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Con tanta frecuencia como se tomarían las dosis de un jarabe para la tos, asesinan a un venezolano en cualquier rincón de la geografía nacional.

Y es que al llegar a su mayoría de edad, la revolución colorada exhibe el nada decoroso record de acumular 285 mil muertes por homicidio, de acuerdo con las cifras presentadas durante un foro sobre ‘Vidas perdidas en revolución’, realizado esta semana en la sede del Palacio Federal Legislativo.

La escandalosa cifra sugiere que diariamente muere un promedio de medio centenar de venezolanos por causa de la violencia criminal. O, lo que es lo mismo, cada media hora le arrebatan la vida a un ser humano en territorio nacional.

Los registros fueron presentados por el presidente del Observatorio Venezolano de Violencia, Roberto Briceño León, quien ofreció estadísticas según las cuales cerca de un tercio de esos decesos ocurrió durante la gestión de Nicolás Maduro, en cuyos 46 meses de desGobierno se han reportado 103 mil muertes violentas.

Con semejantes números habrá que concluir que no sin razón Venezuela ocupa un sitial de ‘honor’ entre los países donde la vida humana corre mayores peligros en todo el planeta.

De ello dan fe la Asociación Internacional de Ciencias Policiales y el Instituto para la Economía y la Paz, cuyos líderes difundieron un informe según el cual Venezuela es el país más inseguro de América Latina.

El documento, que recoge el Índice Internacional de Seguridad Interna y Policía, como resultado de un sondeo que evalúa el rendimiento de 127 países, revela que la patria de Bolívar ocupa el puesto 119 entre los más riesgosos, lo cual indica que Venezuela se encuentra entre los de peor desempeño en materia de seguridad ciudadana

El director de investigación del Instituto para la Economía y la Paz, Daniel Hyslop, a propósito de los resultados, aseguró que: “La situación de seguridad interna en Venezuela se está degradando, sabemos que es probable que la tasa de homicidios suba significativamente y pensamos que ahora es de 50 por cada 100.000 habitantes, lo que es increíblemente elevado”.

La apreciación, alarmante en sí misma, se queda corta si se considera que el Observatorio Venezolano de la Violencia viene alertando desde hace rato acerca del incremento desproporcionado de las muertes por homicidio, las cuales calcula en 90 por cada cien mil habitantes.

Ello sugiere que las tasas nacionales casi duplican los cálculos internacionales que llevaron a Venezuela a liderar a las naciones más inseguras de América.

Ejemplos abundan para ilustrar la gravedad del crimen en Venezuela. Uno de ellos revela que la región menos violenta del país es Mérida que, con una tasa de criminalidad de 57 por cada 100.000 habitantes, supera a México y Brasil.

Y es que la escalada de la violencia criminal ha sido de tal magnitud que en el último período de la llamada ‘IV República’ llegaba a 20 por 100.000 habitantes la tasa de homicidios. Es decir, casi una quinta parte de los 96 que se reportaron al cierre de 2016.

Briceño León aclaró que la situación de criminalidad e inseguridad reflejada en las cifras de 1998 no eran para alegrarse. Sin embargo, considera que: “Si las políticas de la época se hubiesen mantenido, aunque el número también significaba un drama, para 2016 se hubiesen evitado por lo menos 200 mil muertes”.

Pero no fue así. Todo lo contrario. No sólo no se mantuvieron las políticas aplicadas en vísperas de la ‘revolución bolivariana’, sino que aquellas fueron abandonadas y luego naufragaron en un caos de improvisación, ineptitud e incompetencia en manos de decenas de ministros, múltiples planes fracasados y la demostración fehaciente de que la seguridad no es precisamente una prioridad para quienes desmantelaron la tierra de libertadores.

Para infortunio del venezolano, no podía ser de otra manera en un país donde la desconfianza o el miedo al sistema judicial impiden denunciar seis de cada diez delitos y donde nueve de cada diez de los crímenes conocidos permanece en la impunidad.

Así, mientras las familias lloran a sus muertos y resienten la impunidad de la agresión a sus deudos, a la máxima estación de la (in)Justicia ascienden togados con prontuarios en lugar de currículo, funcionarios bajo sospecha internacional se sientan a la diestra del estrado presidencial y los pranes se bañan en las playas de Margarita.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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