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EFRAÍN RINCÓN|Racionalidad y grandeza

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La compleja situación que atraviesa Venezuela, en todos los órdenes de la vida nacional, exige de los políticos una gran dosis de racionalidad y madurez. La mezquindad, la irresponsabilidad y la impulsividad no tienen cabida en esta hora menguada de la República. Hace falta el patriotismo verdadero, no aquel  del que normalmente hacen gala en actos de proselitismo político para adular y manipular a los ciudadanos y electores.

Estamos carentes de racionalidad, considerada como la actitud del que actúa de acuerdo con la razón y no se deja llevar por sus impulsos. También se define la racionalidad como la capacidad que permite pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo con ciertos principios de mejora y perseverancia, a fin de alcanzar los propósitos planteados. La racionalidad es aliada de la responsabilidad y de la sabiduría para transitar con pasos firmes por caminos empantanados, pero convencidos que ese esfuerzo genera la confianza y la credibilidad de quienes esperan lo mejor de nosotros.

Por el contrario, la irracionalidad nos impulsa al cortoplacismo y a la generación de expectativas que no pueden ser cristalizadas, porque están más llenas de deseo que de razón. Ese comportamiento promueve el desinterés, la anomia y la pasividad, arrastrándonos al miedo y a la idea nefasta que no hay posibilidades de cambio porque nadie hace nada para alcanzarlo.

Esta situación tan lamentable pareciera vivirla la oposición democrática y los millones de venezolanos que manifestamos estar en desacuerdo con el régimen y con la situación de postración que vive la nación. Ciertamente, todos debemos ser parte activa y protagónica porque el cambio sólo será posible cuando tomemos plena conciencia que este modelo político no tiene la mínima posibilidad de ofrecernos un mejor país, con oportunidades para todos.

Pero también es cierto que las sociedades necesitan referentes confiables, traducido en líderes serios que marquen las pautas para hacer lo que más les conviene a las mayorías. Venezuela necesita una oposición racional, responsable, comprometida, unida y con suficiente capacidad para asumir los difíciles retos que tenemos por delante. Una oposición que efectivamente piense y trabaje en función de la grandeza del país y deje a un lado las visiones e intereses particulares que, a la larga, sólo benefician la entronización del régimen en el poder.

No formo parte de quienes exigen la eliminación de la MUD, señalándolos de colaboracionistas del régimen. De manera reiterada he reconocido los aportes y esfuerzos de la MUD, a favor del cambio de rumbo político de Venezuela. Se han cometido errores pero también existen muestras inequívocas de unidad en coyunturas electorales; las elecciones presidenciales del 2013 y las parlamentarias del 2015, son un buen ejemplo de lo que pretendemos expresar.

Se han planteado múltiples iniciativas constitucionales para salir de la profunda crisis que nos agobia, sin alcanzar los resultados esperados. Plantear que no ha habido interés ni voluntad por parte de la MUD para encontrar una solución a la actual crisis, es una opinión que no comparto; pero sí creo que ha faltado unidad y dirección estratégicas que permitan establecer un compromiso político entre los factores democráticos, alejado de las tentaciones y aspiraciones personales y partidistas en el plano electoral. Ello significa que la unidad es permanente hasta tanto los venezolanos no disfrutemos de un sistema que rescate la democracia, la libertad y el bienestar económico. Lo otro supone unidad estratégica en los objetivos y las tácticas que posibiliten el cumplimiento de los primeros; ello implica además la evaluación racional de las diferentes alternativas y escenarios, a fin de considerar un paquete de opciones perfectamente compatibles, evitando de esta manera generar expectativas que después no pueden ser satisfechas.

La MUD ha planteado insistentemente la salida de Maduro y la convocatoria a elecciones que inauguren un nuevo ciclo político en el país. Todas las acciones han sido bloqueadas por el régimen, produciéndose desesperanza y desmotivación en la gente. Hoy día, los venezolanos nos debatimos entre la incertidumbre –nadie sabe qué puede pasar en este país- y el pesimismo que impide levantarnos de nuevo y continuar la lucha que traiga consigo la solución de la crisis.

Frente a este momento de desolación, la MUD debe empinarse y rescatar el rol fundamental que le corresponde liderar en esta dramática situación. Humildemente recomendaría lo siguiente: a) Efectuar cuanto antes una “encerrona” entre los diferente dirigentes de los partidos y movimientos que forman parte de la coalición opositora, a fin de limar asperezas, aclarar malos entendidos y renovar el espíritu unitario, como instrumento poderoso para alcanzar la victoria popular; b) Admitir públicamente los errores y omisiones, destacando el hecho que “equivocarse es de humanos y rectificar es cosa de sabios”. Los venezolanos entenderíamos si nos hablan con sinceridad y honestidad, aplicando la pedagogía de los buenos maestros. Ello ayudaría a mejorar la confianza y credibilidad perdidas; c) Renovar el compromiso de lucha por Venezuela, dejando en segundo lugar sus aspiraciones e intereses personales; d) Unificar la vocería opositora y acabar con la verborrea de ciertos líderes que siguen creyendo que porque hablen más duro y se muestren más arrechos, van a resolver este desmadre que vivimos. Los protagonismos personales no tienen sentido alguno en estas circunstancias; exigimos un liderazgo que encarne el sentimiento colectivo y mayoritario de los venezolanos; recuerden que si el régimen instaura definitivamente una dictadura que prohíba las elecciones, esos candidatos que andan desbocados tendrán que quedarse en su casa o hacer política en otras partes porque aquí se destruyó la democracia; e) Replantearse la MUD, renovando sus dirigentes y convocando nuevas fuerzas que proyecten fuerza y voluntad de cambio; f) Retomar y profundizar la organización popular, pacífica, democrática y constitucional; ello implica repensar los mecanismos de participación y presión popular, a fin de evitar quedarnos solamente con grandes marchas. Cualquier espacio y momento es bueno para motivar a la gente y crearles la conciencia que en esta lucha hacemos falta todos, pues, si no tendremos que llorar al monte porque los forajidos del régimen se quedaron con todo; g) Presionar ante el CNE e instituciones públicas por una agenda electoral que garantice las elecciones generales y municipales, ya que el CNE está en mora con las primeras; h) Evaluar serena, racional y desapasionadamente la alternativa del dialogo con el régimen, partiendo de la premisa que la política es sinónimo de acuerdos y negociaciones; ello supone además no dejarse intimidar por los grupos radicales de la oposición y por quienes piensan que desde la comodidad de las redes sociales pueden sacar a Maduro.

Nunca es tarde para alcanzar los objetivos que nos permitan rescatar la grandeza de Venezuela. A pesar de las dificultades, podemos triunfar porque la inmensa mayoría de los venezolanos apuesta por algo mejor y perdurable en el tiempo. No hacerlo es entregarle el país al régimen en bandeja de plata e impedir que las nuevas generaciones vivan por siempre en un país libre, digno y próspero.

 

@EfrainRincon17|Profesor titular de LUZ

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