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Es un hecho comprobado a través de la historia, que la comida ha sido una de las herramientas más eficaces de sumisión y esclavitud. Las lecciones de la historia han demostrado que los regímenes dictatoriales, ya sean socialistas, comunistas o marxistas no vacilaron  en manipular  con los alimentos como un arma contra su propio pueblo con el fin de afianzarse en el poder e imponer un control autocrático absoluto. Ha sido una medida salvaje y cruel, tal como lo expreso en su oportunidad el brutal e impío Stalin cuando escribió: “si quieres controlar al pueblo, controla lo que come”. Constituye uno de los métodos más siniestros de sometimiento que  tiene que ver con el control de quién come y quién no.

En Venezuela, las imágenes de las extensas colas para comprar comida  se han transformado en una nota cotidiana que refleja la escasez de alimentos que sufre el país, pero al  régimen actual no  se le ocurre otra idea sino carnetizar al pueblo,  sometiendo así a los venezolanos a la vergüenza de tener que poseer un carnet para obtener una bolsa de comida lo cual, indudablemente, pretende crear una relación de sujeción y dependencia  con el pueblo originando  de esta manera una  mayor discriminación.

La carnetización, a través de la entrega del carnet de la patria, promovida por el régimen de Nicolás Maduro, es un nuevo intento de dominar por el estómago a la población. Es una nueva forma de apartheid político-social; constituyendo un perverso instrumento de control a nuestra población, utilizando el hambre de los más necesitados como herramienta de domesticación social y política.

El carnet de la patria representa un instrumento segregacionista debido a que  establece una terrible desigualdad en la ciudadanía en relación  al uso de políticas de beneficios sociales y económicos por parte del régimen, condicionando el uso de estos  derechos, a tener que pertenecer  una militancia política específica, en este caso  a ser militante del PSUV.

Carnetizar al pueblo para otorgarle beneficios sociales  es un acto indigno, inmerecido y ignominioso que se vale de la intimidación, el chantaje y la coacción para estigmatizar a los habitantes del país, principalmente  a los sectores  más  desposeídos de la población, con la condición vergonzosa   de que si no le otorgan el respaldo político y electoral al gobierno, perderían sus beneficios.

El pueblo venezolano  debe tener claro que una cosa es el hambre y la miseria que nos ha impuesto este régimen y otra cosa es la dignidad que debemos  tener los ciudadanos en reconocer quién es el que nos ha llevado a esta triste situación  de infortunio y tribulación,  por lo tanto no podemos premiarlo y mucho menos dejarnos engañar. Es por esta razón que debemos dignamente rechazar en la forma más categórica el tristemente célebre  instrumento que nos certifica como ciudadanos  miserables y que han dado en llamar como “el carnet de la miseria”.

Tenemos la difícil tarea  como ciudadanos venezolanos, con firmeza y convicción, de producir un cambio político a través de los mecanismos contemplados en nuestra Constitución, y proceder a la posterior formación de un gobierno que promueva el desarrollo, bienestar y progreso de todos  los venezolanos.

 

@OcandoM|Médico

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