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ASUNTO ECONÓMICO|Cuantificando la corrupción

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A través de toda la historia conocida, las sociedades se han desenvuelto mediante normas, reglamentos y leyes sean escritas o no, sin embargo, cada una de ellas poseen un sustento moral pocas veces considerados en los análisis a los cuales se someten.

El término corrupción es considerado ambiguo dependiendo del contexto en el cual se desarrollan las actuaciones ¿Ejemplo? Consideremos por un momento dos estudiantes de educación media en sus respectivos países los cuales asumimos que son Japón y Venezuela, ahora como segundo supuesto digamos que cada uno de ellos realiza lo que coloquialmente conocemos como “copiarse” en un examen escrito y algunos compañeros lo notan ¿Qué harán estos últimos?  Existen dos opciones callar o acusar, paradójicamente cada una de estas posibilidades puede ser considerada correcta o incorrecta según el país, pero ¿Por qué? Pues simplemente es la respuesta a un asunto cultural que sustenta la dinámica social.

Ahora supongamos (pues cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia) que usted desea, requiere o necesita realizar algún trámite legal que suponga un documento especial como un pasaporte y se le presenta la opción de cancelar alguna suma extra para obtener el mismo con mayor rapidez ¿Qué haría? ¿Pagaría o no? ¿Consideraría tal práctica algo corrupta?

Para muchos la corrupción es algo ligado a la política, para otros es una especie de adicción y para otros tantos un estilo de vida, pero tal cual se expresó al principio tiene como base un aspecto moral considerado subterfugio.

Cuantificar tal práctica constituye algo confuso, sin embargo, más allá de los aspectos técnicos se debe considerar que siempre la misma posee dos características que unifican su accionar: 1) la capacidad para distorsionar el sistema legalmente establecido, y 2) implica el accionar de funcionarios; por lo tanto, a mayor corrupción mayor desequilibrio social, pues la misma es a la sociedad lo que el óxido al hierro.

Venezuela tal como se ha escrito en artículos anteriores, según el Índice de percepción de la Corrupción (IPC), ocupo para el año 2016 el puesto 166 de 176 considerados, es decir, entre los percibidos como más corruptos, pero ¿Estará equivocada tal percepción? Si recordamos que los indicadores sociales y económicos son el reflejo de la corrupción existente en el sistema, seguramente podrá sacar sus propias conclusiones al considerar una inflación estimada en más de 800 %, escasez de alimentos y medicinas superior al 80 %, la canasta básica familiar equivalente a unos 6 salarios mínimos, aumento en los precios de las autopartes de hasta 500 % en lo que va de año, más de 100 fallecidos de manera violenta en una sola entidad para el primer mes del año, largas colas para adquirir casi cualquier producto de primera necesidad, y esto por mencionar solo pocos aspectos.

A hora bien ¿Será que solo los funcionarios son responsables? A riesgo de ser considerado una especie de “paria” cabe recordar que en regímenes democráticos (o que alguna vez lo fueron) la mayoría tiene o tuvo en algún momento el poder de decisión que mediante el voto popular fue asignado a ciertas personas llamadas representantes o simplemente funcionarios, a lo que se pudiese esgrimir que nadie los eligió para ser corruptos, sin embargo, si sabiendo a los mismos corruptos se continuó ratificando la confianza en ellos; es claro síntoma de que la corrupción lamentablemente se ha vuelto una práctica sistémica y vital para el funcionamiento de la sociedad o ¿Acaso puede concebir la totalidad del país sin corrupción de un día a otro? ¿Puede imaginar como posible en la actualidad, la sociedad venezolana sin bachaqueros? ¿Se imagina levantarse e ir a un registro a apostillar un documento sin ningún inconveniente, traba o pago extra?

Por eso reiterando una frase presentada en anterior oportunidad dicha por Milton Friedman “uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados.”

Ya en lo personal este servidor desearía que la sociedad venezolana fuese de acero inoxidable y no de hierro.

 

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|[email protected]

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