6 de Febrero de 2018

NÉSTOR NAVA|Tierra arrasada

Si bien es cierto que los venezolanos desean un cambio, no es conveniente dejar de lado la realidad: más del ochenta y cinco por ciento (85%) del país se encuentra a la deriva, sin recursos suficientes para subsistir y a la expectativa con cada nuevo anuncio presidencial de incremento salarial o bonificaciones que lo único que garantizan es el ascenso de la ya crecida inflación.

La anunciada campaña de reelección de Maduro a la presidencia se presenta como una victoria nefasta para el régimen, debido a que tiene a su favor todos los ases: el CNE, plan República, la desmoralización de la población, una oposición que no merece tal apelativo y la ausencia de millones de votantes contrarios al gobierno que decidieron irse del país.

No estamos llamando a la abstención. Es abordar la situación claramente, sin fantasía ni ilusión de una victoria al borde del abismo. Electoralmente el chavismo se ha blindado, complicado el asunto con la injerencia de la Asamblea Nacional Constituyente, colocada en un nivel supraconstitucional, sin que exista ningún factor capaz de impedir que la Carta Magna sea interpretada  la justa medida del antojo madurista de permanecer en el poder.

Desconocer esta realidad le ha costado caro a los venezolanos, quienes depositaron su confianza en los integrantes de una Asamblea Nacional que fue incapaz de frenar el autoritarismo rojo, sin aprovechar el clima de descontento del año pasado, cuando las protestas de calle hacían que el régimen se tambaleara; la “mesa” integrada por chavismo y la mal llamada “oposición” logró su cometido: darle oxígeno a un gobierno que estaba asfixiado, al borde del colapso, con lo cual lograron recuperar a punta de elecciones “transparentes” el territorio perdido.

Ahora las consecuencias son nefastas para la población, que se encuentra sola frente a los desmanes de la horda roja, sin ningún tipo de defensa ni resguardo de sus intereses. La población tiene la moral baja, no cuenta con ningún tipo de asidero para buscar enfrentar efectivamente la crisis, ni tampoco existe una alternativa política que realmente se enfrente al régimen. No es sabio negociar con quien no tiene escrúpulos, ni depositar el futuro del país en la palabra de genocidas y criminales sin ningún sentido de dignidad y honor.

¿Qué hacer entonces? Venezuela se ha convertido en el transcurso de pocos meses en un territorio inhóspito, sin ley, ni dinero, ni empleo, ni medicinas, ni comida; impera la ley del más fuerte, el malandro hace lo que quiere, donde quiere y cómo quiere, debido a la inoperancia de los cuerpos de seguridad. Quien desee incursionar en la arena política, tiene enfrente una labor nada fácil, debe vencer la desconfianza y la apatía, que por cierto están justamente arraigadas, al  experimentar una decepción tras otra.

Siendo justos, lo único que puede evitar una victoria roja en las elecciones es la implosión social, el colapso de país, que obligue a Maduro a dejar el poder, sin embargo, mientras existan factores que continúen dando la espalda a la población que desea y merece un cambio en su calidad de vida, no será viable sacar a la banda más siniestra del sitio donde se encuentra.

No es apostar al fracaso, se trata de llamar las cosas por su nombre, es imprescindible encontrar una solución drástica, repentina y contundente que elimine la tenaza que diariamente estrangula a los ciudadanos. Para quienes se la dan de estadistas, mi recomendación es revisar la historia, recordando que ningún tirano entregó el poder a través de elecciones.

Porque hasta Pinochet, que si bien es cierto impulso el crecimiento económico de Chile pero a costa de sangre inocente, tuvo que ser presionado por la comunidad internacional para dejar el poder, pretendiendo desconocer el mandato electoral, recordemos que ningún tirano es partidario de la idea de ceder el poder, muy por el contrario, todos han creado y ejecutado estrategias que les permitan seguir en la cúspide del poder.

Ciertamente Venezuela no es Chile y Maduro no es Pinochet, sin embargo a los políticos que pretenden enfrentarse con reglas desiguales a un régimen autocrático, artero, desleal y criminal les recordamos algo: las guerras no se ganan con retiradas, se ganan frenando en seco al enemigo sin ceder terreno.

El punto es ¿quién realmente está del lado del ciudadano? Sólo el tiempo y los hechos podrán darnos la respuesta.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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