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Hay que estar contentos con la liberación de Manuel Rosales, pues un preso político en libertad es una injusticia menos en el entramado de injusticias y abusos de poder sobre el cual se ha montado el régimen de Chávez y Maduro, por lo demás no hay democracia donde existan presos políticos. Hasta allí todo bien. Estamos contentos.

Sin embargo, porque en toda historia siempre hay un sin embargo, en torno a su libertad se han creado tantas suspicacias que el primero que debe dar una contundente repuesta es precisamente Rosales, en parte, precisamente para evitar las dudas y desconfianza que se han construido sobre ciertas actitudes de Un Nuevo Tiempo, un poco inexplicables. Por ejemplo, la acciones de Timoteo Zambrano, el apoyo a la distribución presupuestaria a los gobiernos locales que fue rechazada por la MUD y, más recientemente, la ausencia en el parlamento de dos de sus diputados en la sesión parlamentaria donde se elegirían a los dos rectores del CNE. Estas ausencias no permitió el quórum necesario. Las excusas dada por los ausentes han sido recogidas en una edición del Manual  para los Idiotas Venezolanos. Tomo único, realizado a dos manos por los diputados Barrientos y Superlano.

En parte también, porque los voceros de una narrativa democrática, son los primeros que tienen que rendir cuentas de su práctica política.

Pero, bueno, Rosales ya está libre, independientemente de las formalidades jurídicas que limitan su libertad, y de nuevo y como siempre ha quedado al descubierto esa propensión tan nuestra de creer en el hombre providencial, en el salvador de la patria y otra pendejadas que he leído en las redes sobre la presencia de Rosales de nuevo en la política regional.

Son de antologías las aseveraciones que hacen los afectos a Rosales, las hay de todo tipo, por ejemplo: “El Zulia será salvado con Rosales. Dios lo bendiga”, “Rosales regresa con todo, para bien del Zulia”, “Llegó para salvarnos”, “Rosales viene, arrepiéntete” (¡vergacion!).

Suele suceder que mientras más sobrevaloramos el liderazgo personalizado, menos valoramos las instituciones democráticas y los procedimientos democráticos. Nos pasó con Chávez y este se pasó por el forro a la institucionalidad democrática y sus procedimientos y Maduro ha seguido al pie de la letra el legado que Chávez le dejó (el único que Chávez le dejó)

Eso nos deja frente al asunto que lo que se tiene que valorar hoy es la recuperación de las instituciones democráticas y debe abogarse fundamentalmente, entre otras cosas, por acuerdos en torno a procedimientos democráticos.

Pero, después de escuchar las opiniones de gente lucida, por una parte y leer los tuits de diversos sectores en torno a la liberación de Rosales creo que seguimos apostando por los salvadores de la patria de turno en lugar de pensar que la democracia funciona con instituciones sólidas y procedimientos formales de participación y deliberación políticas. Todo parece indicar que la gente no se harta de este tipo liderazgos. Todavía no se toma conciencia de cómo estos héroes han jodido al país.

Pero así estamos, pero les digo, estoy hasta los “guevo” de los Chávez, los Capriles, los López. No sería bueno, digo yo que, por lo menos, por ahora pensemos que lo único que nos puede  mantener como nación y resolver sus déficits es precisamente recuperar una fuerte institucionalidad democrática.

 

@RojasyArenas

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