14 de Abril de 2018

YAJAIRA HERNÁNDEZ|Venezolanos financian al Estado en salud

Venezuela es el país con más “gasto de bolsillo” en salud de todo el continente y el tercero en el planeta, detrás de Afganistán y Azerbaiyán.

El problema no es sólo de orden alfabético, lo cual podría mitigar la vergüenza, sino político, económico y hasta moral. Porque el término, aunque no siempre utilizado, traduce que el venezolano, a pesar de la indigencia en la que vive, está financiando al Estado en su responsabilidad de garantizar la salud de todos los ciudadanos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se refiere al “gasto de bolsillo” como un efecto derivado de la aplicación de políticas de salud de manera planificada, y está asociado con los compromisos específicos para alcanzar la Cobertura Universal de Salud.

Para infortunio del venezolano, en un país donde no hay planificación ni compromiso, los resultados de ese efecto dejan muy mal parado al Estado.

El investigador de la Universidad Central de Venezuela, Félix J. Tapia, lo define como: “El porcentaje del presupuesto personal u hogar que utilizamos para cubrir nuestros gastos médicos. Los gastos de bolsillo abarcan los desembolsos directos de los hogares en rubros relacionados con la salud, como hospitalizaciones, procedimientos ambulatorios y medicamentos de carácter neto, es decir, deducidos de los reembolsos que se reciben del sistema de salud o del seguro al que se esté afiliado. Así, porcentajes elevados del gasto de bolsillo significan una menor Cobertura Universal de Salud por parte del Estado”.

Pero como quiera que el Estado hace rato dejó de ocuparse de garantizar la operatividad máxima de los establecimientos de salud, de proveerlos de medicamentos, equipos e insumos “como Dios manda” y hasta de asegurar salarios medianamente dignos para el personal, es el ciudadano, en su desesperación y a costa de sacrificios infinitos, el que está proveyéndose hasta donde puede los servicios médico-asistenciales.

Más claramente lo explica la OMS en un estudio según el cual Venezuela es el país de América Latina (y del continente, podría agregarse), con más gasto de bolsillo en salud, el cual estaría por el orden del 65,8 %, lo cual lo ubica como el más alto en América.

Eso traduce, sin eufemismos, que: “Las personas deben sacar de su bolsillo para poder financiar toda la atención en el sistema de salud y esto es algo que debe evitarse en cualquier país”. En pocas palabras, el ciudadano está financiando al Estado en una de sus múltiples, e ignoradas, responsabilidades.

El mismo estudio revela que ese aumento en el gasto por parte de los ciudadanos está ligado con el grado de desprotección que sufren actualmente los venezolanos por parte del Gobierno nacional, sobre todo cuando se incrementa el volumen de connacionales que se han visto en la necesidad de prescindir de sus pólizas de seguros de HCM: “Venezuela se encuentra en las peores condiciones en el área de salud, en comparación con los países vecinos. Es el único país en el cual el Gobierno disminuye la cobertura de los gastos en materia de salud”.

Y no solo en relación con los vecinos. También cuando se le compara con naciones mucho más distantes, a juzgar por los resultados de la investigación donde se demuestra que, en todo el planeta, la tan manoseada “Patria de Bolívar” es sólo superada por países como Afganistán y Azerbaiyán en cuanto a gasto de bolsillo.

Estudios semejantes revelan cómo las erradas políticas sanitarias, siempre en contravía a las establecidas por la Organización Mundial de la Salud, pueden conducir a gastos calamitosos y a la ruina del ciudadano, sobre todo cuando reinan la arbitrariedad y la improvisación.

Tal vez sea esa la razón por la cual, más allá de las mezquindades, traiciones y omisiones que la política trae consigo, la Asamblea Nacional aprobó esta semana un acuerdo para alertar sobre el resurgimiento de enfermedades erradicadas que, dicho sea de paso, cada día suman más números a la lista. Números de patologías, como el paludismo, la tuberculosis, el sarampión, la difteria, el chagas… Pero también número de enfermos y de muertos por esas causas.

Y también tal vez sea ésa la causa que motivó, y sigue motivando, a colorados emblemáticos a intentar (muchos de ellos infructuosamente) a resolver sus problemas de salud allende las fronteras venezolanas, como en su momento lo hizo el Atila barinés en Cuba o como ahora procura la Celestina electoral  en Brasil.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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