10 de Julio de 2018

NÉSTOR NAVA|Zig zag eléctrico y “regulación” de precios: ¿Hasta cuándo?

Los embates de la fluctuación eléctrica nuevamente hicieron de las suyas el pasado fin de semana, llevando a la población nuevamente a rebasar el límite de su tolerancia, debido a los constantes bajones y apagones indiscriminados que unidos al calor intenso de los últimos días, han hecho difícil soportar las horas a oscuras, producto de la incompetencia oficial para asumir el control de la generación eléctrica en la entidad zuliana.

La farsa del cronograma de “regulación y ahorro eléctrico” es muestra de la ignorancia supina, descarada y patética del Estado para lidiar con la situación, que ya rebasó el límite prometido para solucionar el asunto de los apagones: se había fijado la segunda semana de junio para dar por concluidas las interrupciones del servicio eléctrico, sin embargo ya estamos en julio, por cierto, el mes más caluroso en la región occidental y el problema sigue in crescendo.

Por otro lado, la desfachatez de la promesa gubernamental de ordenar un tope máximo (por enésima vez)  para los precios de los alimentos, después de siete aumentos de sueldo y la paralización de la producción, equivale a poner a zamuros a cuidar carne y suplicarles que no la consuman. Tamaña estupidez nunca se había visto en la historia venezolana, como tampoco el descaro de incrementar el salario militar a montos sumamente elevados, en detrimento del resto de la población, que no cuenta con lo necesario para cubrir los costos de la canasta alimentaria y los servicios.

Acosar a la población de este modo, quitándole indiscriminadamente la electricidad, sin ningún tipo de explicación ni esfuerzo por solucionar la situación, ha convertido la gestión actual en la más patética y despreciable. No se puede pedir lealtad y respeto a quien no deja de escupirle la cara al pueblo. El respeto y la lealtad de ganan, pero cuando no se tienen, nada ni nadie puede hacerlos aparecer de la nada.

Otro de los daños colaterales del problema eléctrico es el daño constante de los electrodomésticos y de la comida guardada en las neveras, que tanto esfuerzo ha costado obtener para que a las primeras de cambio, un apagón prolongado las eche a perder, generando angustia en los grupos familiares que no encuentran alternativas para hacer que rinda el paupérrimo salario.

La pregunta que a gritos se escucha en hogares, farmacias, supermercados y estaciones de servicio es la misma “¿hasta cuándo?”. Si analizamos los hechos de la historia latinoamericana, el colapso de los regímenes totalitarios se ha producido justamente en el momento en que la población llega a su punto más bajo y crítico en materia de escasez, sin embargo, el caso venezolano presenta matices muy particulares, que lo hacen merecedor de un sitio en los libros de historia con un título evocador “cómo tantos soportaron lo insoportable por tanto tiempo”.

La nueva advertencia del Presidente Trump de intervenir en Venezuela para restablecer el orden democrático, ha encendido las alarmas en el régimen, puesto que no se tienen ni los recursos, ni el armamento, ni mucho menos apoyo moral para evitar un desenlace desfavorable y terminal para la sucursal del gobierno de La Habana.

Patético que se pretenda “Celebrar” un aniversario de la independencia cuando ya no hay motivos, ni méritos ni mucho menos ánimo para sentir orgullo por las instituciones que se han dedicado a socavar las aspiraciones y calidad de vida de la población. Sin elecciones limpias, ni efectivo, ni transporte, ni medicinas, ni servicio eléctrico, ni agua, ni comida, así ¿Quién puede sentir orgullo de aquellos que inclinan la cabeza y están de rodillas ante los responsables de imponer un modelo fracasado?

Ciertamente ya no están ni el patriarca de La Habana, ni tampoco el instigador del 4-F, aunque perdura el gran daño que han hecho a Venezuela. ¿Independencia y Patria? ¿Cuáles? Rindiendo culto a quienes son responsables de la debacle de las instituciones, a los instigadores de la peor crisis económica de la historia, que pretenden solucionar aumentando los salarios cada treinta días, no es correcto ni moral hablar de independencia.

Ciertamente los venezolanos están tocando fondo, a un elevadísimo costo, aunque se debe tener en cuenta que aún existen sectores de la población que consideran “menudencias” o “conspiraciones pagadas por el imperio” los cortes eléctricos, la escasez de alimentos y la devaluación.  A quienes integramos la población verdaderamente racional, no nos engañan con su charlatanería roja.

Señores del oficialismo ¿hasta cuándo seguirán subestimando la capacidad de aguante de la población? A modo de recordatorio, una reflexión: no se puede exigir conformidad cuando las condiciones de vida son críticas y se da la espalda a quien se debería resguardar. Lealtad con hambre jamás ha durado. Simplemente advertimos que el momento en que la población diga firmemente “basta” no habrá arenga, ni represión, ni revolución chavista que frene la llegada de la nueva independencia.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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