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Existen muchas razones por las que los seres humanos huimos de la realidad que nos circunda. Una de ellas es la demencia, penosa enfermedad que anula al ser humano, porque lo incapacita para vivir a plenitud su cotidianidad. Los drogadictos y los alcohólicos, también huyen de la realidad porque apuestan por un falso placer para olvidar sus penas y conflictos existenciales. Se refugian en el vicio para darles rienda suelta a sus demonios.

Otros, en cambio, huyen de la realidad deliberadamente para alcanzar fines inconfesables. Huyen de la realidad aparentando que todo está bien, aunque su actitud y acciones perjudiquen a los demás. Este tipo de evasión es la peor de todas, porque se obra con plena conciencia, sin importar hacer el ridículo, pasar por embustero o ser miserables ante el dolor ajeno. Este tipo de personas representan un peligro inminente para la familia, la sociedad y el país en general. Dentro de esta categoría, podemos ubicar especialmente a la mafia que nos gobierna,  encabezada por el mismísimo presidente Maduro.

Recientemente, el presidente de la República, en tono sarcástico y de burla expresó, en cadena nacional que, “la dieta de Maduro te pone duro”, a pesar que la realidad habla que más del 74% de los venezolanos perdió ocho kilos o más durante el 2016, debido al hambre que sufre el pueblo; esa actitud desnuda la miseria infinita de la persona que tiene la responsabilidad y obligación de garantizar la alimentación de la sociedad que lo eligió como presidente hace cuatro años atrás.

Los malos chistes del presidente se multiplican, pensando que con esa risa burlona puede engañarnos y  esconder las desgracias que su régimen reproduce a diario. Pretende huir de la realidad, cuando afirma que los venezolanos devengamos el salario mínimo más alto de América Latina, cuando la verdad es que no nos alcanza siquiera para comprar lo estrictamente necesario. El 90% de los venezolanos, según la encuesta ENCOVI, manifiesta que su sueldo no les alcanza para comprar los alimentos de la familia. La inflación devora nuestros salarios y destruye brutalmente la exigua capacidad de ahorro de los venezolanos. La hiperinflación, realidad imputable exclusivamente al régimen revolucionario, es un cáncer que incrementa dolorosamente la pobreza en Venezuela, con las nefastas consecuencias que de ella se derivan.

El régimen pretende huir de la realidad ante la pavorosa escasez de alimentos, con la invención de las bolsas Clap. Esas bolsas nos golpean muy fuerte y ponen al descubierto que la cacareada soberanía alimentaria es otra burla más de este régimen inmoral y corrupto. No somos capaces siquiera de producir lo que comemos, dependiendo de unas importaciones cada vez más reducidas, o de una ayuda internacional confiscada por el gobierno, cuyos alimentos son vendidos y distribuidos según los intereses del régimen. Maduro pretende huir de esta dantesca realidad, pero las colas, la desesperación y la angustia de las familias venezolanas, lo delatan.

La salud es otro tema del que huye este régimen oprobioso. La realidad diaria nos abofetea porque los venezolanos mueren de mengua en hospitales colapsados, que no tienen los insumos básicos para resolver una emergencia por sencilla que sea. Mientras tanto, el régimen anuncia con tono jactancioso que la revolución es la única que ha alcanzado avances gigantescos en el área de la salud. Por querer esconder tan terrible realidad, se mueren niños, ancianos, pacientes con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas o recién paridas, haciéndose patética la miseria de un gobierno que no le importa la vida de los venezolanos, porque su único interés es mantenerse en el poder al costo que sea.

Mientras la gente pasa trabajo, y se las ve negras, el régimen celebra con bombos y platillos unos suntuosos  carnavales en la ciudad capital; sólo los miserables celebran con la pobreza de la gente. Con música y un bullicio moribundo intentan silenciar los gritos de millones que deseamos el fin de la tragedia para que, de una vez por todas, los nuevos gobernantes enfrenten la realidad sin huir de ella y nunca jamás se burlen de los venezolanos.

El espejismo del régimen proyecta que la educación es otro logro maravilloso de la revolución. La realidad nos dice otra cosa; la deserción escolar se ha incrementado escandalosamente porque, entre otras razones, los padres no tienen como alimentar a sus hijos para que asistan a las escuelas, mucho menos comprarles vestidos y libros. Esa realidad no es diferente en liceos y universidades. Cada vez son más los venezolanos que dejan de estudiar porque no existen condiciones ni razones que los motiven a prepararse. Sin conocimientos, la tarea de reconstruir la nación se hará más cuesta arriba, aunque para el régimen somos el país potencia de Latinoamérica. Cuanta mentira, cuanta burla, cuanta miseria acompaña a este régimen forajido.

La dramática y compleja realidad que estamos viviendo nos obliga a ser consecuentes y leales con la nación. No podemos imitar un régimen que huye de sus responsabilidades y obligaciones, dejando una estela de muerte, pobreza, frustración y desesperanza a su paso. Ellos huyen porque piensan que de esta manera pueden eternizarse en el poder; pero sabemos que no podrán esconder por mucho tiempo su mentira, desidia e incapacidad. Si nosotros hacemos los esfuerzos necesarios, basados en la organización, movilización y participación popular, podremos castigar a este gobierno decadente que se embriaga a conciencia para huir y burlarse de los sufrimientos de la gente;  podremos impulsar el cambio que nos devuelva el país que esta gente quiso esconder y poco a poco está asesinando. Vamos a vivir en un país que, a pesar de la dura realidad, cuente con el amor, el apoyo y la grandeza de sus hijos para alcanzar las cosas buenas que una sociedad libre, moderna y de progreso se merece.

 

@EfrainRincon17|Profesor titular de LUZ

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