2 de Diciembre de 2017

YAJAIRA HERNÁNDEZ|El mayor contribuyente de paludismo en las Américas

A medio siglo de su erradicación del territorio nacional, el paludismo “resucitó” en Venezuela.

Han pasado, exactamente, cincuenta y cinco años desde que el país recibió el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud por la reducción, a su mínima expresión, de una enfermedad que diezmaba buena parte de la población venezolana.

Era 1962 y Arnoldo Gabaldón recogía la cosecha de lustros de siembra de esfuerzos, tenacidad y ciencia para librar al país de la plaga que, en aquel momento, representaba la malaria. Un trabajo que arrasó la desidia de un desGobierno que hoy es responsable del montón de enfermos reportados en 2016 y que representan los más altos de la historia del país.

Y es que ese mismo organismo que en los sesenta reconocía al país por su trabajo en materia sanitaria, sostiene que la presencia de la enfermedad aumentó en un 76% en los últimos cinco años, pese a que en 1961 se había declarado la eliminación de su transmisión en casi todo el territorio nacional.

Nada más vergonzoso en un país que dilapidó más recursos que los invertidos en la reconstrucción de Europa después de la última guerra mundial y que hoy mira con desdén los cientos, miles quizás, de enfermos regados por varios estados del país.

El Informe Mundial de Paludismo de 2017, elaborado por la OMS, ubica a Venezuela al nivel de países como Nigeria, Sudán del Sur y Yemen, al anunciar su apoyo a las respuestas de emergencia que surjan en esos países, donde, según expresan textualmente: “Las crisis humanitarias en curso plantean graves riesgos para la salud”.

Es tal la magnitud de la situación que, de acuerdo con una amplia información  publicada por El Nacional, con base en un informe de la OMS: “El Programa Global de Malaria, en colaboración con el Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, está prestando atención a la situación de la malaria que presenta una configuración compleja en estos cuatro países. Este abordaje se hace solo cuando hay un desastre natural u otro ocasionado por el hombre, como resultado de un conflicto y en medio de crisis políticas”.

En el caso venezolano, concretamente, revela que en el país han estado aumentando las cifras de paludismo desde 2008, aunque el bienio 2015-2016 parece ser de los más críticos al exhibir un incremento del 76%, porcentaje con el cual se coloca por encima del vecino Brasil “como el mayor contribuyente a la carga de la malaria en las Américas”.

Una deshonrosa contribución que se une a la no menos vergonzosa que aporta a las cifras en América, si se considera que, según la OMS: “Venezuela, en comparación con Nicaragua, Perú y Colombia, donde la malaria va en franco ascenso, agrupa 83% de los afectados”.

Aunque en la cifra global de afectados en el continente, la patria de Bolívar aporta uno de cada tres enfermos, al concentrar el 34,4% de los afectados.

Lo más grave es que las cifras no son más halagüeñas en el año que culmina, cuando la condición calamitosa de la enfermedad se ha erigido en un monumento a la indolencia de quienes parecen empeñados en acabar, a fuerza de incompetencia y desdén, con lo poco que queda en pie en el país.

 

@YajaHernandez|Periodista|Profesora universitaria

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