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EFRAÍN RINCÓN|Un país a la deriva

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La incertidumbre, el desaliento y la impotencia parecieran ser los sentimientos más fuertes que nos embarga a la mayoría de los venezolanos, frente a esta descomunal crisis que estamos viviendo en todos los órdenes de la vida nacional.

Venezuela es un hoy un país a la deriva que no termina de concretar el cambio de rumbo que nos permita llegar a puerto seguro. Por un lado, tenemos al peor gobierno de toda nuestra historia republicana, dominado definitivamente por el ala más radical, forajida e inescrupulosa del chavismo; sin capacidad ni voluntad para corregir los errores que amenazan con destruir completamente al país. Un gobierno que vive de espaldas a la nación y disfruta perversamente con los sufrimientos que les ocasiona a los venezolanos. Un gobierno que en cualquier otro país ya hubiese abandonado el poder desde hace mucho tiempo.

Por otro lado, observamos a una oposición democrática que francamente ha realizado importantes esfuerzos a favor del cambio político pero, desafortunadamente, su falta de visión estratégica y su escasa conexión con los sectores populares, la han llevado a cometer errores que han erosionado su credibilidad, confianza y capital político.

Paradójicamente, en Venezuela en estos momentos el poder político lo detenta una minoría que no cuenta con apoyo popular, lo sostiene unas instituciones fraudulentas y un sector de las fuerzas armadas que actúa al margen de la Constitución que juró defender, so pena de perder los privilegios y prebendas que el régimen le brinda a cambio de su complicidad.

Mientras tanto, la crisis se profundiza llenando de hambre, pobreza, inseguridad y violencia cada rincón de Venezuela. Culpar a la oposición de ser colaboracionista del régimen, me parece una opinión desproporcionada; no obstante, han planteado expectativas que no han logrado materializar. Le pusieron fecha a la llegada del cambio utilizando diversos mecanismos constitucionales, sin resultados positivos. El régimen, a pesar de su debilidad e incapacidad, se ufana de haber ganado la batalla, amenazándonos con mantenerse en el poder hasta que les dé la gana.

Lo que si tenemos claro es que la situación del país se complica con el pasar de los días. El juego está cerrado y las posibilidades de una solución pacífica y electoral se alejan peligrosamente. El régimen sigue jugando duro, ahora con el dominio directo de la facción comandada por la dupla Cabello-Tareck; pretenden dar la impresión de control absoluto sobre el país, cuando sabemos que la crisis de gobernabilidad es gigantesca. Aunque es el principal responsable de esta tragedia nacional, el régimen no ha dado muestras de un diálogo sincero que posibilite acuerdos con los que Venezuela sea la ganadora absoluta. Su vocación dictatorial y totalitaria eliminó la sindéresis y la sabiduría que, por el bien de todos, estamos exigiendo en estas circunstancias tan difíciles.

Tal como van las cosas, vamos directo al incremento de la violencia, la polarización y la desinstitucionalización democrática. Estamos frente a un conflicto mayúsculo en el que el choque de poderes será inevitable, generándose diferentes escenarios, tales como: la instauración definitiva de la dictadura narcototalitaria, apoyada por el ala corrupta y radical de las fuerzas armadas; dentro de ese escenario, los venezolanos perderíamos la democracia que tantos esfuerzos nos costó construir. El otro escenario potencial es la rebelión social, instaurándose una anarquía que podría desembocar en la guerra civil, tantas veces anunciada. Y, por último, el escenario ideal donde, basado en la responsabilidad y el compromiso auténtico con Venezuela, se promueva el entendimiento entre ambas partes, tendiendo puentes con personeros claves del gobierno y la oposición, convencidos en que es necesario ceder posiciones y llegar acuerdos que privilegien la paz verdadera, la justicia y el progreso de Venezuela, dirigida por un nuevo gobierno producto de elecciones generales. Sin duda, este escenario es el que despierta mayor suspicacia entre quienes piensan que la solución es inmediata y mágica. También es el que demanda mayor madurez y desprendimiento, acompañado por el ejercicio pleno de la política que construye, une y piensa en la grandeza de Venezuela.

En este último escenario el principal protagonista somos los ciudadanos venezolanos, quienes estamos exigiendo el respeto que nos merecemos, y la responsabilidad de gobierno y oposición para actuar a la altura de las serias dificultades de este momento histórico.

Con este escenario ganamos todos, excepto aquellos cuyos delitos son de tal magnitud que merecen ser debidamente juzgados; gana el chavismo critico que desea reivindicarse y regresar con la frente en alto a la arena política; gana la oposición seria y comprometida con los supremos intereses del país, al hacer posible la alternancia democrática como única opción para iniciar el cambio de rumbo del país: y, ganamos todos los venezolanos que tendremos la posibilidad de rescatar a Venezuela, instaurando un sistema democrático donde prevalezca la ciudadanía comprometida, el trabajo, la iniciativa privada, los derechos humanos y las oportunidades para que todos progresemos.

Seguro estoy que muchos me tildaran de ingenuo y tonto porque con estos bandidos no es posible hacer trato alguno, pero debemos seguir insistiendo a través de la organización popular, el fortalecimiento de los partidos y movimientos sociales, y en la invitación a los chavistas que, al igual que nosotros, están atravesando penurias y anhelan un país donde todos podamos vivir mejor. Lo otro es la guerra y el derramamiento de sangre inocente y esa opción no quisiera vivirla para mi familia, mis amigos y mi querida Venezuela.

Las cosas que más nos cuestan construir, son las más perdurables en el tiempo. Seamos constructores de la esperanza y la grandeza de esta patria humillada y empobrecida por quienes jamás debieron llegar al poder.

 

@EfrainRincon17|Profesor titular de LUZ

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