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¡CONFLICTO! ¿Cómo obligar al Gobierno a convocar elecciones?

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Es indudable que el Gobierno perdió su vocación electoral.  Por años se vanagloriaron de ser la revolución que más citas electorales había realizado y ganado. Hoy la crisis los hizo cambiar de postura.

Y cambian de postura porque saben mejor que nadie que perderían de forma abrumadora cualquier proceso electoral, a pesar del ruido que actualmente existe entre la Mesa de la Unidad Democrática y la disidencia ciudadana.

Si el Gobierno perdió  su vocación electoral y tiene un férreo control sobre el Consejo Nacional Electoral, qué debe hacer la oposición venezolana para que no sólo se convoque la elección de Gobernadores y Alcaldes previstas para este año, sino que incluso lograr que se realicen las presidenciales de 2018.

¿También corre peligro la elección del nuevo Presidente el año próximo?

Todo esto lo analizamos en Área Privada de Verdades y Rumores.

Contextualizando la pérdida

Todas las encuestas señalan que en promedio el 80% de los encuestados desean un cambio. Pero además un 95% de los venezolanos tienen una percepción negativa del presente y el futuro del país. Esos dos datos configuran un escenario muy adverso para el Gobierno.

Por eso sus principales voceros vienen esgrimiendo que con elecciones no se supera la crisis y que lo importante es enfrentar los problemas que agobian al ciudadano, cosa que tampoco hacen con eficiencia.

No permiten una salida electoral, pero tampoco enfrentan la crisis.

El régimen sabe que pueden perder casi todas sus actuales Gobernaciones e incluso el voto castigo puede conducir a que las pierdan todas. Por eso rehúyen la contienda electoral. Por eso han perdido la vocación electoral e incluso muchos visualizan que tampoco convocarán las elecciones presidenciales de 2018 y se inventarán cualquier argucia para sustentar semejante atropello.

Frente a la evidente pérdida de la vocación electoral del Gobierno:

¿Qué se puede hacer?

Aún hay formas de presionar.

Presión de calle

Lo primero que debe hacer la oposición es limar con urgencia sus problemas internos y reagrupar la Unidad, con el fin de demostrar a la disidencia ciudadana que de verdad están unidos en una sola causa: el cambio.

No es un trabajo fácil, pero tampoco es imposible. El problema es que si no comienzan desde ahora, estarían perdiendo un tiempo valioso con el fin de retomar con fuerza la agenda de calle. La MUD debe reinventarse para generar de nuevo la confianza en su relación con los ciudadanos.

La presión de calle podría de nuevo arrinconar al Gobierno como ocurrió con la majestuosa concentración que llamaron “La Toma de Caracas” y que mantuvieron con la declaración del rompimiento del hilo constitucional y la convocatoria a marchar hacia Miraflores.

Presión interna

A pesar de lo que muchos creen, en el oficialismo hay sectores racionales que están preocupados por el agravamiento de la crisis y el errado camino que lleva la revolución que ideó y lideró Hugo Chávez.

Muchos de esos sectores prefieren ceder el poder a través de mecanismos constitucionales o la negociación, con el fin de preservar el legado de Chávez y evitar que un estallido social arrase con ese proyecto. Prefieren un repliegue táctico con el fin de buscar un reagrupamiento de cara a futuros escenarios.

Inclusive hay sectores que están buscando una transición, tal como hemos advertido en Verdades y Rumores, con el propósito de entrar en una etapa “especial” que permita normalizar, estabilizar y pacificar el país. Estos grupos también pueden ejercer presión interna y obligar al Gobierno a retomar su vocación electoral.

Presión internacional

A pesar del retiro del principal enviado del Vaticano en el diálogo, monseñor Claudio María Celli, hay mucha preocupación e interés internacional por el conflicto venezolano. Temen que un escenario de caos marque la estabilidad política de la región.

Hay serias posibilidades que la Organización de Estados Americanos incremente la presión contra el régimen venezolano, con el firme objetivo de obligar al Gobierno a abrir canales de solución a la peligrosa crisis nacional que no sólo es política, sino económica y además social.

La presión externa no es la solución definitiva, pero sirve de mucha ayuda cuando un conjunto de países fuertes y hasta hermanos exijan el respeto de la Constitución y la democracia.

Negociación

Aunque los principales voceros del Gobierno se muestren gritones y desafiantes, ellos no han descartado una negociación que les permita construir una cesión “controlada” del poder que les garantice inmunidad e impunidad una vez abandonen la protección que sólo otorga ese poder.

¿Difícil?

Sí, pero no imposible.

¿Por qué?

Porque en esos importantes líderes o cabecillas del Gobierno hay mucha preocupación por el “costo de salida” que para ellos significa abandonar el poder. Y esa factura sería menos onerosa si negocian y demasiado costosa si salen expulsados por una revuelta popular.

En ese sentido hay que prestar mucha atención a los movimientos que en relación con Venezuela adelante el nuevo Gobierno de los Estados Unidos, cuyo secretario del Departamento de Estado, Rex Tillerson, anunció que buscarían una transición “negociada” a la democracia.

Y resulta que Estados Unidos tiene herramientas para empujar y concretar esa negociación.

Todas las anteriores

Una combinación de todos los escenarios anteriores será lo ideal para construir una salida no violenta a la crisis que vive Venezuela. Y buena parte de esa salida no violenta conduce irremediablemente a la convocatoria y realización de elecciones, que por demás son un derecho ciudadano.

Lo ideal es que la presión de calle, la sensatez interna de algunos sectores revolucionarios, la presión internacional y la negociación sean parte de las complejas salidas que necesita un conflicto tan complejo como el venezolano.

¿Se logrará?

Ojala.

 

Darwin Chávez|@VerdadesRumores

 

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