5 de Diciembre de 2017

NÉSTOR NAVA|Nueva moneda, nuevas mentiras, la misma situación

Tal cual anunciáramos hace unas semanas, el régimen anunció este domingo tres de diciembre la creación de una nueva moneda, el “petro” destinada a “derrotar la guerra económica auspiciada por el imperialismo”. En su afán por evadir, Maduro se hunde cada vez más arrastrando lo que queda del chavismo con él, sin lograr una salida a la crisis que azota al país.

La adopción de una nueva moneda para transacciones, que supuestamente tiene respaldo con la riqueza petrolera es un acto completamente nulo. ¿Cuáles son los argumentos? Son tres y los explicaremos a continuación.

Primero: Una nueva moneda debería contar con el respaldo de las reservas de oro nacional e internacionales, que de plena garantiza de solidez económica, que genere confianza en los inversionistas, ciudadanos y empresas. Venezuela tiene sus reservas de oro en punto crítico.

Segundo: Debería establecerse una serie de condiciones de operatividad y circulación de la nueva moneda, especificar el período de transición y sobre todo, publicar en los medios de comunicación de todo el país cuáles son las agencias donde se podrá canjear la antigua moneda por la nueva. Nada de eso hay (ni habrá).

Tercero: La aprobación de un nuevo signo monetario obligatoriamente debe contar con el aval de la Asamblea Nacional, debido a la dimensión de la medida (directamente relacionada con la administración del presupuesto nacional) no basta con la firma única del Presidente. Debe existir una justificación presentada ante la Asamblea Nacional y debe ser aprobada por las tres cuartas partes de los integrantes del parlamento.

Evidentemente el régimen se salta a la torera todas las formalidades en su afán desmedido por sobrevivir a como dé lugar, sin importar los niveles de sacrificio que deba hacer, ni las distracciones que tenga que emplear. Basta observar con detenimiento la serie de inspecciones express de la Superintendencia de Precios Justos realizadas en diferentes comercios, al inicio de diciembre y precisamente en vísperas de un proceso electoral que no cuenta con la confianza de la mayoría de los ciudadanos.

Preciso es apelar a la distracción para ocultar la gravedad del área económica: no existe soporte para el denominado “Bolívar fuerte”, no es viable seguir imprimiendo dinero inorgánico, porque lo único que pasaría es un incremento de las denominaciones, desde los doscientos mil hasta llegar al billete de un millón, sin que se generen cambios positivos.

La negativa de Maduro y sus secuaces a enfrentar la realidad y asumir la única salida (pactar urgentemente con el Fondo Monetario Internacional y dolarizar) lejos de garantizar su permanencia en el poder, ha hecho más endeble su posición debido a que ninguna nación con criterio firme se arriesgará a entablar negociaciones con un país que es incapaz de ofrecer garantías en el ámbito económico ni beneficios de ninguna índole.

La esperada temporada decembrina cada vez se parece más al mes de enero, cuando los ciudadanos entran en conciencia de los gastos excesivos del mes anterior y comienzan a pensar cómo cancelar las deudas. No existe ambiente navideño en ninguna parte de Venezuela, no hay motivación y la fe a duras penas se mantiene al filo del abismo.

Hablar de “logros” “avances” y sobre todo “nuevas soluciones” son frases vacías, tomando en cuenta quién las pronuncia, nada menos y nada más que el individuo responsable de la peor gestión presidencial que ha tenido Venezuela. Con esto no asumimos la irresponsable actitud de quienes dicen “extrañamos al comandante, con él esto no habría sucedido”. No lo extrañamos. El extinto líder rojo tuvo la suerte de morir antes que la crisis le estallara en las manos. El peso de la culpa recae en Maduro, como siempre.

Mientras todo esto sucede, aún quedan muchas interrogantes en el aire ¿Cuál será la próxima jugada del régimen? ¿Cuántos comercios tendrán que cerrar? ¿Qué impacto tendrá la inflación en diciembre? Para quienes aún mantienen la absurda fe en un sistema basado en las mentiras anunciamos lo siguiente: prepárense para llevarse más decepciones de sus ineptos dirigentes, no habrá milagro que salve de la debacle a la revolución. El futuro del socialismo del siglo XXI está tan muerto como la estabilidad del bolívar fuerte. La revolución es un cadáver insepulto. Sólo espera su certificado de defunción.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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