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Todo aquel que ha pasado por las aulas de una escuela de periodismo en cualquier país democrático del mundo conoce el significado de un medio libre de comunicación social.

Los que no han tenido esa fortuna, no obstante, también valoran su importancia, tal como quedó demostrado con el cierre de la pionera de la televisión venezolana, la salida forzosa de la pantalla nacional de NTN24 o el cese de operaciones de más de un centenar de emisoras radiales en el país.

De lo contrario, todavía estarían al aire. Tanto es así que la lista sigue… y es larga. Porque tal vez haya miedo, mucho miedo, casi tan profundo como ése con el que han querido someter al pueblo venezolano.

Para muestra están los procesos penales que enfrentan editores de medios impresos y digitales por atreverse a contar lo que sus pares callan por temor o por complicidad. La interrupción de la señal RCN mientras se transmite una serie, cuyo contenido incomoda al desGobierno, pero que el venezolano devora ‘por los caminos verdes’ de la red. O la salida forzosa de TvAzteca de la parrilla programática de las cableoperadoras.

Ni hablar de la aprehensión generada en el colectivo por el peligro que todavía se cierne sobre los medios impresos que, atados de manos por la dificultad para acceder a dólares para la compra de papel periódico, corren el riesgo de renunciar “por ahora”, al pregón.

Como si no semejantes agresiones no fueran suficientes, además de la inseguridad, la escasez de alimentos, la inflación, la insuficiencia de medicamentos en anaqueles  y… pare de contar, ahora se suma la materialización de un nuevo peligro, no propiamente para un medio, sino para la infinita necesidad de información de los venezolanos, encarnada en la amenaza cumplida de sacar de la parrilla programática de las cableras a CNN en español.

Y es que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) concretó esta semana una de las pocas, quizás la única, promesa cumplida por un presidente de dudosa procedencia, quien, a la usanza de los emperadores romanos y aunque suene a lugar común, cree que matando al mensajero logrará silenciar el mensaje.

De esa manera entra Venezuela al exclusivo club de países con regímenes tiránicos e ignominiosos, integrado por Siria, Corea del Norte, Cuba e Irán, donde la señal de CNN en español está prohibida.

Todo se reduce a una palabra, manoseada, si, pero con profundo significado: Censura. Vocablo que, para el venezolano de a pie, traduce miedo en las alturas del poder.

De eso se trata. Y así lo ven aquí, allá y más allá. Algunos lo callan, pero cada vez son más las voces que lo gritan a los cuatro vientos, tal como lo hicieron tan pronto se conoció la medida representantes de  la Sociedad Interamericana de Prensa, de la Organización de Estados Americanos, de la Comisión Interamericana de Derechos humanos y los expresidentes de Costa Rica, Laura Chinchilla y de Bolivia, Jorge Quiroga, por solo mencionar algunos.

En su mayoría coincidieron en que, aunque la medida no toma a nadie por sorpresa, el objetivo ha sido, es y seguirá siendo la censura.

Solo que el propósito no parece haberse logrado en su totalidad.

Todo lo contrario. Apenas seis horas después que la pantalla de CNN vistiera de negro o a rayas de colores en Venezuela, mas de 50.000 ciudadanos se habían conectado a un computador, tablet o dispositivo móvil, con el único propósito de empaparse de la zaga de unos casos que tocan directamente al país y que, infructuosamente, su Gobierno trata de esconder mediante el silencio forzado de una ventana al mundo.

Eso preocupa, obviamente. Pero la inquietud se mitiga cuando se recuerda que hace casi doscientos siete años, cuando un 19 de Abril de 1810 se declaró la Independencia de Venezuela, a duras penas había telégrafo, el periódico estaba en pañales, el teléfono se gestaba, no había radio ni televisión e internet era impensable.

Aun así, un grupo de venezolanos, en su grandeza infinita de amor a la patria, liberaron de otro yugo a su país y a cuatro naciones más.

Porque en el momento más inimaginable, el venezolano se engrandece y demuestra que es del tamaño de las dificultades que surjan… o se le interpongan en el camino.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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