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La comparación de variables a nivel económico forma parte neurálgica de cualquier análisis que se pretenda realizar, sin embargo, suele ser un tema complejo pues constituyen un reflejo de circunstancias que pueden fácilmente diferir de un entorno a otro ¿Ejemplo? Comparar los beneficios de operar en el mercado inmobiliario de Colombia y de Venezuela probablemente arroje resultados muy distantes pues a pesar de ser países vecinos, con condiciones culturales y geográficas similares; el entorno legal dista de ser parecido, asimismo podemos colocar una serie de ejemplos como es el caso del mercado de ganado vacuno para Argentina y Uruguay, o cualquier otro caso que se le pueda ocurrir.

Crear indicadores implica un trabajo que pueda eliminar los factores que crean las distorsiones y que por lo tanto a nivel agregado sea fácilmente evidenciable al contrastar los resultados con la realidad que dicen plasmar.

En este caso trataremos lo concerniente a la manera como los Gobiernos de cada país utiliza sus recursos (naturales, financieros, humanos, tecnológicos) para potenciar sus capacidades y así lograr no solo crecimiento económico, sino también social; es decir, el equivalente a medir lo que se conoce como Competitividad.

Lo anterior se condensa en el llamado Índice de Competitividad Global (IGC en siglas), el mismo recopila y compara datos en doce (12) variables distintas las cuales son a saber: Solidez de sus instituciones, desarrollo en infraestructura, salud, educación (primaria y superior), entorno macroeconómico, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral, tamaño y segmentación del mercado, preparación tecnológica, desarrollo del mercado financiero, desarrollo de modelos de negocios, innovación. Los resultados son expresados de manera numérica y con relación directa, pues a mayor magnitud, mayor será su posición; o dicho en otros términos, se considera más competitivo.

El índice toma en cuenta variables de corte social, de corte económico y la interacción entre ellas; pero no solo eso, sino que también mide las condiciones que se le garantizan a las generaciones en formación (como sustento de la permanencia en el tiempo) y el marco legal que soporta el accionar a niveles agregados.

Digamos que vamos a segmentar los países de acuerdo a ciertos convenios y organizaciones, tenemos que algunos de los miembros permanentes más representativos del ALBA entiéndase Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua; se ubican respectivamente en los puestos 132º, 117º, 76º y 108º.

Vamos a contrastar estos datos con otros de países pertenecientes al MERCOSUR en cuyo caso mencionaremos a Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay; así como también Chile y Colombia (por tomar en cuenta solo algunos) tenemos que se ubican en los puestos 106º, 75º, 73º, 118º, 35º y 61º.

Profundizando en el tema con aquellos países (muchos de ellos llamados capitalistas, oligarcas, depredadores y pare usted de contar) pertenecientes al G8 y considerados dentro de los más industrializados los cuales son Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia; se ubican según el IGC en los puestos 4º, 13º, 3º, 22º, 43º, 6º, 10º y 45º.

¿Estos números le dicen algo? ¿Será que el llamado capitalismo salvaje es realmente malo y el socialismo incluyente es muy pero muy bueno? ¿O la relación es inversa?

Sea cuál sea su respuesta a las interrogantes anteriores, las cifras indican que para el caso venezolano hay potencialidades que no se están desarrollando y por lo tanto queda en cada quien realizar los esfuerzos necesarios para que esa situación sea modificada para mejor y así poder pensar en una sociedad mejor.

 

Aníbal Araque|@econ_araque|Economista|[email protected]

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