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YAJAIRA HERNÁNDEZ|Venezuela en indigencia

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La mitad de las familias venezolanas están en ‘pobreza extrema’, un tecnicismo que traduce hambre, carencias, miseria. O lo que es lo mismo: menesterosidad,  indigencia.

Que no se diga que son exageraciones. Todo lo contrario, es muy probable que el concepto se quede corto ante la dramática realidad del país, donde la pobreza gana miembros de una semana a otra, sin que existan iniciativas que permitan mitigar el impacto de una inflación que arrasa salarios, dignidades y hasta vidas.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) asume como sinónimos la ‘pobreza extrema’ y la ‘indigencia’, a las cuales define como: “La situación en que no se dispone de los recursos que permitan satisfacer al menos las necesidades básicas de alimentación”.

En otras palabras, se considera como ‘pobres extremos’ a las personas que viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para adquirir una canasta básica de alimentos, aunque sus miembros destinen la totalidad de los recursos a la comida. Mientras considera ‘pobreza total’ aquella situación en la cual sus entradas son inferiores al valor de una canasta básica de bienes y servicios, tanto alimentarios como no alimentarios.

En pocas palabras: un ‘retrato hablado’, o escrito, de las lamentables condiciones en las cuales transcurre la cotidianidad para la mayoría de los hogares venezolanos.

De ello da fe la más reciente Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela, realizada por las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar, junto con varias ONG, cuyos resultados son cada vez más inquietantes… y con sobradas razones.

La pobreza en Venezuela, de acuerdo con el estudio, alcanzó el 81.8 por ciento de los hogares en 2016, lo cual supone un incremento de casi nueve puntos respecto a 2015, pese a que las cifras oficiales sostienen que es de apenas un 22,7%.

Eso significa que ocho de cada diez hogares venezolanos viven en pobreza, aunque para el Gobierno no llegan a tres de cada diez los grupos familiares que tienen dificultades para completar sus necesidades alimentarias.

La encuesta revela que 9 millones 600 mil personas, que representan a un tercio de la población, apenas comen dos o tres veces por día. Eso quiere decir, en cifras más explícitas, que el número de venezolanos que come fallo en el país es el equivalente a tres veces la población de Maracaibo.

Eso se explica con el hecho según el cual el porcentaje de los ‘privilegiados’ que tienen sus ‘tres golpes diarios’, como se dice en buen criollo, bajó del 88.7 por ciento al 67.5 por ciento en apenas un año. Mientras se elevó de 11.3 por ciento al 32.5 por ciento el grupo que hace dos o menos comidas.

El resultado, por lo menos el más visible, lo explica uno de los miembros del equipo de investigadores que participó en el estudio, el psicólogo social Ángel Oropeza: “Una cosa que nos sorprendió muchísimo es que (…) 75 % refirió pérdida de peso no controlado, o sea, perdió peso sin querer en un promedio de 8 kilos y medio, y en el caso de los más pobres eso llega a más de 9 kilos”.

Pero el peligro no ha pasado. Para nada. De hecho,  2017 trae consigo augurios nada halagüeños, a juzgar por los pronósticos que hablan de un año de mayor inflación, desabastecimiento y penurias para los venezolanos.

El Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, Humberto García Larralde, sostiene que los resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida revelan que: “Hay un ‘empobrecimiento trágico’hay una situación realmente trágica que el Gobierno, de una manera muy cruel, se niega a atender”.

Más aun: se trata de una política económica que calificó como ‘suicida’, en momentos cuando se atraviesa por un proceso de deterioro progresivo que amenaza con acabar la clase media y con acercarse peligrosamente a los niveles de pobreza que exhibe Haití, el país más paupérrimo del continente.

El camino está trazado. El precio de la Canasta Alimentaria Familiar  de enero se ubicó en 621 mil 106 bolívares, de la mano de una inflación que alcanzó un desproporcionado 18.66%.

Así que ni alpargatas ni joropo. No hay centavos para comprarlas ni fuerzas para bailarlo.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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