18 de Noviembre de 2017

NÉSTOR NAVA|Oscura navidad

Venezuela se caracterizó siempre por contar con una Navidad vistosa, alegre, llena de cordialidad y ambiente festivo. Desde el mes de octubre las familias solían prepararse para “la mejor época del año”, como solía ser conocida. Sin embargo, la debacle económica ha hecho mella en la esperanza de la inmensa mayoría de los ciudadanos, quienes no cuentan con el presupuesto necesario para cubrir los costos esenciales de la temporada decembrina.

Para nadie es fácil realizar las compras de regalos, materiales para darle un toque a la casa, buscar los ingredientes de la cena, comprar la ropa de estreno. Los elevados costos de los productos básicos han mermado significativamente el poder adquisitivo de los venezolanos, quienes se ven en la necesidad de ir dejando a un lado aquellas diligencias que no tienen la urgencia prioritaria de la comida diaria y el pago del transporte, servicios y demás compromisos del hogar.

En algunos casos, considerados los más críticos, los jefes de familia han llegado a la determinación de sacrificar la tradición navideña al verse imposibilitados de costear las tradiciones. Algo completamente inédito en nuestro país, porque en años anteriores, a pesar de las dificultades, el último trimestre del año estaba enmarcado en el deseo de compartir en familia, preparar la cena, alistar los regalos y la ropa de estreno.

En un momento crítico, donde ni siquiera es posible encontrar efectivo para costear el transporte, cuando las panaderías se ven obligadas a reducir su horario por falta de harina para hacer el pan, cuando la carne y el pollo desaparecen de los anaqueles debido a la presión gubernamental sobre los productores, es pertinente preguntar ¿Hay motivos para celebrar en Venezuela?

Aunado a esto, la cacareada promesa oficial de “garantizar una Navidad alegre a todos” genera desconfianza e incertidumbre, porque es sabido por todos que las garantías gubernamentales no garantizan nada, no existe solidez en los compromisos del sector oficial, que siempre termina dándole la espalda a quienes debe legítima obediencia y consideración. Evidentemente, no se puede pedir peras al olmo.

Por otro lado, el silencio sepulcral que reina en los centros comerciales otrora repletos de compradores motivados por el ambiente navideño es muestra del nivel crítico de la crisis: locales desocupados, tiendas con un mínimo de inventario, instalaciones deterioradas, mientras que aquellos locales que cuentan con mercancía la exhiben a costos inalcanzables para el público.

Atrás quedaron los horarios extendidos de los centros comerciales, que ahora no tienen la certeza de poder ofrecerlo debido a la política de racionamiento eléctrico impuesto por el régimen, factor limitante de horario nocturno de los establecimientos. Si a esto se agrega el factor inseguridad, las dificultades se acentúan generando más trabas, con el impacto respectivo en las expectativas de ganancias por concepto de ventas.

Además, es pertinente mencionar otros elementos, como la resaca electoral que tiene muy golpeada a la nación, que no ha terminado de asimilar el nivel de gravedad de la situación de ingobernabilidad reinante en el país. También se cuenta con una nueva campaña, un tanto silente, de cara a las elecciones municipales, que se realizan el segundo domingo de diciembre.

Todos estos elementos avinagraron el buen ambiente que sentían los venezolanos en Navidad, a tal punto que este año pudiera ser la primera (y esperemos que la única) vez que diciembre pasará sin pena ni gloria. No se puede celebrar cuando hay escasez, ni es pertinente dejar de lado lo esencial por lo accesorio. No es asunto de pesimismo ni resignación, sino de prepararse para las situaciones por venir, que demandarán esfuerzo y dedicación para reconstruir el país que pretendieron arrebatarnos.

Sacrificar la Navidad es un trago amargo, pero es aún peor sacrificar el futuro de toda una nación al creer en promesas vacías y en proyectos sin sentido. Es menester replantearse el modo de producir, el esquema de trabajo si en verdad se desea generar un cambio que sea esperanzador y beneficioso para todos; es tiempo de tener una visión emprendedora, que aprecia más allá de lo aparente, que no se deje engañar por el canto de cisne de quienes se creen eternos y no aceptan que su caducidad se reduce con el paso de los días.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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