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Las interpretaciones, versiones o apreciaciones de los acontecimientos para muchos pueden resumirse en dos categorías: verdades o mentiras, otros menos tajantes sub clasifican a las mismas en grandes o pequeñas, sin embargo, en esta oportunidad nos centraremos en lo que a nivel económico se denomina falacia y cuyo razonamiento abarca la universalidad de todo el mercado conocido.

Corría al año 1850 cuando Frederic Bastiat publicó su ensayo denominado lo que vemos y lo que no vemos, en el mismo presenta mediante un ejemplo sencillo la manera como la sociedad (gobernantes incluidos) perciben y manejan ciertos costos que por la naturaleza de las acciones tienden a ser olvidados, pasados por alto y hasta justificados.

En el ensayo Bastiat coloca el ejemplo de un niño que rompe el vidrio de una ventana en un negocio cualquiera, lógicamente el público se solidariza con este último, sin embargo, al poco tiempo surge la idea de que con eso el comerciante requerirá de los servicios de un cristalero o vendedor de vidrio, este a su vez, comprará pan con el dinero recibido y beneficiando al panadero, el panadero luego comprará zapatos beneficiando al zapatero y así sucesivamente ¿Conclusión? A mediano y largo plazo el niño no causó un daño, sino un beneficio a la sociedad.

Parece oportuno en este punto considerar en primer lugar que el comerciante se ve en la obligación de incurrir en un desembolso de recursos para hacer frente al imprevisto, entonces ¿Lo anterior le suena conocido? Pues digamos que tal razonamiento constituye práctica común de ciertos Gobiernos con ideología socialista o comunista, pues en la supuesta búsqueda de satisfacer las necesidades del colectivo con mayores necesidades, fácilmente pueden justificar conductas o comportamientos económicos contra-natura.

¿Se acuerdan de la temida palabra exprópiese cuyo accionar se justificaba con la promesa de más poder para el pueblo? ¿Cuántas empresas se han estatizado para hacerlas más productivas y eliminar las nocivas prácticas capitalistas? ¿Conoce usted el alcance real de todos los convenios bilaterales y acuerdos de cooperación entre Venezuela y el resto de los países involucrados?

Las respuestas pueden diferir en cada persona, sin embargo, los resultados (años o décadas después) parecen estar a la vista de cualquier habitante pues de los mismos se han mencionado cifras en numerosas oportunidades anteriores, pero a más de eso, la percepción en cuanto a la muy depreciada calidad de vida del venezolano parece ser cada vez más universal.

Durante años la sociedad venezolana ha sido expuesta a lo que parece ser una falacia socialista diseñada por un Robin Hood ideológico obedeciendo a esa máxima de quitar a quien más tiene para dárselo a quien menos tiene, sin embargo, sea por desconocimiento, comodidad, costumbre, falta de información o cualquier otro motivo; se nos ha vendido la idea de que el accionar de ese niño (en este caso representado por el Gobierno) a mediano y largo plazo se ha traducido en beneficios sociales que aunque probablemente no se experimenten, está allí dispuestos para el disfrute de todo aquel dispuesto a abrir sus ojos a su muy particular realidad.

En su trabajo Bastiat presenta dos conclusiones lapidarias: 1) La sociedad pierde el valor de los objetos inútilmente destruidos, y 2) La destrucción no es beneficio.

Por eso estimado lector trate de y recordar este pequeño artículo cada vez que escuche aquello de la necesidad de profundizar el modelo socialista, sin embargo, quizá sea oportuno recordar también ese refrán popular de: la culpa no es del ciego sino de aquel que le da el garrote.

 

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|[email protected]

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