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La esencia del mensaje de Cristo Jesús incrusta un gran mensaje liberador además de edificador. En Juan, 8,12, el Señor nos exhorta a imitar su vida y ejemplos, si queremos ser verdaderamente iluminados y liberados de toda ceguera interior.

¿Cuáles son las más comunes cegueras interiores? Vanidad, egoísmo, codicia, dureza de corazón, orgullo desmedido, falta de piedad y de respeto por las minorías del débil jurídico, entre otras. Por lo señalado, se infiere que el mayor de todos los afanes de la existencia debe ser meditar en la vida, parábolas y ejemplos que Cristo legó.

Tomas de Kempis, un monje de Medioevo, inmortalizó en su obra “La imitación de Cristo”, lo siguiente: “Pero acontece que muchos, aunque escuchan con frecuencia el Evangelio, sienten poco deseo de practicarlo, porque no tienen el espíritu de Cristo. Por lo tanto, el que quiere comprender y saborear las palabras del Maestro, debe asimilar toda su vida a la de Cristo”.

Se vive sumergido en vanidad y apariencias, siendo muy pocos los humildes de verdad. Continua Kempis planteando: ¿De que sirve discutir sobre el Misterio de la Trinidad si no eres humilde y por lo tanto no te agrada la Trinidad?.

No donde las disertaciones profundas que hacen justo y santo al hombre, sino la vida virtuosa que lo vuelve agradable a Dios. Prefiero sentir en el corazón la compulsión que saberla definir.

Sin el amor de Dios y sin su gracia ¿Qué te aprovechará un conocimiento exterior de toda la Biblia y las doctrinas de todos los filósofos?  (vanidad de vanidades, todo es vanidad). Esa es la máxima sabiduría: Peregrinar hacia el Reino Celestial despreciando las cosas pasajeras mundanas.

Vanidad es dejarse absorber solo por la vida presente, no teniendo en cuenta la consecuencia de los hechos indebidos, ni el futuro.

Y ya para concluir, todos los que se dejan impulsar por las fuerzas de los sentidos manchan su conciencia, perdiendo la Gracia de Dios.

 

Abogado

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