunque hoy abundan las dudas sobre si realmente se planificó un objetivo final, y si se hizo, cuál fue, porque luego de un año, aparentemente, no existió.

Si el fracaso del golpe de Estado de 2002 estuvo en manos del sector empresarial que asumió su liderazgo en la madrugada del 12 ante el “nefasto” pasado de las organizaciones políticas tradicionales que también participaron en los sucesos de abril, tal y como lo han expresados algunos protagonistas de los hechos, hoy, todo lo sucedido desde enero de 2016, ha dejado en pañales los errores cometidos aquellos cuatro días para salir de la revolución bolivariana por la fuerza. Ya nadie se acuerda de Carmona Estanga, al igual que Maduro ha reivindicado el gobierno Chávez al ser peor, las actuaciones opositoras del último año, han hecho olvidar el “Carmonazo”, su combo y sus locos. Y es que las “batallas” opositoras en estos 18 años han ido desde las más organizadas, hasta los “despelotes” más inverosímiles de la improvisación política. Si y sólo si, han sido improvisaciones, pues, algunos, entre los que me cuento, han comenzado a dudar sobre esa ingenuidad e improvisación de los sectores opositores, para entender que existe una pequeña posibilidad, maquiavélica por demás, aunque en política se hace uso de cualquier cosa y estrategia, que han encendido los análisis para tratar de entender la actitud del liderazgo político opositor en el último año de esta Venezuela de gente comiendo de la basura, narco sobrinos, miles de millones de dólares desaparecidos y políticas que promueven la hambruna, según han dicho algunos críticos del régimen, como la de los CLAP, que han arribado a un año de existencia y pese a todo ello, tal y como lo recalcamos la vez pasada, aquí no se ha movido un papelito. Por el contrario, las presiones que motivan de vez en cuando al pueblo opositor vienen de afuera, avivando una suerte de llegada de un Mesías Extranjeros, como verdugo de lo que a juicio de muchos expertos nacionales y extranjeros, debe ser responsabilidad exclusiva de los propios venezolanos.

La situación agobia aún más cada día, no hay duda de ello, pero la misma resignación del pueblo, opositor y opuesto, que hoy, son mayoría, ante la inacción de los sectores opositores, conducen el ánimo de todos a una especie de letargo. La gente ya no se preocupa por su Micromundo, la gente, en definitiva, ante el vacío fuera de éste, prefiere encerrarse y dormir en la pasividad absoluta del suyo.

El problema político de Venezuela arropó a todos, inclusive  al espectador, que en realidad es votante, al menos aquel que cumple con lo planteado en la ley del sufragio. Este espectador ha sido, a juicio de muchos, entre ellos me cuento, cumplidor con su rol sociopolítico, sin embargo, el problema no ha estado en si el espectador ha cumplido o no con su voto o bien con su participación, en la que el espectro de opositores y opuestos es mayor, mucho mayor, al remanente con el que cuenta el régimen, de eso no hay duda, ni se puede pedir más sacrificio. El problema ha sido y parecer que seguirá siendo, el “conductor” del cambio. No lo hay, y si lo hay,  está ausente. Una cosa es decir que está presente y no lo ven, y otra, decir que está y verlo. La primera parte de esta lapidaria frase se ajusta a lo que las encuestas han percibido entre el pueblo opositor y opuesto en relación con el liderazgo opositor.

En el pasado, AD y COPEI fueron acusados de haber implantado por casi 40 años, una partidocracia, destructiva, de acuerdo a los ideólogos de la revolución “bonita”, dañina según otros, que logró, entre otras cosas, justificar lo que algunos líderes oficialistas, de estos que ahora sobre sales en la palestra pública, llaman la razones para emprender la lucha revolucionaria de 1999. Casi dos décadas después, el proyecto iniciado por Chávez arriba a su 18 años, cumplió la mayoría de edad, mientras que los partidos, aglutinados en la MUD, aparentemente han vuelto a las andadas de antaño y nuevamente, pareciera, que la partidocracia opositora está DESTRUYENDO todo el esfuerzo de un pueblo que desea cambio, y que el único error que aparentemente ha cometido es confiar su destino, que al final es el de todos, a los “planes desconocidos” que se discuten y tejen en el sector opositor al gobierno de Maduro, su combo y los locos. La misma enfermedad política, pero  teniendo como paciente al oficialismo, es, a juicio de muchos también, entre ellos yo, la razón del fracaso revolucionario. Todo alrededor del capricho de uno, de dos o de tres partidos, no puede ser bueno, ni para uno ni para los otros.

No recuerdo, en lo leído con la historia contemporánea de Venezuela, en mi escuela primaria, secundaria e incluso en mi facultad de comunicación social, acerca del tiempo que el pueblo de la Venezuela de 1958 tardó en darse cuenta de lo dictatorial del régimen de Marcos Pérez Jiménez. Lo que sí recuerdo, es lo que muchos analistas escribieron sobre las implicaciones de los partidos involucrados en el golpe de ese año, en la construcción de la Venezuela post Pérez Jiménez. De hecho, los nueve presidentes antes que Chávez fueron protagonistas y líderes en sus respectivas toldas políticas durante todos los procesos políticos, económicos y sociales que dieron al traste con la sucesión militarista iniciada por Delgado Chalbaud luego de derrocar a Rómulo Gallegos en 1948. Sin embargo, es importante resaltar algo de suma importancia, para poder entender lo que hoy sucede en nuestro país. Fueron realmente militares los que derrocaron a Marcos Pérez Jiménez, no los partidos.

Por mucho que se haya querido ensalzar, adornar, reconocer, el papel de los partidos políticos de entonces en la caída de Pérez Jiménez y luego, haber reducido públicamente el de los militares que contribuyeron al derrocamiento del dictador, hoy está pasando factura a esa forma de imponer “solución política”, pues un Golpe de Estado, aunque Ud. no lo crea, es también una solución política, jamás habría podido ejecutarse si no hubiese contado con el apoyo de un sector militar, sobre todo cuando el gobierno que se intenta derrocar está armado hasta los dientes. Mientras los hombre de verde se mantengan fiel al régimen, tal y como lo han hecho hasta ahora, escudados en que lo son a La Constitución y las leyes, la revolución seguirá “gobernando” al país. La solución no es exclusiva de la partidocracia que gobierna al país, ni de la que aspira gobernarlo, es, en todo caso, otro triunvirato cívico/ militar que sí nos ha dejado DEVELADO el 2016 y que ahora se afianza este año: aquí no hay futuro sin pasar por la mesa de negociaciones con los militares. Todo esto se resume a dos tendencias políticas civiles que han gobernado y desean seguir haciéndolo: la izquierda y la derecha, nueva o recalcitrante y otra fuerza política, surgida desde los cuarteles: los militares, que luego de haber sido acompañante del poder civil por 40 años, ahora tienen en su currículo de vida 18 años de gobierno absoluto y para ellos no es nada fácil dejarlo. Nadie se acostumbra a dejar el poder. Así están las cosas. Hasta la próxima semana…

 

Ismael Rojas|@Isma64|Periodista|Profesor universitario

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