2 de Junio de 2018

NÉSTOR NAVA|Transporte “no hay”

Como veníamos advirtiendo desde hace varios meses, llegó el colapso total del transporte en la región zuliana, ya no se tiene garantía alguna de poder llegar a tiempo, debido a la desaparición de las unidades que prestaban servicio en las diferentes rutas urbanas, mientras que las foráneas se encuentran operando a una quinta parte de su capacidad.

La carencia de repuestos, la inestabilidad de los precios del pasaje, sumada a la desaparición del efectivo, ha vuelto trizas las esperanzas de los ciudadanos por conseguir el modo de trasladarse de un lugar a otro. De hecho, cada vez son más frecuentes las unidades improvisadas que de cuando en cuando ofrecen sus servicios en algunas de las rutas, sin que exista control sobre las tarifas ni sobre el recorrido, ni mucho menos en materia de horario.

Esta situación ha tenido impacto negativo en la vida cotidiana de los ciudadanos, quienes se han visto obligados a improvisar al momento de trasladarse a sus lugares de trabajo, así como también a la hora de regresar a sus hogares. Quien no consigue el apoyo de un compañero o amigo para trasladarse, no tiene más remedio que caminar, cuando logra asistir, o quedarse en su casa si no es posible acudir al trabajo.

El rendimiento laboral ha disminuido, no por apatía de los ciudadanos, sino debido a la extrema dificultad en movilizarse desde los diferentes puntos del perímetro urbano, lo que se traduce en una multitudinaria presencia de personas recorriendo a pie las calles de las principales ciudades del Zulia, en particular, Maracaibo.

Para quienes residen en los municipios foráneos el asunto tiene una peor fachada, debido a las elevadas tarifas que cobran los choferes, con la particular exigencia que sea en efectivo. Si consideramos la extrema dificultad que existe para hacerse con el dinero, no resulta descabellado afirmar que nos encontramos más allá de los límites de lo inimaginable: tener que decidir si pagar la tarifa elevada o cubrir los costos de la comida diaria, una decisión tan difícil como inhumana.

Ante esta grave situación, no existe hasta el momento ninguna alternativa de solución que garantice a los ciudadanos la posibilidad de recuperar el ritmo de vida que se tenía antes, cuando se podía cumplir con la jornada laboral de modo puntual, sin temor a quedarse sin alternativas para regresar a casa.

No es viable para nadie, sea empresario o trabajador, cumplir con los objetivos laborales, ni obtener beneficios derivados del trabajo, si persisten las paupérrimas condiciones del servicio de transporte público, que se ha vuelto prácticamente nulo en la entidad zuliana.

Si agregamos a la situación lo ocurrido con la electricidad en los últimos días, tenemos un resultado completamente hostil para el ciudadano, que no encuentra sosiego ante una crisis que toma más fuerza en la medida en que transcurren el tiempo, llevando la capacidad de resistencia física más allá de los límites de lo racional.

Evidentemente la situación se ha salido completamente de control, no existen soluciones a la vista, lo único que hasta ahora se tiene es un plan de contingencia por parte de las autoridades, que aprobaron el uso de camiones de carga como unidades “emergentes” para prestar el servicio, ante la sorpresa de la población, que había recibido la promesa de nuevos autobuses y nuevas rutas para cubrir con la demanda del servicio.

Una ciudad que se caracterizaba por tener cubierto en su totalidad el perímetro por las distintas líneas de transporte, ahora enfrenta la posibilidad (en más de un noventa por ciento) de dejar en completo aislamiento a su población, como resultado de la desaparición del transporte. De concretarse ese hecho, estaríamos en presencia de un escenario inédito: los ciudadanos obligados a permanecer en sus casas al no contar con ningún tipo de transporte que les permita movilizarse y cumplir con su agenda diaria.

El afán de competencia política dejó a los zulianos como los grandes afectados por la ausencia de planes dirigidos a fortalecer las líneas de transporte público, el problema se salió de control como resultado de la hiperinflación y la inacción de los organismos públicos, que no previeron el colapso del servicio.

Quien dude de la veracidad de este problema, le invitamos a salir a la calle y ubicarse en las paradas, en donde pasará horas esperando en vano las unidades que debían prestar el servicio. En lugar de ellas, tal vez logre abordar la parte trasera de alguna camioneta o camión que ofrezca la posibilidad de movilizarse, sin que exista control sobre la elevada tarifa exigida por el chofer.

El colapso del transporte finalmente llegó. Nadie lo creía posible y lo que es peor, nadie ha demostrado capacidad para proponer soluciones efectivas para beneficio de la población, que una vez más le ha tocado recibir la peor parte.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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