9 de Junio de 2018

NÉSTOR NAVA|Maracaibo, ciudad devastada

Tratar de mantener un ritmo de vida “normal” se ha vuelto cuesta arriba para quienes habitan la capital zuliana, debido a la serie de dificultades que día a día se agravan y hacen insoportable cada jornada; desde el inicio del día, marcado por las constantes fallas del servicio eléctrico, la desaparición del transporte público, los elevados costos de la comida, la ausencia de efectivo y el colapso de los puntos de venta.

Nadie desea que su vida se vuelva un infierno, sin embargo esa se ha vuelto la cruda realidad para los marabino, quienes al tratar de llegar a tiempo a sus lugares de trabajo, enfrentan la difícil faena de conseguir unidades de transporte, que brillan por su ausencia.

De aquella ciudad en donde uno podía ir de un lado a otro tranquilamente, abordando los autobuses y carros por puesto que lo llevaban a uno a cualquier área del perímetro urbano, no queda ni la sombra. Ahora pueden pasar más de dos horas desde el momento en que uno sale hasta llegar al destino, si es que tiene suerte de conseguir el modo de hacerlo.

El ausentismo cada vez es más frecuente en las organizaciones que siguen operando en Maracaibo, al punto que los horarios laborales se encuentran sujetos a cambios como resultado de la hora de llegada del personal, además de tener que lidiar con el cada vez más deficiente servicio eléctrico.

Suele ser habitual el tiempo de espera frente a los bancos, supermercados, centros comerciales y demás establecimientos, que en reiteradas oportunidades no logran abrir a la hora establecida en sus horarios, debido a los retrasos involuntarios de los empleados que deben sortear muchos obstáculos para llegar a prestar sus servicios día a día.

El modo de vida del marabino lamentablemente se ha transformado, como consecuencia directa de los embates de la situación actual. Nadie ha salido ileso de la crisis del transporte, que afecta la puntualidad y responsabilidad de las personas más cumplidas, quienes con impotencia se ven obligadas a esperar horas para llegar a su trabajo.

Como si fuera poco, al llegar se consiguen con la desagradable sorpresa de la ausencia de servicio eléctrico, que los obliga a emprender el camino de regreso,  repitiendo la odisea hasta que llega a su casa…y en más de una ocasión están a oscuras como resultado de un nuevo apagón.

Ante todo ese panorama, resulta extremadamente difícil mantenerse incólume: la actitud del ciudadano ha pasado de la preocupación a la predisposición, de la tolerancia al hastío, de la impavidez al desprecio por unas condiciones de vida paupérrimas que pretenden ser impuestas por un pestilente sistema político fracasado, que al verse acorralado por la comunidad internacional y sus organismos de justicia, ha optado por tomarla con la población, haciéndola padecer las peores dificultades que jamás habían tenido.

Para entender el nivel de rechazo que actualmente siente la población hacia quienes debían preservar sus derechos y ofrecer los servicios con eficiencia, es menester hacer memoria del proceso de deterioro progresivo de las condiciones de vida, alimentación, atención en las entidades bancarias y disponibilidad de transporte urbano; todo ha ido desapareciendo y empeorando, es inviable pedirle más sacrificios al ciudadano, cuando durante casi veinte años ha sufrido un impacto tras otro de una crisis que estrangula con mayor intensidad en la medida en que transcurren las horas.

Nadie desea que la situación actual recrudezca, al contrario, el clamor popular exige cambios inmediatos, para evitar que siga el deterioro de la vida de cada uno de los ciudadanos. En ningún momento de la historia se había tenido una serie de problemas tan fuertes como los actuales, ni tampoco había existido tanta indiferencia por parte de los gobernantes, aunque advertimos hace semanas que esto sucedería, después del evento electoral, la población quedaría en el más completo olvido, total, ya la meta del régimen se cumplió: asegurar su permanencia frente a las riendas del poder.

Quien piense que puede existir disposición para beneficiar al pueblo, permítanos decirle que está equivocado, los hechos demuestran, como siempre, que no hay ningún interés en remediar la situación, al contrario, nuevamente sale a la palestra la sempiterna costumbre de buscar chivos expiatorios a quien endosarle las dificultades existentes.

 

@navanestor24|Periodista|Profesor universitario|navanestor24@gmail.com

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