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Me dirijo a ustedes, preocupado como estoy ante la inconstitucional conducción y consecuente desinstitucionalización a la cual se ha sometido progresivamente a la Fuerza Armada Nacional durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, para pedirles que reflexionen sobre el desprestigio que se le causa a nuestra institución al violar el contenido de los artículos 328, 330 y 331 de la Constitución Nacional, con el inaceptable objetivo de convertir a nuestra institución en un instrumento político que destruya los principios y libertades fundamentales de nuestro Estado de Derecho, tales como la ética, el pluralismo político, el libre ejercicio del sufragio, la libertad de opinión y expresión, la igualdad ante la ley, la revocación de los mandatos de elección popular… Insisto una vez más en la necesidad de una urgente y profunda rectificación de esa equivocada actitud para restituir el carácter profesional y apolítico de la Fuerza Armada Nacional, así como la plena vigencia y ejercicio de los derechos ciudadanos.

Esa equivocada conducción de la Fuerza Armada Nacional se ratifica de nuevo en la guía de planeamiento del general Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, para el año 2017, y en la respuesta que los miembros del Alto Mando Militar y los distintos comandantes de regiones estratégicas de Defensa Integral le entregaron durante las reuniones del 10 y 21 de febrero, cuyos contenidos conoció la opinión pública a través de la reseña del periodista Hernán Lugo-Galicia publicado en El Nacional en su edición del 27 de febrero de este año. Es tan detallada esa información que es imposible no darle crédito a los distintos planteamientos realizados en las mencionadas reuniones y mucho más cuando no ha habido un desmentido del Ministerio de la Defensa. Definitivamente, esta guía de planeamiento lo que busca es continuar transformando a la Fuerza Armada Nacional en un órgano definitivamente represivo al servicio del régimen madurista, con el objetivo de defender a una supuesta revolución socialista, combatiendo a sus eventuales enemigos externos e internos: “Estados Unidos, sectores de la oposición democrática y la delincuencia organizada”.

Entre los aspectos más sorprendentes de la información publicada por El Nacional se encuentra la posición del general Padrino: “Estamos sometidos a una guerra no convencional cuyo objetivo es la mente del hombre, debilitar su capacidad y voluntad de lucha, debilitar al Estado y sus instituciones, debilitar la FANB”. Esa absurda posición conduce al extremo de considerar que Venezuela se encuentra inmersa en una “guerra de cuarta generación”, que obliga a incrementar las medidas de control ciudadano de parte de la Fuerza Armada Nacional al considerar que sus enemigos son los propios venezolanos, en particular la oposición democrática y la disidencia en general para reprimirla, controlarla y aniquilarla. Con ello, lo que se persigue es justificar acciones violentas de coerción y represión para conculcar los derechos y libertades políticas de los ciudadanos cuyos ideales difieren del socialismo del siglo XXI. Esa visión conduciría al establecimiento de una neodictadura que comprometería gravemente la vigencia de nuestro sistema democrático al violentar la casi totalidad de los derechos ciudadanos.

En verdad, ese no es el problema que enfrenta Venezuela en esta hora menguada de su historia. Diariamente, nuestro pueblo lucha ante una dolorosa realidad: no hay suficientes productos de primera necesidad y la escasez de medicinas transforma en tragedia cualquier problema de salud. De todas maneras, en una situación de tal gravedad, la Fuerza Armada Nacional podría jugar un papel histórico trascendente siendo factor fundamental en la solución de la creciente crisis política. El primer paso que tendría que dar nuestra institución es buscar los medios necesarios para que el diálogo entre el gobierno nacional y la oposición democrática recupere la necesaria credibilidad en los ciudadanos como medio eficiente para la solución de la actual crisis nacional. No tengo duda en afirmar que el único camino posible es que el gobierno nacional cumpla con las exigencias planteadas en su carta por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, segundo en jerarquía después del Papa, en su carta de fecha 1° de diciembre de 2016, en la cual le señala al gobierno nacional que incumplió los acuerdos iniciales de la Mesa de Diálogo al no liberar a todos los presos políticos, no establecer el cronograma electoral, continuar desconociendo las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional y, fundamentalmente, no haber establecido un canal humanitario para enfrentar el hambre y la muerte de los venezolanos.

Si el ministro de la Defensa y el Alto Mando Militar, en nombre de la Fuerza Armada Nacional, se atrevieran a solicitarle a Nicolás Maduro que aceptara cumplir esos acuerdos, y ocurriera de inmediato, se recuperaría la posibilidad de un diálogo político. Es verdad, que al mismo tiempo se requeriría un firme y claro compromiso entre el gobierno nacional, la oposición democrática y la Fuerza Armada Nacional de cumplir estrictamente lo establecido en la Constitución Nacional. También, sería imprescindible que el gobierno nacional entendiera la urgente necesidad de dejar de perseguir a la oposición democrática, de establecer una política exterior moderada y prudente, que realmente permitiera reconstruir nuestras relaciones con Estados Unidos y numerosos Estados democráticos que ven con gran preocupación y angustia lo que ocurre en Venezuela. Si la Fuerza Armada Nacional fuera factor fundamental en ese histórico acuerdo nacional, impactaría de tal manera el sentimiento de los venezolanos que le permitiría iniciar con éxito ese largo y costoso proceso de recuperación de su prestigio institucional.

Superada la actual crisis política, la Fuerza Armada Nacional debe regresar a los cuarteles, lo haría con gran autoridad moral, a dedicarse a sus funciones específicas como lo establece el artículo 328 constitucional para poder recuperar, de esa manera, su capacidad militar para enfrentar las verdaderas amenazas que contra nuestra soberanía pueden surgir en un futuro cercano: Guyana, entre otras. En este momento, la Fuerza Armada Nacional tiene un delicado reto: enfrentar la delincuencia organizada y los grupos armados que permanentemente amenazan a nuestro pueblo. Ustedes tienen la última palabra.

 

[email protected]|El Nacional

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