YAJAIRA HERNÁNDEZ|La diáspora que asusta al planeta | Verdades y Rumores | Diario Digital
3 de Febrero de 2018

YAJAIRA HERNÁNDEZ|La diáspora que asusta al planeta

Cuando de un país “emigra” un promedio diario de 653 de sus habitantes, no sería exagerado hablar de “estampida”.

A estas alturas, cuando un ocho por ciento de los hasta hace poco habitantes del territorio venezolano está dejando suelo patrio a razón de casi uno cada dos y medio minutos, nadie está para eufemismos ni sinónimos generosos.

Los venezolanos, literalmente, huyen de la tierra que los vio nacer, agobiados por la inseguridad, escasez de calidad de vida y de una inflación que devora hasta el más resistente de los bolsillos.

Se trata, según el Diario de las Américas, de una diaria e indetenible sucesión de partidas, muchas de ellas presurosas, inéditas desde que murió El Libertador: “Venezuela vive un proceso de esta magnitud por primera vez desde que es república, desde 1830… El fenómeno representa… más de dos millones de venezolanos, según los datos actuales. Es decir, casi el ocho por ciento de la población, si no más al ritmo que vamos”.

Quien asuma que el análisis es exagerado, tal vez no conoce los hallazgos de Consultores 21, cuyas estimaciones, sin pecar de exagerados, dan para la alarma, y entonces si habrá que coincidir con el Diario de Las Américas cuando asegura que: “La diáspora venezolana avanza a un ritmo que asusta”.

La encuestadora aclara que: “No hay registro migratorio, ni cifras oficiales formales para medir su cuantía, la única manera de aproximarse al número real de emigrados es mediante encuestas de opinión”. Y es allí cuando uno pone “el grito al cielo”.

De acuerdo con los resultados de la encuesta realizada por Consultores 21  entre noviembre y diciembre del año pasado, de casi un tercio (29%) de los hogares venezolanos han emigrado, en promedio, 1,97 miembros del núcleo familiar en los últimos años. En números redondos eso significa que: “Considerando que en Venezuela hay 7,2 millones de hogares, según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, son al menos 4 millones los ciudadanos que se han ido del país”.

Eso quiere decir que en los eternos 18 años de “revolución” se ha ido del país un promedio de 579 personas por día, pero si sólo se cuentan los años transcurridos desde que el mandatario actual asumió las riendas del país, la cifra se eleva a la escandalosa cifra de 1.307, si el cálculo se hace conforme a los datos de Consultores 21.

No en vano sobra quienes sostienen que el avance de las migraciones no sólo asusta, sino que espanta, sobre todo a quienes guardan esperanzas acerca del mañana venezolano. Aterra al futuro de un país que está perdiendo su capital humano, pero también preocupa a unos receptores que no siempre tienen cómo ni con qué responder a oleadas tan masivas de inmigrantes.

Pero cualesquiera sean las cifras más cercanas a la realidad, hay otra verdad que no sólo asusta, espanta o aterra. También avergüenza, y es cuando la Organización Internacional para las Migraciones compara la diáspora venezolana con otros dos ‘grandes flujos’ de migrantes: “Son los que salen de El Salvador, Honduras y Guatemala, conocidos como el Triángulo Norte de Centroamérica y una de las regiones más mortíferas del mundo, y el ‘extrarregionales’… que son las personas que salen de 52 países de Asia y África, más los migrantes de Haití y Cuba ‘que empiezan su recorrido preferentemente en los países del norte de América del Sur’ en su ruta a Estados Unidos”.

De ello habló, en su momento, el director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) para Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, Marcelo Pisani, quien aseguró que: “Los venezolanos trazan un ‘nuevo flujo migratorio’ en el continente”.

Un flujo migratorio que se ha venido desarrollando, de manera sostenida y creciente, a lo largo de casi dos décadas y de lo cual habla el sociólogo Tomás Páez Bravo en su libro “La voz de la diáspora venezolana”, donde explica que hay una primera oleada asociada a impactos políticos que impulsaron a mucha gente a abandonar el país, una segunda que se disparó a partir de 2011 con fin de la bonanza petrolera y una tercera etapa que arrancó hace dos años, momento para el cual nueve de cada diez emigrantes tenían un grado académico. Hoy no. Ya no son ingenieros despedidos de la estatal petrolera, ni médicos desplazados por alguna misión de dudosa procedencia, tampoco son periodistas negados a la autocensura. Son economistas, arquitectos, veterinarios, estudiantes, amas de casa, cocineros, plomeros, albañiles, niños, abuelos… venezolanos agobiados por la amenaza del hambre y la incertidumbre.

Es, como dice Páez Bravo: “La oleada de la desesperanza”.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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