6 de Agosto de 2016

YAJAIRA HERNÁNDEZ|La enfermedad detrás de la escasez

Una dieta de supervivencia es la característica más emblemática de la alimentación del venezolano en momentos cuando el precio de la cesta básica aumenta 85 bolívares por hora.

¿Una exageración? Pues si, pero no de la cifra, sino de una realidad que agobia, y agota, el quehacer diario de los ciudadanos, cuyo día a día transcurre entre la angustia y la desesperanza cuando de habitar en Venezuela se trata.

Yendo al grano: El Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda) muestra cifras según las cuales al terminar el primer semestre de 2016, el precio de la canasta básica alcanzó un costo de 365.101,19 bolívares, cifra que representa un aumento del 20,3% respecto al mes anterior: “Equivalente a 61.485,60 bolívares”.

Eso quiere decir que el incremento diario de los alimentos asciende a 2.049,52 o, lo que es lo mismo: un aumento de 85 bolívares cada hora. Tanto como 1,40 bolívares por minuto.

En términos prácticos eso significa que, por ahora, se necesitan 24,3 salarios mínimos, de 15.051,15 bolívares, para acceder a la alimentación mensual de una familia de cinco miembros, en lo que constituye un desproporcionado incremento del 766% entre junio de 2015 y la misma fecha de 2016.

Un incremento que el ciudadano común no puede asimilar porque la miseria oprime, lo cual preocupa a los expertos, pues al encontrar que ocho de cada diez venezolanos exhibe algún nivel de pobreza, se da por sentado que también queda fuera de su alcance una dieta balanceada, un factor clave en la prevención de las enfermedades crónicas.

Y es que las implicaciones prácticas de la tragedia alimenticia venezolana no se limitan a la súbita pérdida de peso de familiares y amigos. No, va mucho más allá, porque su impacto, aunque también está en la apariencia, tiene resonancias mucho más profundas, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Fundación Bengoa.

La investigadora del Centro de Estudios de Desarrollo de la UCV, Marianella Herrera, sostiene que: “Nos estamos convirtiendo en un caldo de cultivo para enfermedades crónicas”, con base en los resultados que arroja el estudio, según los cuales: “Los ingresos se han venido abajo y ya la gente no puede adquirir los mismos alimentos que antes“, de acuerdo con el testimonio del 87% de los encuestados, quienes aseguran que: “Los ingresos no rinden para comprar suficiente cantidad de alimentos.

De hecho, el 12,1% de los consultados admitió que ha dejado de comer una o dos comidas al día, lo cual traduce que: “Casi tres millones y medio de venezolanos no hacen las tres comidas”.

Esa dieta obligada por las circunstancias presagia su impacto, por cuanto ha ido mermando progresivamente la salud de los venezolanos: “Ya estamos viendo las repercusiones de la crisis alimentaria“.

Y es que se trata de una “dieta de supervivencia“ que está dejando huellas, indelebles muchas de ellas, en deficiencias inmunológicas, incremento de la desnutrición, aumento de las tasas de mortalidad infantil, materna y general, reducción de las capacidades del individuo y trastornos de desarrollo en los niños.

La directora del estudio, Mariela Hernández, por su parte, da cuenta de cómo ha sido el súbito descalabro socioeconómico de los venezolanos: “Hasta 2014 se podía clasificar a la población en estrato socio-económico bajo, medio y alto. Pero ya en Venezuela no hay clases sociales. Se es o no pobre, solo eso”.

La magnitud del problema es tal que 8,4 millones de venezolanos están en el umbral de pobreza extrema y la mitad de los que habitan el país no tiene los recursos para comer: “Y si los tuviera tendría que hacer colas inmensas con garantías limitadas de conseguir los alimentos que necesita”.

La especialista coincide con su colega en que: “Es un caldo de cultivo perfecto para que las enfermedades empeoren mucho más y para la propagación de diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades cardiovasculares y todos los tipos de inmunodepresión que provocan vulnerabilidad a enfermedades transmisibles”.

Mientras el profesor de la Universidad Simón Bolívar, Marino González, estima que el país está en crisis humanitaria y emergencia económica y social: “No se trata de una situación común, sino de las mayores del mundo en este momento”.

Sin embargo, quienes tienen la responsabilidad de enderezar el rumbo de una economía a la deriva, siguen de espaldas a la cotidianidad del ciudadano e insisten en odiosos pretextos para justificar rotundos fracasos que, para infortunio del venezolano, permiten prever que lo más grave y doloroso no es el presente: el porvenir apunta hacia el peor empobrecimiento de América Latina y a la inexcusable muerte de un país que merecía un mejor futuro.

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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