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Venezuela no es libre… y los venezolanos tampoco.

Obviamente, nada nuevo bajo el sol. De hecho, hace rato se viene hablando del tema dentro y fuera del país. Lo que no había ocurrido, por lo menos en lo que va de siglo, es que la organización no gubernamental que investiga y promociona la democracia, la libertad política y los derechos humanos, Freedom House, se lo gritara al mundo. Pero ahora lo ha hecho a través de su más reciente informe.

El documento concluye, según la agencia EFE, que: “La combinación de gobierno de mano dura y extrema mala gestión económica del presidente venezolano, Nicolás Maduro, empujó a su país al estatus de ‘no libre’ por primera vez en 2016”.

Ninguna sorpresa en este lado del mundo. Lo que capta la atención es que, finalmente, se reconozcan como ciertas el sinnúmero de denuncias que, desde hace rato, se vienen formulando dentro y fuera del país, sin que hasta la fecha se hayan logrado resultados conducentes a enderezar el entuerto en el que se convirtió la tierra de Bolívar por obra de la revolución colorada.

Freedom House, autodescrita como una voz clara para la democracia y libertad por el mundo, sostiene que: “Venezuela ha servido como modelo para los regímenes populistas en la región, pero hoy es el epítome del sufrimiento que puede ocurrir cuando los ciudadanos no tienen la posibilidad de hacer que sus líderes rindan cuentas”,.

Todo parece indicar que a la muy imperialista organización no le falta razón, porque no se puede llamar libre a un país cuyos gobernantes violan los derechos humanos con la mayor impudicia, mientras desconocen la soberanía popular.

Por si eso fuera poco,  se cuentan por decenas, cientos quizás, los ciudadanos presos por disentir de un desGobierno que hace cada vez más miserable la existencia de sus gobernados. Al tiempo que se las ingenia para sepultar la divulgación de verdades necesarias detrás del cierre, asfixia  o complicidad de los medios de comunicación.

Si aun faltaran razones, bastará con recordar la también sistemática violación de derechos constitucionales como los que consagran el respeto a la propiedad privada, a la salud, a la alimentación, ya sea por atropello o por incompetencia, pero desafueros al fin y al cabo.

Un Gobierno estrafalario que tiene la arbitrariedad como premisa, realidad que ahora reconoce la organización no gubernamental con sede en Washington, al sostener que el mandatario venezolano: “…confiando en el control que tiene el régimen sobre los tribunales”, lejos de acatar las reglas democráticas, respondió al triunfo opositor en las elecciones parlamentarias “quitándole poder a la asamblea legislativa y bloqueando el referendo revocatorio presidencial, con lo que impidió el único camino a un cambio ordenado de liderazgo”.

Como si el dudoso honor no fuera suficiente, Venezuela obtuvo, por segundo año consecutivo, el vergonzoso primer lugar como el país más miserable del mundo en el Índice de Penuria que anualmente elabora el profesor de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke, con base en la tasa de inflación, de desempleo y de interés.

El informe que avala el índice revela que: “Venezuela mantiene su ignominioso lugar como el país más miserable del 2016, como lo hizo en el 2015. Los fracasos del socialista y corrupto estado petrolero han sido bien documentados a lo largo del año pasado, incluyendo cuando Venezuela registró la quincuagésimo séptima instancia de hiperinflación en el mundo”.

Para llegar hasta ahí, Venezuela necesitó 573.4 puntos, cifra siete veces mayor a la que exhibe Argentina, país que ocupa el segundo lugar en el ranking, gracias a la espiral inflacionaria en la cual entró, aunque desde hace más de diez años viene haciendo diligentes esfuerzos por liderar el grupo de los miserables.

Hasta que lo logró, justo antes de cumplirse 18 años de revolución colorada. Casi cuatro lustros de arbitrariedad y anomia, de la mano de un Atila barinés que, tal vez consciente de que no viviría lo suficiente para completar la destrucción, se aseguró un sucesor con suficiente escasez de neuronas… Pero se le pasó la mano. No sólo devastó el país, sino que está demoliendo su ‘legado’.

En pocas palabras: Cuando la joven revolución bolivariana alcanza la mayoría de edad, debuta en sociedad por todo lo alto… en el top de los menos libres y en el de los más miserables.

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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