NÉSTOR NAVA|Pasajeros sin transporte | Verdades y Rumores | Diario Digital
13 de Enero de 2018

NÉSTOR NAVA|Pasajeros sin transporte

La situación del transporte público en Venezuela nunca ha sido óptima en los últimos siete años, debido al deterioro progresivo de las unidades que prestan el servicio, la desaparición de algunas rutas y el número limitado de unidades que operan en las diferentes ciudades.

Particularmente en Maracaibo el asunto ha tomado un matiz alarmante, por la confluencia de las variables de la escasez de gasolina, repuestos y efectivo, que ha impactado a los usuarios al dejarlos varados en más de una oportunidad, obligándolos a recurrir a medios alternos para desplazarse a sus hogares y sitios de trabajo.

El otro elemento que juega un papel crucial es el costo del pasaje que tiene una fluctuación sujeta al día, hora y radio de acción. Es así como el precio estipulado para la ruta corta alcanza los tres mil bolívares, mientras que la larga puede llegar a costar seis mil bolívares. En una ciudad donde el efectivo es críticamente escaso, esta situación representa el caos para el pasajero, que no tiene medios para desplazarse con normalidad.

Si a esto le sumamos los “cambios por causa de la crisis económica del país” que elevarían los costos del pasaje a partir del lunes 15 de enero en razón de cuatro mil bolívares la ruta corta y cinco mil la ruta larga, incremento que no cuenta con aprobación oficial, estaríamos en presencia del colapso del ciudadano, que no podrá salir de su casa ¿o es que los autobuses, carros por puesto y camionetas contarán con punto de venta o aceptarán transferencias?

Ciertamente el costo de la vida se ha disparado vertiginosamente en las últimas semanas, sin embargo no se justifica tomar una media unilateral que deja de manos atadas a la sociedad al no poder contar con el transporte público. Es verdad que no se pueden costear los repuestos, cambios de aceite, neumáticos y batería con los precios actuales, pero tampoco es justo ajustar el pasaje a unos precios que son impagables para los usuarios.

Si a esto le sumamos la situación irregular con el abastecimiento de la gasolina, estamos en presencia de un inminente “cierre técnico” de operaciones del transporte, porque no existen garantías para el pasajero, ni para el conductor, de un normal desarrollo de sus actividades diarias.

No es descabellado pronosticar que la tercera semana de enero estará repleta de sorpresas desagradables, que pondrán a prueba la paciencia y resistencia de la sociedad, que ya está colmada por los problemas de efectivo, alimentos y medicinas. Presionar aún más al ciudadano, poniéndolo en la imposibilidad de ir a trabajar y realizar sus diligencias representa en punto de quiebre en el país, si consideramos los últimos acontecimientos del Estado Mérida, donde ya se desbordó el descontento y la desesperación, con un saldo de ocho personas muertas por arma de fuego, varias haciendas y comercios saqueados.

La práctica comunista de la “tierra arrasada” practicada por Stalin durante la Segunda Guerra Mundial en la desaparecida Unión Soviética, tiene ahora su versión criolla, cuando contemplamos como grupos organizados y dirigidos por actores políticos se han dado a la tarea de acabar con los medios de producción, de un modo sistemático, llegándole el turno al transporte público.

El desfase entre la alta demanda de usuarios con la escasa oferta de los conductores ha puesto en jaque el desarrollo de las actividades diarias de los ciudadanos, quienes ven como se reduce su área de acción sin que puedan hacer nada por remediarlo.

Podemos afirmar, sin temor a pecar de fatalistas, que el destino del país se acerca a su punto decisivo, es evidente que el nivel de resistencia de la sociedad está llegando, el punto de quiebre está al acecho, porque si bien es cierto que el régimen apostó a generar una crisis para generar una dependencia de su red pública de distribución de productos, la realidad es que el experimento se salió de control y ya nada podrá evitar que se produzca el desenlace.

Tal vez el inicio del final se encuentre en el factor transporte, porque si por un lado la población se verá impedida para moverse de un lado a otro, debemos recordar que por otro lado, tampoco existe garantía de reposición de inventarios en supermercados, farmacias, panaderías y carnicerías. Jugar con el transporte es una apuesta que puede salirle muy cara al régimen, porque quien no tiene nada y requiere con urgencia satisfacer sus necesidades, hará lo que sea para salir del laberinto de la crisis.

Nunca ha sido rentable jugar con fuego, ni tampoco es buen negocio atacar a un pueblo acorralado. Las llamas se deberían extinguir, no desatarlas echándoles más gasolina.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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