9 de Junio de 2018

YAJAIRA HERNÁNDEZ|Violencia alimentaria

Por lo menos uno de cada diez preescolares venezolanos tiene retardo en su crecimiento y uno de cada tres está en zona de riesgo nutricional, mientras que los más grandecitos, un cuarenta por ciento para ser exactos, ya dejó de ir a la escuela. En todos los casos la causa es la misma: el hambre.

Y es que las penurias por falta de alimentos en Venezuela, así como los costos que hacen inalcanzables los que están disponibles, han hecho del hambre un patrimonio compartido entre los venezolanos.

Un demoledor informe sobre la situación del “Derecho a la Salud y Alimentación en Venezuela”, elaborado por el Observatorio Venezolano de la Salud (OVS) y la Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, con la colaboración de organizaciones no gubernamentales y académicos de distintas universidades nacionales, muestra cómo el hambre y la desnutrición aniquilan, sin pausa ni prisa, las nacientes generaciones de venezolanos..

El hallazgo es el resultado de una investigación realizada entre unos cuatrocientos preescolares de Maracaibo, Mérida y Caracas, un respetable porcentaje de los cuales exhibe, al igual que el resto de la población nacional: “Alta vulnerabilidad respecto a la protección contra el hambre, puesto que los programas existentes no tienen la capacidad de llegar a los sectores que más lo necesitan”.

El estudio revela que el 11,7% de los pequeños evaluados, cuyas edades oscilan entre 3 y 5 años, presentaron retardo en el crecimiento, el cual se expresa como talla baja y muy baja. Se halló, también, que el  14,9% de esos niños se encuentra en la categoría de riesgo nutricional establecido por Organización Mundial de la Salud.

Otros detalles de la investigación muestran que hay razones para la alarma: Por el indicador Peso/Talla en las categorías de personas con pérdida significativa de peso se encuentra el 15.7%. Mientras un tercio de los niños está en la zona de riesgo.

Más grave aún es la situación cuando se conocen los resultados de la última Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi), en su capítulo de Alimentación, según el cual cuatro de cada diez escolares está dejando de asistir a clases por falta de alimentos.

Y es que la situación alimentaria y nutricional del país va de mal a peor, no sólo para los escolares, porque la realidad muestra que el hambre tocó la puerta de la mayoría de los hogares del país.

A propósito, el informe cita la última la Encuesta de Condiciones de Vida de los Venezolanos realizada por la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Católica Andrés Bello y la Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, la cual revela que casi nueve de cada diez hogares venezolanos se encuentra en situación de pobreza, con el agravante que más de la mitad de ellos está en pobreza extrema.

Pero el drama trasciende las cifras, cuando las causas salen a flote y se encara la realidad: “Debe considerarse que en un contexto hiperinflacionario, todos los hogares venezolanos están por debajo de una línea de pobreza… y si las condiciones actuales persisten, el aumento de la pobreza crónica seguirá en aumento y en consecuencia a los hogares les costará mucho más salir de la pobreza”.

Los números no mienten. Una vez recorridas grandes ciudades, poblaciones medianas, pequeños pueblos y hasta caseríos, se encontró que más de ocho de cada diez (87%) familias venezolanas son pobres, pero lo peor es que el 61,2% de ellas se encuentra en pobreza extrema.

Con base en esas cifras y considerando la hiperinflación que agobia bolsillos y estómagos venezolanos, así como las medidas de pobreza estructural y coyuntural, la encuesta reporta que más de la mitad de la pobreza (56%) es reciente y un tercio de ella es crónica.

La cifra cruda y descarnada es peor aún: ocho de cada diez hogares se encuentra en condiciones de inseguridad alimentaria, 9 de cada 10 venezolanos no tiene suficientes ingresos para comprar alimentos y más de seis de cada diez personas se acuestan con hambre por no tener suficiente comida en el hogar.

Lo peor, sin embargo, no es el presente, habida cuenta de las predicciones de los expertos, quienes consideran que, de persistir las condiciones actuales (y no hay visos de que cambien), continuará incrementándose la pobreza crónica, con la consecuente dificultad para salir de ella.

Sin contar las consecuencias que se expresan en malnutrición, desnutrición, deterioro intelectual, enfermedad y muerte de millones de personas cuyo único delito es vivir en un territorio malgobernado por quienes han hecho del hambre un instrumento para el chantaje, la manipulación y el control.

La antropóloga de la Universidad Central de Venezuela, María Mercedes Boada, en tal sentido, considera que se trata de “violencia alimentaria”, término que acuñó y que define como: “El sometimiento de una sociedad a partir del hambre de las personas, de la coerción de su libertad de elección en materia alimentaria y de la manipulación de toda la cadena socioproductiva de los alimentos con un fin ideológico o político”.

Dolorosamente, todo parece indicar que está en lo cierto, salvo que quienes desgobiernan al país admitan su absoluta incapacidad e ineptitud para garantizar aunque sea uno de los derechos ciudadanos. Y que, en un gesto mínimo de sensatez y piedad, algo impropio de ellos, permitan que otros resuelvan los problemas que ellos crearon… pero tal vez, y pecando de ingenuos, sea mucho pedirle a la indolencia y la crueldad.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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