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La única manera de asimilar lo que está sucediendo en el país y lo que está por suceder es bajo la perspectiva de la lucha que cada venezolano debe librar  diariamente  para llevar adelante y superar lo peor de la crisis,  que se nos avecina.

El régimen  no ha tomado medida alguna para controlar la inflación, el desabastecimiento, la devaluación, la inseguridad, el contrabando, la corrupción, así como tampoco en el deterioro de los servicios. En estos aspectos el presidente Maduro ha fracasado categóricamente, por lo que su apoyo popular se encuentra  hoy en los niveles más críticos  y el país  se encuentra  devastado y destruido. Mientras continúe el control de cambio y el control de precios la economía irá de mal en peor,  y al final quienes pagaran  las consecuencias son los venezolanos.

Los indicadores económicos no pueden ser más oscuros. Algunos expertos opinan que la caída económica de Venezuela en los últimos tres años solo es superada por el llamado período especial de Cuba, país que sufrió una recesión de 33%; la de la Venezuela actual  es de 29%.

Los niveles de desnutrición aguda ubican a Venezuela en el nivel  internacional correspondiente de alarma por inseguridad alimentaria, mientras que la desnutrición crónica ya se ha manifestado en un importante porcentaje de niños venezolanos. En el último trimestre de 2016 la fundación de la iglesia católica, Cáritas Venezuela, así lo comprobó a través de la realización de una evaluación nutricional en 25 parroquias pertenecientes a cuatro estados de Venezuela.

Es absurdo que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y felicidad, en un sistema de gobierno que perdió la oportunidad de transformar el país cuando aun contaba con enormes recursos, por lo que es lógico pensar, que no lo podrán hacer tomando en consideración la penosa y comprometida situación actual en la cual se encuentra sumergido el país. Debemos  mantener en nuestra mente, que mientras dure el actual régimen largo será el sufrimiento y sombrías sus consecuencias.

Es esencial que no nos dejemos vencer por la desesperanza, ya que el ser humano crece en la medida en que está convencido de que hay un mejor mañana y de que se convenza que no hay poder externo que pueda quitarle su deseo de ser libre.

Nos afectamos psicológicamente con pensamientos pesimistas que rayan en lo perturbador y obsesivo, contagiándonos con esa propensión enfermiza hacia al escepticismo, la desilusión, la decepción y la desesperación. Una cosa es que la realidad del país sea trágica, y otra que la tragedia sea el horizonte de nuestros deseos y aspiraciones. La esperanza nos ayuda a que no perdamos la fe y que mantengamos vivo el aliento. Si el país se domestica y pensamos que nos atan cadenas que no existen, triunfará la desesperanza.

El Gobierno y sus personeros buscan apagar nuestra esperanza, pero no lo permitamos. El pueblo venezolano no puede perder la esperanza de tener y de vivir en una Venezuela mejor, por lo que es necesario que rompamos el ciclo de desesperanza al cual nos quieren  someter.

 

@OcandoM|Médico

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