29 de Enero de 2018

YAISI CUBILLÁN|El migrante rutinario

El migrante venezolano, ese chamo o chama que se despierta bien temprano, a eso de las 3:00 de la mañana para irse a “Rebuscarse” en Maicao, frontera con Colombia y así hacer un tanto de pesos y al convertirlo le pueda alcanzar para medio comer y subsistir a la gran inflación que vive actualmente Venezuela. Ese migrante rutinario, que camina por las calles de la Guajira colombiana con una gorra, y una franela manga larga para cubrirse del sol. Que llega y ofrece de todo. Desde un par de medias, hasta medio kilo de fororo instantáneo; yo al escuchar el cantaito les digo ay mijo estamos en las mismas. Yo también soy paisana. Intercambiamos risas y ellos siguen en su andar.

Es tan difícil para muchos, la mayoría son profesionales. Ingenieros, profesores… Que se encuentran en estas calles. Y a la vez fáciles para otros; algunos están acostumbrados. Y a cada rato les dicen “esos son venezolanos”. La piel se me eriza, porque somos como hermanos. Guardo silencio y sigo observando. La pregunta es ¿hasta cuándo será esto? Unos tantos millones de habitantes que tiene mi país, se ha convertido en “emigrantes”. Aunque estos de calles, que van y vienen. Les llamo los rutinarios; son los que preparan la rutina y se trasnochan con las primas.

En lo que si no estoy de acuerdo en esas personas que se aprovechan, vienen a pedir y con el mismo cuento. El cuento que hacen en Maracaibo; se los trasladan para acá. Como una mujer, madre de 7 niños. Cada uno va en escalera con el otro, se atreve a cruzar la frontera con esa orquesta juvenil. Sin comida, ni ropa; ni muchos menos un techo donde puedan sobrevivir. Hay cada situación, cada persona con una historia distinta, que el que quiere habla y uno solo puede escuchar.

La mayoría no gastan ni un peso, todo lo guardan. Piden comida y agua. Caminan mucho. Y su techo es el piso de un muelle, que está cerca del mar. Usan de baño la playa. Todo sea por el pan. Lo malo es que abusan y utilizan las plazas, para dormir, orinar y defecar. Aquí se cuida el medio ambiente. Será que como allá no se está acostumbrado a cuidar, quieren venir y hacer lo mismo. Eso si no se justifica. De alguna manera, Colombia les ha abierto las puertas. La realidad es esta, muchos vienen a trabajar, para buscar algo de dinero y medio solventar. Otros hacen de las suyas, lo mismo que hacen en su hogar. Una que otra busca el dinero fácil, que esta demás explicar.

Esta es la historia que les comparto, soy una venezolana con mucho orgullo, tengo 1.500 días fuera de mi verdadero hogar. Pero nunca pierdo mi esencia, y el maracucho lo llevo siempre a cuesta. Soy periodista de profesión. Pero en este país he “camellado” en varias cosas. (Así se le dice a trabajar, para que aprendan una palabra de acá).

 

@Yaisi1|Periodista

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